Antes de que Mario Kreutzberger (77) decidiera replicar en Chile la Teletón, como una forma de devolverle al país lo que éste le había dado en sus primeros 15 años en la televisión, barajó un proyecto bastante sui generis. “Yo era de la idea de que uno en la TV asumía dos compromisos: artístico y social. Sentía la necesidad de retribuirle a la gente lo que me había dado”, dice, impecablemente peinado, vestido con un traje azul, en una de las oficinas de la Fundación Teletón, en la estación del metro Ecuador. Él se entusiasmó con un proyecto que había levantado la diaconía y que tenía en su base la crianza de conejos.

“Leí un estudio que decía que la gente de clases más bajas se alimentaba de los desechos que dejaban las clases más altas. Mi idea era trabajar un proyecto con 500 mil jaulas de conejos. Y enseñar por TV 100 maneras de cocinar el conejo. Y a la par, hacer cooperativas que usaran la piel para fabricar orejeras y protectores de cuellos para vender a los alemanes en invierno. Hicimos un plan piloto con 100 parejas de conejos. Fue un desastre. Los conejos se escaparon y se convirtieron en plaga. Se comieron todos los jardines del vecindario”, recuerda.

Por fortuna, el proyecto no prosperó, de otro modo, la obra que hoy permite atender a un 92% de los niños —entre 2 y 17 años— que sufren algún tipo de discapacidad no se habría desarrollado. Y, de seguro, el país, cuando menos en términos de accesibilidad sería muy distinto al de hoy.

“Desde que la Teletón nace, surge una serie de instituciones creadas por el gobierno y los legisladores que trabajan en favor de los discapacitados. Se promulga el 90% de las leyes que hoy existen referidas la discapacidad. Tenemos 30 mil pacientes activos y anualmente ingresan 3 mil nuevos. La rehabilitación de cada niño cuesta anualmente un millón de pesos y en la Teletón están por lo menos diez años. En estos 39 años, la Teletón ha cumplido su labor de rehabilitación. Pero por encima de todo, le ha abierto los ojos al país para hacernos ver que hay 2 millones 600 mil personas, el 20% de Chile, con algún grado de discapacidad. Gracias a eso hoy los buses son accesibles, las esquinas tienen rebajes, las normas de construcción se modificaron…”.

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—En estos 39 años, ¿diría que el país ha hecho bien la tarea?

—Ha mejorado mucho en lo que se refiere a la rehabilitación infantil. Somos pioneros en tele-rehabilitación, lo que permite que los pacientes puedan estar diariamente rehabilitándose, sin necesidad de ir todos los días al instituto. Pero estamos mal, mal, mal, en lo que tiene que ver con la inclusión laboral. Me gustaría que a todos los chilenos que vieran a una persona en silla de ruedas o a un no vidente o a una persona sorda, les surgiera de manera espontánea el deseo de ayudarle. Y esto tiene que ver con una cosa que acá no existe y que es necesario promover: la filantropía. El chileno aún no descubre el placer que produce hacer algo por los demás, el orgullo de contribuir. Yo vivo en un país —EE.UU.— donde eso es parte de la cultura. Si yo me gano un billete, lo primero que hago es hacer algo para ayudar a los demás. Ese orgullo por ocuparse de los otros es algo que en Chile está en pañales.

La Teletón de este año tiene algunas particularidades. Se realizará el 1 y 2 de diciembre, entre la primera y segunda vuelta electoral. Kreutzberger se apresura en aclarar que no había otra opción: “En los últimos cinco años hemos duplicado nuestras instalaciones, pero se duplican los gastos. Tenemos 14 institutos que financiar. No podíamos no hacerla”.

—¿No teme que pueda haber un aprovechamiento político? Estaremos ad portas de la segunda vuelta.

—La Teletón no es de don Francisco ni de Rafael Araneda. Es de todo Chile. En ella participan más de 3 millones 200 mil familias. Y el país tiene 4 millones y medio de familias. Aquellos que quisieran manchar políticamente la Teletón van a verse perjudicados, no favorecidos. Estoy convencido de eso.

