María Eugenia Rencoret no sólo es la directora de la telenovela más exitosa de la temporada -y la que le ha salvado el semestre al canal nacional-, sino que es la primera mujer que dirige una teleserie en Chile. “Sólo veo inocencia cuando miro tus ojos”, que debe ser la canción más tarareada del momento, es el tema central de Ámame y, también, una excelente descripción de su directora.

Nadie creería que tiene 28 años, pues representa muchos menos. Vestida de jeans, poltrón y zapatillas, maneja todo entre risas y bromas, aunque asegura que es firme cuando tiene que serlo. Su equipo de producción está compuesta por gente joven como ella -también mucho de los actores lo son-, con lo cual el ambiente es liviano y las bromas abundan. Pero no todo es tan carnavalesco. Kena -como le dicen todos- está agotada: graba alrededor de doce horas diarias, se lleva bastante trabajo a la casa y carga con el inconmensurable peso de ser la responsable de todo lo que pase o vaya a pasar en la telenovela en cuestión.

¿Cómo llegó a dirigir Ámame?

No tenían a quién poner. Era la primera vez que el canal iba a hacer dos teleseries en un año y no tenían a otra persona.

Llevo harto tiempo acá en el siete. Empecé en el área dramática y me especialicé en teleseries; fui asistente de dirección de Ricardo Vicuña y de Vicente Sabatini. Después me dieron un unitario, Los caminos de Verónica, pero como se trataba de un Corín Tellado, pasó casi inadvertido”.

¿Es muy difícil ser mujer y llegar a ese puesto?

Mujeres en televisión hay muchas, lo que pasa es que en el área dramática son pocas, los hombres se han dedicado más a las teleseries. Aunque tenemos las mismas capacidades, lo que cambia es la sensibilidad.

Me pasa algo raro. Creo que a la gente de afuera esto le debe parecer más fuera de lo común que a mí, porque yo ya estoy muy acostumbrada a trabajar aquí. Conozco a los actores, a los técnicos, a todos. Siempre me han tenido respeto y, además, me conocen desde los 20 años. Me vieron deambular por los pasillos haciendo la práctica, sirviendo café, mirándolo todo. Entonces, para mí no tiene mucho de nuevo. De verdad, de verdad, no ha sido muy difícil“.

Pero en general, para una mujer joven lo es:

Sí, pienso que es difícil. Mi caso es distinto, porque no me trajeron de afuera y me pusieron en este puesto; eso, creo que habría sido atroz. A mí ya todos me conocen y saben cómo soy.

¿Sería distinta la teleserie si la dirigiera un hombre?

De todas maneras le daría un enfoque distinto. Creo que hay varias cosas por las que ha sido bueno el que yo esté aquí y el hecho de ser mujer y joven. El elenco es tan juvenil, que yo estoy mucho más cerca de estos cabros, como personajes, de lo que estaría un hombre mayor, a pesar de que salí hace rato del colegio. Y, en realidad, tenemos poca diferencia de edad. Entonces, nos metemos en la misma volada, somos de la misma generación, hacemos las mismas leseras.

Lo otro que es distinto es lo de las sensibilidades. Es lo que pasa en todas partes, las sensibilidades de los hombres y de las mujeres son diferentes. Le podría haber ido bien a un hombre, pero habría sido bajo otra sensibilidad“.

¿No es difícil darle instrucciones a actores mayores, ya consagrados?

Al contrario, nos llevamos bien y no tengo ningún problema. Son profesionales. Además, creo que las mujeres tienen una cosa especial, su sensibilidad llega muy bien a los actores. De repente actúo con ellos, les muestro como creo que debería ser, me entusiasmo. Ellos se matan de la risa.

¿No le habría gustado ser actriz?

Me hubiera encantado, creo que soy una actriz frustrada. Pero, bueno, así son las cosas.

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-Contar bien un cuento

Mi marido trabaja en televisión, así es que por lo menos comprende, aunque no siempre, que trabaje tantas horas“. Kena está casada con Luis Molina, productor del mismo canal. Se conocieron hace unos años, cuando él empezó a trabajar ahí en Una santa para Chile. Empezaron a salir juntos, se hicieron muy amigos, se casaron y tienen un hijo de un año y medio, Diego. “Ahora está con mamitis aguda -cuenta orgullosa- y se cuelga de mi cogote apenas abro la puerta. En la noche llego como a las ocho y media y juego con él sin parar hasta las diez y media, me encanta. Después converso con mi marido y reviso los vídeos que van a salir al aire y los libretos del día siguiente. Los fines de semana se los dedico completamente a Diego“.

