No fue negociable. Martín Cárcamo (40) y Paulo Polo Ramírez (49) están demasiado apegados a sus barbas para afeitarse. Un cariño confeso y sin culpas. Fue el único reparo que puso la dupla de Canal 13 para ‘jugar’ a ser Derek y Hansel, la cómica pareja de top models de la película Zoolander. Personajes que regresan al cine en una esperada segunda entrega este 11 de febrero recargados de moda, cuidados personales, sentido del estilo y mucho, pero muchísimo amor por la belleza exterior.

Estos guapos cuarentones que de lunes a viernes invitan a abrir los ojos por la mañana en Teletrece y en Bienvenidos no tienen miedo ni a posar ni a conversar sin pudores de la vanidad masculina. Rompen el ‘secreto de camarín’ de su género para comentar al estilo ‘alfa’ de ropa, cremas y kilos. De sentirse atractivos y el poder de los piropos cuando se mueven en cámara como objetos de deseo.

Esta transformación extrema es la última muestra de arrojo de ambos. Especialmente de Ramírez, quien ha sumado versatilidad a su imagen seria y creíble desde su silla en el estudio del Departamento de Prensa. Tal como lo hacen pares profesionales en otros países, se atrevió a nadar con estilos distintos en las aguas de la información y el magazine. A destacar el valor de la ligereza.

Por su parte, Martín habla desde una vida entregada sin secretos a la cámara, pese a que su formación de ingeniero comercial lo destinaba a otro mundo más formal.

Uno casado y el otro de regreso a las pistas amorosas, juntos se potencian como lo más atractivo de la TV. Son ellos, no hay guión ni historia de ficción.

Fuera de cámara sigue esa química. Se miran y escuchan atentos. Hablan por el otro. Y no dudan en desmentirse si aparece una declaración políticamente correcta. Juegan a la verdad.

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—Las mujeres tenemos claro qué parámetros seguir para ‘ser lindas’, ¿qué pasa con los hombres?

—Martín: Las ‘reglas’ están mucho menos claras y son mucho más ambiguas, especialmente en un hombre entre 40 y 50 años. Aunque siento que las mujeres no privilegian a los ‘lindos’ a estas alturas del partido, sino que a los sujetos interesantes por una mezcla de cosas. La experiencia hace a los hombres mucho más atractivos: los dolores y la vida van moldeando a un sujeto mucho más seguro. Tanto a Polo como a mí nos pasa que somos muy distintos a como éramos a los 25 años. El recorrido de los años nos ha hecho ser los hombres de hoy.

—En esas reuniones de colegio, ¿no comentan sobre quién quedó pelado o está gordo?

—Polo: Por lo menos entre aquellos con que me junto simplemente no es tema. Entre hombres no hablamos de eso, ni de ser lindo, ni feo.

—Martín: Pero, sí estar bien.

—Polo: Hoy existe una distorsión súper grande en la idea de belleza. En el caso de las mujeres es un concepto hecho por ellas: tener pechugas, evitar la celulitis y todas las cosas de ese marco creado en busca de una ‘perfección’.

—Pero en los hombres, ¿no está claro o no existe un marco que se aplique a ellos?

—Polo: Para mí no. El primer momento en que empecé a considerar el tema de la belleza o el atractivo —si era lindo o feo— fue cuando comencé a trabajar en la tele (2009). Al estar en pantalla y en que surge esa lectura hacia mí. Bueno… uno trata de verse lo mejor posible dentro de lo que tiene. Pero no recuerdo a nadie que me haya dicho ‘Que estai bien’. O, a lo mejor, sí. Aunque no más que eso.

—Martín: Después de esta mentira de Polo (carcajada), a mí me gustaría…

—Polo: No quiere decir que uno no tenga vanidad…

—Martín: A mí me gusta mucho la ropa y, además, trabajo con dos diseñadores que me encantan. Y eso antes no lo asumía.

