La primera vez que Luis Miguel vino a Chile fue en 1982. Tenía 12 años y estaba en una gira que incluía Argentina, Perú y Brasil.

Hizo el recorrido habitual por las radios y la televisión en donde era presentado como el hijo del famoso cantante Luisito Rey, un nombre que aquí nadie conocía. En una de esas entrevistas, en el programa Pare mire y escuche de TVN, Patricia Maldonado le preguntó qué iba a hacer cuando cambiara la voz; el niño se desencajó y trató de responder con una lista de oficios posibles, mirando cada tanto fuera de cámara, seguramente buscando la aprobación de su padre. Luis Miguel creció y cambió la voz, pero no de oficio. Pasó de estrella infantil a mito viviente y volvió a Chile cada tanto, con un aura de divo insatisfecho colmado de sí mismo y de autobronceante.

La serie Luis Miguel (Netflix y anunciada por Canal 13) nos explica qué pasó en ese tránsito entre el niño que cantaba sobre amores escolares y el sex symbol de la balada latina. La biografía autorizada de una infancia y una juventud consagrada a buscar la fama, en un relato que por momentos se acerca al mejor melodrama mexicano. La estructura de la serie avanza en un paralelo temporal. Un doble hilo narrativo que se va alternando ágil y eficientemente entre la infancia de Luis Miguel y el momento en el que alcanza la cúspide de su carrera. Ambos momentos están marcados por la figura de Luisito Rey, el padre, el mentor, el hombre que lo llevó al estrellato y también el que lo explotó, mintió y defraudó.

La serie muestra que en el origen de la carrera de Luis Miguel hay una vida frustrada: la de Luisito Rey Gallego, su padre, un cantante español mediocre que intentó hacerse de una carrera mudándose a Puerto Rico con su mujer, la italiana Marcela Basteri. Allí nació Luis Miguel, el mayor de sus tres hijos. En Puerto Rico fracasó y se mudó a buscar fortuna en México, en donde sus planes tampoco prendieron. Gallego —un pícaro— allí empieza a ser acosado por los acreedores. La anemia económica persiste, hasta que en un momento nota que su hijo tiene talento para el canto.

Quizá la principal debilidad del relato es justamente ese: ¿Cuándo y cómo exactamente fue que Luisito Rey vio en su hijo un potencial? ¿Cómo fue fraguando la idea de explotarlo? En adelante comienza una historia de éxito comercial, la voz de Luis Miguel llega a las radios en el momento indicado. Parecía que había una generación esperándolo. Su imagen estableció un nuevo canon y el mercadeo que generó creó una industria alrededor suyo. El niño dejó la escuela y la madre se resignó a entregar a su hijo mayor en manos del padre. Junto con la fama apareció la tragedia, moviéndose en cámara lenta, con afectos contradictorios que van modelando la personalidad del protagonista. Luis Miguel, la serie, combina hábilmente la historia de un ascenso con gotas de melodrama latinoamericano, se aleja del guiño vintage superficial y relata la trastienda dolorosa previa a la fabricación de una estrella.