La seductora Madeleine Stowe (55 años) ha estado en la cima en los últimos días. Es la malvada reina de los Hamptons y matriarca de los Grayson de la serie Revenge, cuya tercera temporada debutó el 29 de septiembre en prime time en Estados Unidos. A diferencia de su personaje, Madeleine es una persona de bajo perfil que pone a su familia por sobre su carrera actoral. De hecho, pasó largos años retirada en un rancho de Texas criando a su hija que hoy tiene 16 años.
En el rol de la trepadora Victoria Grayson hace que persigan, golpeen y maten a sus enemigos. “Desencadenas esa pequeña locura, una fantasía de hacerles daño a los otros. Algo que no harías en la vida real”, declara la Stowe.

La historia de Revenge (Canal Sony no ha programado todavía cuándo exhibirá la tercera temporada en Chile) se desarrolla en The Hamptons, el balneario de los millonarios estadounidenses en Nueva York. Madeleine nunca ha estado en ese lugar. “No tengo ningún deseo de ir allá. Lo veo como algo tan poco real. Las vidas de esas personas no me interesan mucho, pero los personajes me intrigan”.

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Son esos pocos que controlan la vasta riqueza del país. Existe ese delicioso escapismo de ver cómo viven y cómo se destrozan entre sí”. Ciertas facetas de Victoria Grayson le generan conflicto a Madeleine Stowe, quien en realidad es ‘quitadita de bulla’ y trabaja para los pobres en Haití desde 2008. “Siento una reacción ante la enorme cantidad de dinero que se gasta en ropa para el personaje de Victoria; soy consciente de eso. Es muy doloroso cuando estoy en Haití conversando con las personas en terreno y siento el contraste”.

Más aún porque el vestuario de Revenge es un verdadero desfile de modas. “Victoria es glamorosa y siempre está bien arreglada, gracias a ella siento la necesidad de poner un poco más de esfuerzo en mi atuendo, sobre todo en la alfombra roja. Aunque debo confesar que soy más del tipo que usa jeans y camiseta”. En todo caso ese glamour, mezclado con perversidad da frutos: fue nominada al Globo de Oro como Mejor Actriz en drama televisivo 2012, porque recuerda a esas villanas de antología como la Alexis Carrington que representaba la hermosa y madura Joan Collins en Dinastía, que fue el prototipo de bella y malvada en los ’80.

Y Madeleine Stowe es considerada una de las mujeres más lindas de Hollywood. Ya en 1994, la revista People la eligió una de las 50 personas más hermosas del mundo. En 1995, Empire la incluyó entre las 100 estrellas más sexy de la historia del cine. Y 17 años después, en 2012, salió quinta en la lista anual de People de las mujeres más hermosas. Le ganaron Beyoncé, Sofía Vergara, Charlize Theron y Lily Collins (la hija de Phil Collins de 24 años).
¿Cómo lo hace esta cincuentona para competir con veintiañeras?

En la edición de octubre de la revista NewBeauty, Madeleine confiesa sencillos secretos. “Mi madre me decía: ‘Debes mantenerte siempre lejos del sol y no arrugues la frente’. Se ponía a gritar cuando yo hacía el gesto de subir las cejas. Ahora todos piensan que me he puesto botox, y tengo que hacer esa expresión para demostrar que no lo he usado”…
Asegura que los ejercicios faciales ayudan mucho y el sueño y el agua son el mejor remedio para tener una linda piel; “me gusta seguir practicando lo que ha funcionado por años. El gimnasio no me gusta mucho, la tensión cansa tu piel y te envejece”.

Su madre es Mireya Mora, y proviene de una importante familia de Costa Rica. Su tatarabuelo, el político José Joaquín Mora Porras, fue hermano menor del Presidente de Costa Rica entre 1849 y 1859, Juan Rafael Mora Porras

Su madre es Mireya Mora, y proviene de una importante familia de Costa Rica. Su tatarabuelo, el político José Joaquín Mora Porras, fue hermano menor del Presidente de Costa Rica entre 1849 y 1859, Juan Rafael Mora Porras; otro de sus tatarabuelos fue Bruno Carranza, presidente en 1870. La esposa de este último, Gerónima Montealegre, era hermana de otro presidente. Así que ya sabemos dónde se inspira parte del personaje de Victoria Grayson.