—Fuiste de los primeros hombres que supo caminar y proyectarse atractivo por la alfombra roja de la gala del Festival de Viña.

—Martín: Eso tiene que ver con lo que apunta Polo: esta pega te genera un conocimiento distinto. Para esa alfombra me acuerdo que Tonka (Tomicic) —con todo su pasado de modelo— me agarró y me dio instrucciones. Le respondí que yo no me movía de esa forma. Ella insistió en que era algo distinto, además usé la ropa de Sergio Arias y Juan José Soto. Pero volviendo a Polo… Creo que ha evolucionado: se viste de otra forma, también muy en sintonía con su trabajo en pantalla. Al contrario de él, yo siempre le doy valor a esa preocupación. Le comento: ‘Qué linda la corbata, qué bonito el detalle que llevas…’. No tengo problema en decirlo. Es destacable que una persona se preocupe.

—Polo: Es cierto lo que dice Martín. La manera en cómo me presento hoy es completamente distinta a cuando recién empecé porque he tomando conciencia del elemento visual, que en la TV es esencial.

—¿Usan pitillo para mostrar el trasero?

—Polo: Habría que tener trasero primero…

—Martín: Sí, en su caso (bromea con su compañero).

—¿Qué hacen con la ropa?

—Martín: Cuando encuentras tu estilo —una búsqueda que puede tomar años— te sientes cómodo y eso se proyecta. Quizá soy un tipo más casual, pero que siempre trata de tener un sello.

—Polo: A mí me gusta la elegancia. No mucho en la vida cotidiana, pero sí en pantalla.

—¿Asesor?

—Polo: No tengo asesor. Hace muy poco empecé con una marca que me pasa la ropa, Brooks Brothers. Y siento que ahí hubo un cambio. Antes andaba bien, pero esto logra realzar ese elemento de elegancia.

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La sesión de fotos fluye con la misma soltura que el matinal. Aparecen las bromas y risas mientras se prueban el vestuario que evoca a los protagonistas de Zoolander 2. A ambos les encanta el humor inteligente y agudo de Ben Stiller y Owen Wilson que ya conocían desde Los excéntricos Tenenbaum.

“Martín destaca por su percha. Es alto, de espalda ancha y tiene muy buena pinta. Lo que se ponga se ve bien. En mi caso, soy bien delgado y eso en pantalla se ve bien. Entonces tiendo a usar trajes lo más a la medida posible, que se ajusten a mi cuerpo”, cuenta el hombre de Teletrece AM.

El ‘rubio natural’ detalla los días en que se iba al camarín de Felipe Camiroaga cuando conducía Animal Nocturno. Por él conoció al diseñador Sergio Arias. “Me decía: ‘Mira qué lindo este traje, algún día te lo vas a poner tú…’. Hoy trabajo con su asesor”.

De ese pasado, el conductor salta al presente y entra al área chica: “Polo es estable en el peso. Yo no, subo 5 a 6 kilos en invierno que en el verano bajo. Siempre ha sido así”.

—Tu peso fue tema en el matinal. Te resististe a subir a la balanza. ¿Cómo los kilos tocaron tu vanidad?

—Martín: Si yo no trabajara en la tele sería muy guatón, porque me gusta comer mucho.

—¿Te hirieron tus compañeros?

—Martín: (Serio) No. Tengo la fortaleza para aguantar eso.

—Polo: Martín tiene una capacidad de reírse de sí mismo que es parte de su encanto y éxito. A ver, a los hombres ese tipo de cosas, en general, no nos hieren.

—¿Seguro?

—Martín: No. Pero una vez mi vieja me llamó para decirme: Oye, estás más guatón…

—Polo: Pero no sé si te hiere. Te hace reaccionar, quizás.

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—Pero toca una fibra.

—Martín: Sí. ¿Te has mirado al espejo de espalda?

—Polo: ¡Sí! Terrible.

—Martín: En pelotas.

—Polo: No completo.