Le cambia la cara al hablar de las gracias de su hijo, que “es bien bueno para bailar y hacer show. Creo que va a ser artista, pero no quiero que sea actor -dice con seriedad-, prefiero que sea músico. No quiero que todo el mundo lo conozca, que le pidan autógrafos en la calle. La vida de los actores es muy difícil, un día tienes demasiado trabajo y al otro, nada“.

¿Por qué gusta tanto Ámame?

Creo que es por un elemento familiar, algo que llegó a todas las edades. Es algo difícil de encontrar, porque las teleseries generalmente van a un cierto público.

Pero a mí me impresiona el hecho de que esta teleserie la ve todo el mundo: grandes, chicos, medianos, viejos, todos. La familia se junta a verla, esa cuestión es increíble, yo no lo había visto nunca. Debe ser porque está toda la onda de los cabros que están están en el colegio, de los papás, de cómo enfrentan unos padres a una niñita que está embarazada; o sea, de la familia”.

¿Cómo fue que decidió estudiar televisión?

Me gustaba arte y, de hecho, quedé en arte en la Católica. La televisión siempre me fascinó. Cuando era chica, mi tío Jorge (Rencoret) trabajaba en el matinal; a veces me llevaba a los estudios y yo alucinaba. Estaba en Concón cuando quedé seleccionada para dar la prueba especial de arte. Lo estaba pasando tan bien que me dio lata venirme a Santiago, así que decidí estudiar televisión. Así no más fue, tal cual.

Entré al Incacea, donde la carrera dura dos años, y después hice la práctica en el Canal 7. Al terminarla, le dije a Sonia Fuchs: ‘Terminé mi práctica, me voy’. Ella me contestó: ‘No, pues, mijita, usted se queda’. Entonces me contrataron“.

¿Qué le gusta tanto de las teleseries?

Me fascina armar un cuento, poder contárselo a la gente, entretener.

-La nueva generación

Tal como lo reconoce ella misma, María Eugenia Rencoret se mete en todo lo que tiene que ver con Ámame. Es ella quien eligió la campaña publicitaria y el tema central de la teleserie, entre varios que le presentaron. Asegura que le bastó con escuchar la canción una vez para quedar convencida.

El elenco está seleccionado “con pinzas” por la directora. Hay actores a los cuales visualizó de inmediato en los personajes, como el Jota. Otros, las caras nuevas, significaron un recorrido por las academias de teatro de Fernando González y Gonzalo Meza. Hasta en el guión interviene, aunque siempre manteniendo el esquema principal. “¡Es una responsabilidad atrós! -afirma-. Pero no cruza los dedos y dice ‘ojalá me vaya bien’. Si me va mal, van a decir ‘las mujeres no se la pueden’ y los típicos cuentos, porque los hombres son así, medio gansos“.

¿Está más aliviada ahora que les ha ido tan bien?

Estamos todos muy felices con el éxito que hemos tenido, pero no más aliviados, porque uno va pillada con lo que sale en el aire; vas grabando y sabes que en diez días más eso va a salir; entonces, ando siempre súper apurada.

¿Tiene mucha presión por el rating?

Sabía que, habiéndole ido mal a Jaque mate, me tenía que ir bien. Había que jugársela. La presión es de una misma. Me empecé a sentir súper presionada y, a medida que iba pasando el tiempo, me decía “chuta, se acerca la fecha de salir al aire, se acerca la fecha”. Entonces, ahí me empecé a asustar.

Incorporar a jóvenes desconocidos fue un riesgo acertado. ¿Facilitará esto el ingreso de gente nueva a la televisión?

Creo que es bueno, porque se empieza a confiar en los jóvenes. A veces los viejos estandartes no quieren ceder. Dicen “están muy cabros todavía” y no es por ser malos con nosotros, no es que no nos quieran dar el paso, sino que piensan que la gente joven no está preparada. En este minuto -no es que se haya demostrado con nosotros, eso es mentira-, se les abren los ojos para decir ‘sí, en realidad la gente joven es capaz, a esta generación hay que dejarla en paz’.

Ámame ¿es una teleserie joven?

Es juvenil, porque incorpora a muchos actores jóvenes y, de repente, el hecho de llevar gente nueva a la pelea, hace falta. Ahora, si no le achuntaste y elegiste más o menos no más, sonaste. Creo que es juvenil y familiar.

¿Influye en el resultado de la telenovela?

Creo que influye en el ánimo que se tiene para las grabaciones. Es increíble, aquí andamos con un ánimo buenísimo, todo el día felices. Cuesta encontrar un día deprimente, y eso que trabajamos como doce horas diarias.