Hay quienes parecen vivir aislados de las grandes revoluciones sociales del siglo XX. Criaturas que habitan circunstancias impermeables a cambios culturales, discursos ideológicos y convicciones más allá de sus privadas tribulaciones y actúan empujadas sólo por sus circunstancias biográficas. Macarena, el personaje encarnado por Sigrid Alegría, es un poco eso. Una mujer cuya vida está marcada por un amor adolescente que termina tras un malentendido. Un día escuchó al enamorado argentino fanfarronear de sus conquistas con un grupo de amigos. No soportó oír el diálogo y en lugar de pedir explicaciones huyó, rompiendo con el galán. El episodio la condujo a casarse con el primer hombre que conoció luego del desengaño y cancelar su proyecto de estudiar en la universidad para dedicarse a las labores del hogar. Todo en su vida transcurrió sin contratiempos hasta que cumplió 40 y se fue de viaje al Caribe. Allí en medio de palmeras y playas se tropezó con su pasado encarnado en compañeras de colegio que le recuerdan lo que no fue: una brillante sicóloga.

La historia nos da a entender que hasta ese momento se sentía plena en su rol de dueña de casa y madre. Las dudas aparecieron cuando se puso el bikini y terminaron de movilizarla sólo luego de un accidente en el que casi se ahoga. Decidió entonces retomar sus estudios, sin avisarle al marido y en complicidad con su cuñada. El giro amoroso ocurre cuando se reencuentra en la universidad con su antiguo galán argentino que la hace dudar entre vivir la vida y cocinarle al marido.

En Mamá mechona la trama se mueve por tropismos, los personajes en lugar de tener historias tienen excusas y tincadas que se justifican por deseos insatisfechos y acumulación de frustraciones.

La nueva teleserie marcó el retorno de las producciones de Canal 13 en un horario que había abandonado luego de una seguidilla de fracasos de audiencia. El regreso ocurrió en pleno período de cambio, en un momento en que las telenovelas vespertinas pierden audiencia y se debaten entre los sketches cómicos y los relatos de bajo peso específico. Mamá mechona incorpora elementos interesantes de la contingencia —debate universitario sobre educación, cambios sociales— pero los mantiene como un adorno que no alcanza a fraguar en una trama interesante. Los personajes adultos tienen una irritante tendencia a comportarse como lo haría un adolescente y los universitarios a hacerlo como si estuvieran en un recreo escolar. Parece que la obsesión de nuestra cultura por la juventud terminó perpetuando la exaltación de la figura del quinceañero más allá de lo conveniente.

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