—Martín: ¡Ahí te das cuenta de lo jodido que estás!

—Y el misterio de la barba, ¿de dónde viene ese apego de ambos? ¿Sinónimo de hombría?

—Polo: La tengo hace muy poco y siento que me veo mejor con barba, pero con una de este largo. Me gusta la imagen que proyecto. Es discutible y muy subjetivo. Hay gente que me dice que me la corte, otros que no. Yo le hago poco caso a mi señora en este tipo de cosas, pero en este tema sí seguí sus palabras: Déjatela, te ves mejor.

—¿No dudaste que quizá su intención era espantar a tus fans?

—Polo: (Ríe) No tiene ese rollo. Es muy sana y, afortunadamente, no le produce problema que me miren o los comentarios que hacen. Ella dice: ‘Bueno, yo estoy con él’… ¿Crees que hay que sospechar?

—Siempre.

—Martín: Las mujeres dicen una cosa, pero siempre hay algo detrás.

—Y cómo toman los halagos físicos, ¿les gustan? ¿Los incomodan?

—Martín: Los hombres somos muy básicos. Somos súper vulnerables, mucho más de lo que las mujeres piensan. Entonces basta que te digan un par de piropos para que uno enganche. Con el tema de la barba me di cuenta hace como 20 años que tenía que dejármela. Nunca más me la corté, porque si no parecía un pollo: blanco, rubio. Caché que con ella me podía ver un poco más hombre, más masculino.

—Polo: Y te da carácter.

—Martín: Me da lo mismo admitirlo. Los hombres se preocupan mucho más de lo que dicen.

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—¿Qué productos usas?

—Martín: En los últimos tres o cuatro años ya constaté que aparecen las arrugas. Nunca me he hecho nada, pero caí en que tenía que empezar a cuidarme; ponerme crema en la mañana y en la noche. Es lo único que ocupo porque tengo la piel muy seca. Me resistía mucho, pero me di cuenta de que uno trabaja con la cara… O sea, tiene que durar por lo menos algunos años más. Nunca me teñiría el pelo (como bromeó su hijo en la Teletón), creo que Polo tampoco. No es nuestro estilo. Creo en ir asumiendo el paso de los años, pero con control.

—Polo: Yo soy medio bruto para el tema del cuidado. Sé que debería ocupar cremas. De hecho, estuve en Israel el año pasado y me traje unas para los ojos con componentes del Mar Muerto. Pero soy poco constante para usarlas. Todavía me siento raro con maquillaje, pese a que sé que es indispensable en esta pega. Para mí el único cuidado personal era afeitarme, bañarme, lavarme el pelo. Ahora está de moda echarse una crema para hacer durar un poquito más la herramienta de trabajo.

—¿Qué efecto tiene enfrentarse a ese ‘espejo’ que es la cámara. Mirarla durante cuatro horas todos los días? ¿Cómo mantienen la estabilidad sin ‘perderse’?

—Martín: Te diría que la vanidad es el ‘pecado’ que más se comete en este trabajo. Pero también va de la mano con el ego y en esta labor sin ego no puedes funcionar. Entonces caminas permanentemente sobre un abismo, sobre una cornisa. Si no avanzas consciente, te caes; y todos caemos algunas veces…

—¿Cuando toca la campana que avisa si esa vanidad te sobrepasa?

—Martín: Cuando te das cuenta de que estás perdiendo el contenido versus la imagen. En algún minuto me dijeron: ‘Oye, te tienes que poner botox’. Y para mí eso sería pasarme para el otro lado. No tengo nada en contra, pero toca el ‘contenido’: la capacidad de expresar las emociones a través de mi rostro.

—¿Qué pasa con alguien que viene de un medio escrito?

—Polo: Mi caso es muy drástico: yo empecé a trabajar en pantalla cuando ya tenía cuarenta y tres años.

—A esa edad muchos hombres viven la ‘crisis’. Una etapa ‘peligrosa’.