Creció en Eagle Rock, un barrio de gente trabajadora en Los Angeles donde dedicaba gran parte de su tiempo a estudiar piano. “Los padres se conocían y sabían lo que sus hijos estaban haciendo. En ese tiempo había puertas que permitían a los vecinos tomar un atajo por los otros patios”.
Pese a los comentarios negativos que recibe la megaciudad de Los Angeles, ella guarda los mejores recuerdos. “Mi papá estaba muy enfermo; le diagnosticaron esclerosis múltiple cuando yo tenía 4 años, y recuerdo que tenía ataques terribles en el medio de la noche. Los amigos venían a ayudarnos a las 2 ó 3 de la mañana; sin hacer preguntas. El espíritu del barrio siempre me hizo sentir un gran optimismo”.

Con la adolescencia dejó el piano y comenzó a estudiar periodismo. Su primera cita fue, nada menos que con Dennis Quaid (El día después de mañana), la tuvo recién a los 18 años. “El acababa de venir a L.A., había hecho un par de películas. Nos conocimos en un teatro donde yo estaba observando a los actores, y me pidió que saliéramos. Lo hice asistir a una clase de cine en la Universidad de California del Sur, donde yo estudiaba. Siempre me pedía que fuéramos a ver películas a su casa, pero algo me dijo que yo no estaba lista. A un amigo mío le dijo: ‘¿Sabes? Creo que ella es virgen. Y odiaría tomar esa responsabilidad’. El era muy dulce”.

Comenzó su carrera en TV en 1978, en un episodio de la serie Baretta. Y dejó la universidad para concentrarse en la actuación. Al cine llegó en 1987 con Stakeout, junto a Richard Dreyfuss y Emilio Estévez. En 1989 filmó ardientes escenas con Kevin Costner en Revenge (una película del mismo nombre de la serie que hoy la tiene en las noticias) y al año siguiente hizo lo mismo con Jack Nicholson en The Two Jakes, la secuela de Chinatown.

Aprovechando su enorme popularidad por aquellos años, hizo un western Bad Girls (Cuatro mujeres y un destino, 1994) junto a las otras lindas del momento: Mary Stuart Masterson, Andie MacDowell y Drew Barrymore.
Se casó a los 24 años, con su actual marido, el actor Brian Benben, quien fue su coprotagonista en la miniserie Crónicas de gángsters (1981). El nacimiento de su hija May (1996) la impactó tanto, que la familia se retiró a un rancho en Texas. Era su época de mayor éxito: la acababan de elegir la más hermosa y sexy. Recién había tenido un éxito enorme con Doce monos (1995), de Terry Gilliam, junto a Bruce Willis y Brad Pitt. Había descollado como una aristócrata en El último de los mohicanos (1992), con Daniel Day-Lewis. Estaba en la cima y se retiraba al campo.

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“No fue un deliberado; siempre quise continuar trabajando, pero después que nació May, ya no tenía ese motor para seguir funcionando”. Entonces se propuso dirigir un western. Se llamó Unbound Captives, con Hugh Jackman en el rol principal. Estaba en eso cuando, en 2011, le ofrecieron el papel de ‘la mala’ en Revenge. “Yo me había retirado del mercado por varios años. Mi agente me llamaba y yo le decía: ‘no puedo hacerlo, debo concentrarme en mi película’. Entonces, surgió esta oportunidad, y supe que la quería. Sentía que estaba retirada del mundo”.

Le sorprendió el enorme éxito que consiguió su regreso. “Siempre me sentí muy distante de esa fama desmesurada. Había un filtro entre eso y yo misma. Me imagino que voy a volver a desaparecer en algún momento y que eso funciona para mí. Estoy intentando deliberadamente disfrutar más los momentos, estoy tratando de ser realmente curiosa y de vivir la vida. Eso me da un sentido de sentirme viva. Cuando lo hago, la gente normalmente me dice: ‘¡Te ves maravillosa hoy!’. Me siento más feliz hoy que cuando era más joven”.