La jornada termina para la mayoría de los santiaguinos mientras la protagonista de la nueva teleserie de TVN supervisa sigilosamente cómo la maquilladora dibuja las últimas líneas alrededor de sus ojos. De pronto, algo no la convence y con la misma templanza que desplegó para neutralizar las huestes faranduleras, cuando sus separaciones la convirtieron en el material perfecto para la opinología, logra que la profesional haga los arreglos para que el espejo refleje exactamente lo que ella quiere. Ni más ni menos que lo que tiene en mente.

Cuando lo consigue, la rubia actriz es la primera en agradecerlo con una sonrisa capaz de romper cualquier barrera. Ella tiene eso que llaman carisma. También, es una devota del perfeccionismo. No por nada en menos de una década se posicionó como una de las grandes heroínas de la ficción nacional y se validó ante sus pares por la pasión que imprime a su trabajo. “Imagínate que se sabe la continuidad de su personaje y de todos los que intervienen en una escena”, comenta un ex director que sólo tiene elogios para su profesionalismo. Días después, la Mané, como le dicen sus amigos,  no tendrá problemas en explicar qué hay detrás de tanto control y perfeccionismo. “Hay actores a los que les viene bien improvisar. No es mi caso. Yo necesito estudiarlo todo, es mi manera de fluir mejor. De niña era súper esclava del deber ser, muy correcta, bien rígida, pero eso es algo de lo que me fui despojando con los años, al menos intentándolo. Pero, sigo siendo la matea de siempre. En eso sí que no transo”.

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Mucho antes, bajo los flashes incesantes del estudio Fé, vivirá la misma transformación que sufre cada vez que el director dice ‘acción’. Miradas y poses que mutan con cada cambio de ropa haciendo que su menudez quede eclipsada por estilizados y sugerentes movimientos que la transforman en las mil mujeres que parecen habitar en ella mientras las baladas clásicas de Myriam Hernández que eligió para la sesión de fotos, suenan fuerte desde los parlantes. Por primera vez desde que fue madre, nadie la espera en casa.

Su hijo Santiago está solo con su padre, el editor y periodista norteamericano John Bowe, en Nueva York. El distanciamiento aunque breve, resultó devastador. “Literalmente soy su geisha y en cuatro años nunca nos habíamos separado. Fue terrible. La primera semana andaba como alma en pena, como si me hubieran sacado el corazón. De verdad que no sé cómo funcioné, recién después intenté buscarle el lado amable a la situación”, dice, apoyada en la ventana donde se reúnen los fumadores.

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La sintonía de “El Camionero”, donde también actúan Carolina Arregui, Luis Alarcón, Héctor Morales y Juan Falcón, ubica a la serie en el segundo lugar de la audiencia, pero para muchos tiene el mismo sabor del triunfo. Así lo sienten trabajadores de la televisora que en los pasillos comentan cómo los resultados trajeron una ráfaga de optimismo que hace mucho tiempo no se sentía. Además, de acuerdo con las mediciones, nuevos televidentes se enganchan diariamente con la historia que mezcla amor, lucha de clases e intriga.

“Lamentablemente las teleseries se miden en rating y hoy más allá que el reconocimiento, que siempre se agradece, el canal lo necesitaba. Esto recién comienza, pero creo no equivocarme cuando digo que ahora por fin se nos están dando las cosas. Antes, existía un temor natural de no tener la oportunidad de mostrar el trabajo, lo que afortunadamente no ocurrió. Así que no me puedo sentir más orgullosa de lo que hemos logrado. El otro día, compartía con algunos técnicos y la sensación era ‘¡lo hicimos, con todos los problemas que debimos enfrentar sacamos el proyecto adelante. Esa sensación es grandiosa!”, dice, visiblemente emocionada.

De su coprotagonista, Marcelo Alonso, con quien construyó una química que cosechó elogios entre los críticos de televisión, no tiene más que halagos. “Es un gran actor y trabajar con él ha sido súper agradable. Evidentemente que uno se fortalece si la opinión del equipo y de las audiencias es buena, siento que estamos construyendo una gran historia”. 

–¿Cuando empezaste el área dramática de Canal 13 agonizaba, ahora TVN atraviesa por uno de sus periodos más oscuros, ¿cómo enfrentas las crisis hoy siendo un rostro tan importante? 

—Lo vivo mucho más a consciencia. Esta vez decidí quedarme de manera súper adulta. Todo lo que hemos pasado en TVN ha sido muy fuerte. Más que por el rating por el tema de los despidos masivos que esto originó. Esa es la explicación que nos dieron cuando explicaron que la reducción de personal obedecía a la pérdida de los primeros lugares y que el canal ya no podía darse el lujo de tener la misma cantidad de empleados que cuando era líder. Nos hablaron de que para mantener el canal era indispensable tener menos personas, pero más allá de ese y otros argumentos, el proceso tuvo un tremendo costo emocional. Fue crudísimo, por eso cuando veo a mis compañeros, no doy más de satisfacción. Crucé por un huracán para volver a ver la luz de nuevo. Tuvimos mucha presión y eso nos obligó a reinventarnos una y otra vez. Entremedio nos pasó de todo. Primero se fue Vicente Sabatini, después la Verónica Saquel. El personaje que iba a hacer Felipe Braun cambió por Pablo Cerda. Luz Valdivieso quedó embarazada y tuvo que entrar la María José Prieto. Por lejos, esta es la teleserie más acontecida en la que he trabajado.