—Polo: Claro. Martín dice algo que es fundamental: en este negocio, en esta industria, en esta actividad sin ego uno no puede funcionar, porque es lo que te empuja e impulsa a convertirte en alguien atractivo para el resto. Nosotros necesitamos que la gente nos vea. Ese es el objetivo de nuestra actividad profesional y para eso hay que ser atractivos. No sólo físicamente, sino que también en lo que hacemos y decimos. El tema es que el ego es una especie de ‘fuerza de la naturaleza’ que tenemos todos; hay quienes lo controlan mejor que otros. En el caso de Martín es una persona inteligente, se da cuenta y lo guía hacia un objetivo. Te ayuda (mira a su compañero) tener una vida normal. Finalmente, a uno le domestica el ego la vida cotidiana.

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—Pero, ¿qué se movió en usted al encontrarse con esta ‘cámara-espejo’ a los cuarenta?

—Polo: Mmm…

—Martín: ¡Estás equivocado! Polo tuvo por primera vez conciencia de que era un hombre muy atractivo para las mujeres. Y enfrentarse a eso es súper difícil porque te puede desequilibrar.

—El poder de los halagos.

—Polo: Es agradable e incómodo al mismo tiempo. Si prima tu ego, te la crees; pero si prima tu inseguridad, lo pones en duda. Eso es lo que me pasa. Tengo una tendencia, no sé por qué, a considerar las críticas y no los halagos. Cuando te dicen ‘¡Ay, qué regio, me encanta!’, lo agradeces porque una expresión de cariño siempre es agradable. Pero no alcanzo a creérmelo. Es lo que hace este medio: la tele embellece.

—Los dos han tenido cambios. Martín pasó del soltero relajado, a hombre casado y al separado ‘objeto de deseo’. Polo fue de chico casi nerd en la universidad a crítico serio de El Mercurio y hoy, también, a ‘objeto de deseo’ de la televisión. ¿Cómo asumen esta evolución y ser referente sexy en este momento de la vida?

—Polo: Es fácil definirnos desde afuera o reconocernos en ciertos elementos y etapas de nuestra vida; pero uno lo lleva de una manera muy distinta. Por ejemplo, no siento ser ‘objeto de deseo’ de parte de las mujeres. Quizás es porque sé que no estoy en lo absoluto en el mercado. Estoy casado hace mucho tiempo, muy feliz y quiero seguir así. No tengo esa conexión ni me llega desde el punto de vista emocional para tener una reacción. Es una apreciación media externa. No me involucra.

—Martín: Sí, pero convengamos que nosotros estamos bastante mejor a como éramos antes (risas).

—Polo: Sí, de todas maneras (ríe cómplice).

—¿No se sienten ‘deseados’?

—Martín: No sé si como ‘objeto de deseo’, pero hay hombres que les llega la madurez tardía, y yo siento un poco eso. Polo es algo mayor que yo, pero hoy los 40 son los nuevos 30.

—Polo: Por poco coincidimos. Martín cumplió 40 y yo tengo 49. O sea, este año estaré en otra década.

—¡Los 50 son los nuevos 30!

—Martín: ¡Absolutamente! Además va en la mentalidad, la posibilidad de entender mucho más como funciona no sólo la parte física, sino también la sicológica y espiritual. A nosotros nos hace bastante bien el entorno donde estamos, es muy amable en cuanto a la pega. Si bien estamos en competencia por la sintonía, Bienvenidos es un programa muy agradable.

—Polo: ¿Y tú Martín, como objeto de deseo?

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—¿Te sentiste así cuando estuviste sin compromiso?

—Polo: A mí me dicen: ‘Dale saludos a Martín. Me encanta, está cada día más rico…’. Ese deseo lo veo, ese atractivo; no sé cómo lo ves tú.

—Martín: Siempre lo digo y pienso: es una ilusión que genera la TV y su glamour. Porque cuando a esa figura la conoces en su cotidiano, te das cuenta de que es alguien común y corriente. Trato de no creerme el cuento.