—El año pasado el ex diputado Julio Dittborn habló de aprovechamiento político, por el espacio dedicado a Bachelet y por la rutina de Kramer, quien ironizó con la familia Piñera, incluido el ex presidente.

—A mi también me pareció que la rutina de Kramer no era la correcta. Ahora bien, siempre hemos hecho que participe el presidente. Es más, cuando estaba el presidente Piñera fuimos a La Moneda e hicimos un video. La Teletón es una institución gobiernista independiente, tiene de todos los colores políticos en su directorio y no preguntamos de qué partido son los padres de un niño para recibirlo. Sin ir más lejos, atendemos a un 3% de niños extranjeros. Chile está cambiando, hoy es un abanico de colores y de razas.

—¿Le preocupa que para esas fechas pueda haber un ambiente enrarecido?

—La Teletón se ha transformado en una fiesta. Alcanzar la meta nos levanta el espíritu. Esto no significa que vaya a solucionar los problemas políticos, pero ese día sí puede crear un ambiente especial. Y es que independiente de los estados sociales y económicos, somos un país en que nos necesitamos.

Mario Kreutzberger sabe que nada es igual que en un comienzo. Sentado en esa silla evidencia ese cansancio que asoma por sus ojos, por sus hombros caídos, por cierto tono de voz. No está en modo “Don Francisco”. El mismo lo dice: “Aquí parezco un derrotado. Pero si me paro ante una cámara, inmediatamente soy alguien distinto. Es curioso. Mi persona está muy distante de mi personaje público”.

—No es fácil seguir a la cabeza de la Teletón, por el esfuerzo físico y mental que significa. ¿Ha pensado que ésta puede ser su última Teletón?

—Siempre pienso que puede ser la última. Tengo 77 años. A esta edad, la gente tiene otro ritmo. No hace estas cosas. Quizá me vaya retirando de a poco. Porque me cuesta decirle que no a la Teletón. Yo creo que cuando algo sirve y es útil, siempre se encuentran los caminos. Ahora, esos caminos tienen que encontrarlos las nuevas generaciones. A mí me parece que la Teletón es un orgullo para Chile. Yo estoy particularmente orgulloso de ella. Siento que es lo más importante que he hecho en mi vida. Quizá sea necesario cambiar el formato, hacerla de otro modo, pero la gente de 30 o 40 años debe seguir llevando adelante la Teletón.

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“Los mapuches han sido maltratados”

Kreutzberger sigue haciendo cosas. Sus más recientes programas en la TV local fueron Usted no reconoce Chile y ¿Qué dice el público?, mientras que en EE.UU. está oficiando de productor: “Estamos terminando un concurso de talentos que se llama La gran oportunidad. Antes hice uno para los más chicos, que se llamó Siempre niños. También estoy haciendo un programa que se llama Don Francisco invita”.

Es inquieto, salta de un tema a otro. Habla de todo, incluso del conflicto mapuche: “Yo creo que los mapuches han sido maltratados. Siempre se habla de los derechos y no derechos, pero no se toma una decisión de cómo solucionar el problema. Lo primero que habría que hacer es crear universidades mapuche, donde pudieran mantener viva su cultura y aprender nuevas tecnologías. Siento que hay que ayudarlos tecnológicamente, para que hagan de sus tierras un polo de desarrollo. Yo haría un plan piloto y trabajaría con una comunidad”.

—¿Algo que no haya hecho en su vida?

—Sí. Siempre quise hacer una película en Hollywood. No como actor, sino como guionista. Tengo hasta el nombre: Una geisha en Occidente. Y es una historia de amor que ocurre en tiempos de la segunda guerra mundial. Hasta una isla del Caribe llegan huyendo ingleses y alemanes. Allá se dedican al caucho. Al final aparece la geisha y hay una intriga amorosa. Siempre he soñado con hacer esa película. Si uno también tiene sus fantasías.
En una de esas, a estas alturas de su vida, Mario Kreutzberger nos vuelve a sorprender. Pero por ahora solo piensa en la Teletón y en El abrazo de todos.