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—¿Por qué te quedaste?

—Fue una decisión difícil de tomar. No es que dije ‘obvio me quedo’. Para nada, lo medité largamente mientras se abrían otras opciones, pero al final fue algo completamente de guata lo que hizo que renovara en el canal. De corazón, sentí que tenía que quedarme por qué iba a ser bueno para mí y el equipo. Pensé me estoy quedando en un lugar donde me quieren y valoran, pero la tentación de irse a Mega estaba ahí, súper presente. La mitad del equipo y hasta mi partner de siempre (Jorge Zabaleta) se habían ido para allá. Entonces, fueron un montón de sentimientos encontrados. No es que me hubiera ido con el enemigo sino que me habría sumado a parte del staff que ya había partido. Pero al final, pensé que podía aportar más en TVN por el momento que estábamos atravesando y hoy sé que no me equivoqué.

Cuarenta y ocho horas después, sentada en un rincón de un acogedor café francés del barrio El Golf, la actriz reconocerá que el exceso de trabajo la obligó a cancelar el fin de semana de descanso en su casa de Tunquén que tenía planificado. Asimismo, confirmará que la sintonía de El Camionero que ya superó los peaks de 15 puntos, sigue en alza. “Llevamos tanto tiempo grabando que ya se nos olvidó cuando empezamos, pero siempre las primeras semanas al aire son las más demandantes por todo el tema promocional”, explica, sin que su piel luminosa, casi transparente, dé señales de agotamiento. Con una holgada jardinera y una blusa de estilo victoriano, María Elena pasa completamente inadvertida, en especial entre los mozos que en su mayoría son extranjeros recién llegados a Chile.

—Desde que te separaste, estás soltera, ¿coincides con quienes plantean que las relaciones de pareja están lejos de determinar la felicidad de una persona?

—Absolutamente, la pareja está sobrevalorada. Además, cuando te conoces bien y empiezas a estar realmente cómoda contigo, las exigencias que pones para sumar a otro en tu vida aumentan inevitablemente. Es bien simple, si vas a estar en pareja tiene que ser con alguien que sume de verdad, si no que sea una visita o un buen compañero de viaje nomás. Qué más da, que cada uno haga lo que quiera. A veces pienso en lo loco que es saber que nunca más voy a llorar por amor o que no voy a volver a extrañar a nadie como lo hice en el pasado. Es bacán pero también tiene un lado un poco triste.

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—¿Las puertas están cerradas al amor?

— No, para nada, están más que abiertas, pero de verdad siento que ya tengo todo lo que necesito para ser feliz. Además, no hay apuro, estoy disfrutando a concho este momento de crianza y de regaloneo máximo con Santiago.

—¿Pero tiene que tener más de algún pretendiente?

—Quizá, pero no me doy cuenta. Soy de las que tienen que agarrar del brazo y decirle las cosas en la cara para que me dé cuenta… de lo contrario no me entero. Vivo en mi mundo.

—Y ¿qué tiene que tener un hombre para conquistarte?

—Un humor rico que genere complicidad y ayude a sobrellevar lo cotidiano. Un buen complemento. Pero, principalmente debe adorar a mi hijo.

Mané es reconocida entre los noteros de farándula por ser una de las pocas de su gremio que siempre baja el vidrio del auto para hablar con las cámaras. Una actitud que dice aprendió cuando su matrimonio con Felipe Braun llegó a su fin. “Mientras uno más se arranca la bola crece y crece. Lo mejor es parar, bajar la ventana y hablar altiro antes que los acontecimientos se conviertan en mitos”, plantea, al tiempo que reconoce que las redes sociales no son lo suyo.

“Son desquiciadas y apuntan a los extremos. Veo el magnetismo que ejercen y no logro comprender que una persona se exponga a ese nivel, y lo entiendo menos aún en el caso de los actores que están todo el día expuestos. Porque en el caso de oficios y profesiones más anónimas resulta hasta gracioso y entendible. Un funcionario de un banco que se toma una selfie para mostrar a sus amigos es otro cuento, pero nosotros que vivimos en eso todos los días ocupar los ratos libres para sacarnos fotos, ¡no!”, sentencia.

Mane Swett armó un verdadero oasis en su hogar después de las tormentas sentimentales que vivió.

“Hace mucho tiempo que dejé de ver televisión, tampoco tengo redes sociales, ni hablo por teléfono. Llegar a mi casa, sobre todo cuando está mi hijo, es olvidarme del mundo por completo. Ahí soy feliz, en mi espacio, estudiando, maestreando. Si puedo irme a Tunquén mucho mejor. Soy súper ermitaña puedo pasar días en un lugar sin tener la más mínima necesidad de moverme. Cuando me dan ganas soy más de visitar a mis amigos que de organizar carretes. Depende. Soy súper analítica y eso me ha permitido ir reprogramándome a medida que resuelvo problemas o conflictos. Pienso que debe ser por eso que en esta vida no me tocó sicoanalizarme ni siquiera después de mis separaciones o de los peores momentos”.