—Dicen que están en un buen ambiente. ¿Se protegen?

—Polo: Absolutamente. Con Martín nos hemos hecho bastante amigos acá en el programa y logramos desde el principio un nivel de confianza muy grande, muy basada en que no tenemos nada que ocultarnos, ningún cuento que decirnos. Siento de parte de él mucha honestidad y yo también soy así. Y en este tipo de cosas que tienen que ver con el ego y la vanidad, Martín ha sido mucho más útil para mí, que yo para él. Lleva mucho más tiempo en esto, conoce esta industria y ha sido un consejero crucial.

—¿Qué pasa con la vanidad intelectual y la física en el hombre? ¿Cuál se valora más?

—Martín: Ahí hay un paradigma que con esta portada se va a romper. Siempre le he dicho a Polo —y esta es una opinión que tengo hace muchos años— que lo establecido en los medios de comunicación permanece hasta que alguien lo rompe. Y creo que él lo hizo. Ese es su gran valor. Cuando te das cuenta de que tienes a un profesional de su calidad, que lee las noticias y hace reportajes, pero que al mismo tiempo está en un matinal. Él es capaz de jugar y animar la mañana, dar entrevistas y jugar en muchas áreas. Antes hubieran dicho que una persona de prensa era incapaz de todo aquello o no debía salir de ese marco. Él hizo un quiebre a tal nivel que su carrera como comunicador no tuvo un ascenso así (estira su brazo en un ángulo de 30 grados)…., sino que fue un ascenso así (hace el mismo gesto, pero con la mano alzadísima) en tres años. ¡Impresionante! Porque puso al servicio no sólo su apariencia física, sino su ductilidad en todas las áreas…

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—¿Sentiste que la vanidad intelectual fuera mermada por esto?

—Polo: Mi vanidad siempre ha estado mucho más empujada por el tema intelectual que por el tema físico.

—¿Respecto de quiénes?

—Polo: La fantasía es que quisieras que te alaben por lo agudo, perspicaz, por tu manejo del lenguaje, tu capacidad de reflexión. Por un montón de cosas que tienen que ver probablemente con mi formación o con mis intereses.

—Martín: Tú vienes de vuelta en eso.

—Polo: Uno quisiera que existiera ese aprecio, pero también el estar buscando permanentemente las alabanzas de otros me parece que es súper peligroso y yo lo he visto en personas súper atractivas físicamente que se relacionan con el resto a partir de eso. Y lo he visto en otros que tienen esa imagen de muy inteligentes, donde su conexión con el resto es a partir de su propio intelecto y es gente llena de sí misma, algo que te lleva a la pedantería. Y eso es algo a lo que yo le rehúyo; pero sí, mi vanidad está mucho más cercana a los aspectos intelectuales que a los físicos. Pero la televisión te cambia esos conceptos, porque en este medio no puedes mentir, ya que cuando la gente te ve te ‘lee’ también. Te evalúa en términos de tu credibilidad, si es verdad o no lo que tú estás expresando. Por eso, gracias al matinal y al trabajo con Martín y Tonka he descubierto que, en el fondo, esa ductibilidad tiene que ver con ser lo más cercano a quien soy.

Martín lo mira atento y luego de hablar de sus límites en cuanto a transar por la cámara, enfatiza: “Entre la vanidad intelectual y la vanidad física está, por sobre todo, el terreno de las emociones. Ahí está la clave, porque cuando una figura de prensa o un animador como yo nos encontramos en este programa y logramos contactarnos emocionalmente se da un coeficiente que nadie mide: el emocional. Ahí la persona despega porque se conecta con el público y ahí el físico o interior pasa a segundo plano”.

Polo sigue esa idea: “Creo que lo que se produce con las personas no es una conexión evaluadora. No se es más ni menos inteligente o lindo. Lo que surge ahí es un tipo de amor, un cariño”.