No ha perdido el estilo que la caracterizó hace algunos años cuando fue indiscutida protagonista de un sinnúmero de teleseries. El nombre de Aline Kuppenheim se convirtió en sinónimo de talento y elegancia. Pero hoy, dedicada a sus proyectos, hizo de la TV un amante ocasional y se entregó por completo a los brazos del cine y el teatro. “Fue parte de un diseño de vida; la televisión me permitió juntar lucas y lograr una base más o menos sólida en lo económico. Pero cuando nació Damián (su hijo de 13 años) me pareció necesario retirarme y dedicarme sólo al teatro. Y me di cuenta de que se podía perfectamente, más allá del pánico que suelen sentir algunos actores ante el riesgo de quedar en la ruina. A veces hay que priorizar libertad versus estabilidad”, apunta.

Mal no le ha ido. Sobre las tablas ha participado de una serie de montajes y ahora dirige su propia compañía, Teatro Milagros, concentrándose en lo que hoy es su gran pasión: las marionetas, donde ya ha concretado dos obras para todo espectador: En la cuerda floja y Capote. Para el 2014 prepara la que será su siguiente trabajo, La noche de los feos, basado en un cuento de Mario Benedetti y que esta vez sólo estará dirigido a un público adulto.

En el cine sus roles han sido aplaudidos y a estas alturas Aline Kuppenheim es, según la crítica, la musa del director Andrés Wood, quien la ha reclutado en dos de sus grandes éxitos: Machuca (2004) y La Buena Vida (2007), aunque entre el pasado año y el 2013 se le vio también en Joven y Alocada (Marialy Rivas), Las mujeres de Neruda (Oscar Barnney) y Allende: tu nombre me sabe a hierba (Miguel Littin).

Eso mientras que en televisión, si bien ha estado alejada de las teleseries desde 2007 (su última aparición fue en Fortunato de Mega), ha seguido presente con la participación en numerosas series, entre ellas Cárcel de Mujeres 2 (TVN), Prófugos (HBO) y, hace poco, en Ecos del Desierto, dirigida por Andrés Wood e inspirada en la Caravana de la muerte, donde Aline interpretó a la abogada Carmen Hertz. La producción, que se transmitió por CHV y recientemente también estuvo en las pantallas de TNT en el contexto de los 40 años del Golpe, fue aplaudida por la crítica y el público la alabó en las redes sociales. “Fue un acontecimiento para el equipo; nos dimos cuenta de la repercusión que tuvo; la gente estaba conmovida. Andrés no hizo ninguna concesión y llevó el relato a límites que no son habituales en TV, con crudeza y al mismo tiempo sutileza. Sensibilizó a mucha gente. En ese sentido, Andrés constituyó un tipo de sanación —observa—. Lo admiro mucho, es un gran director, en permanente evolución; cada vez va más lejos en sus propuestas, toma riesgos, profundiza y ha ido logrando una gran destreza en la dirección”.

Si bien todavía no llega a la pantalla, este año Aline también fue parte del remake chileno de la elogiada producción americana In Treatment. Ahí dio cuerpo junto a Pablo Cerda a una pareja de neuróticos insoportables y, al mismo tiempo, geniales. “Aquí el humor es intrínseco a su drama. Además que el guión está tan bien escrito”, dice sobre la serie realizada por 3TV, el canal de Alvaro Saieh, y que hace poco cerró sus puertas cuando todavía no salía al aire debido a los problemas financieros. “Es una lástima; era un canal nuevo y, por lo que se veía, tenían ganas de hacer cosas distintas. Pero ya nos dijeron que intentarán vender la producción a otro canal”, comenta la actriz resignada.

—A propósito, no puedo evitar preguntarle: ¿cómo se relaciona con las terapias?

—Lo he intentado pero no me ha resultado… La única que he tenido en mi vida fue súper puntual y corta. Tampoco creo mucho en las técnicas alternativas. Más bien apuesto por la voluntad de buscar estar bien y tratar de detectar lo que me puede estar enfermando y frenarlo.

 

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—Un tema recurrente dentro de las consultas es el miedo a la soledad.
—Pero en mi caso es cero; al contrario, me gusta estar en mi cuarto propio, como decía Virginia Woolf. Creo que la capacidad de estar sola también habla de una sanidad interior: muchas personas temen estar sin compañía porque no quieren encontrarse consigo mismas.

—¿Cómo maneja la inseguridad? Dicen que es un rasgo inherente al buen actor.

—Sí. Te lleva a estar alerta, a estar buscando más allá. Claro que ahí está la diferencia entre lo sano y lo insano, como tú aprendes a manejar los miedos para que no te paralicen.

—Aunque no debe ser tan simple considerando que es un trabajo altamente competitivo.
—Si es que tú quieres entrar en esa competencia, pero si no te diría que es bastante simbiótica; los actores se necesitan en el escenario, no compites con tu compañero sino que te acoplas a él.

—Ansiosa seguramente es…
—¡Aaaah! ¡Terrible! Esa es lejos la más desagradable de las sensaciones, como esperar algo sin saber exactamente qué. Me pasa sobre todo con las cosas pendientes, para que veas qué maniática: prefiero trabajar el domingo hasta terminar lo que estoy haciendo que dejarlo para después.

—¿Qué pasa cuando no logra controlar la ansiedad?

—Fumo, fumo mucho.

—¿Depresiones ha tenido?

—Momentos tristes porque te separaste de una pareja, por una muerte o días en que amaneces bajoneada, claro. Pero la depresión es algo mucho más complejo e inhabilitante. Creo que le hemos dado un mal uso a la palabra.

Aline sabe de lo que habla. Ha pasado por momentos críticos que la han puesto a prueba. Cuando estaba embarazada de su único hijo, sufrió de cáncer cérvico uterino, enfermedad que logró detener a tiempo. Luego vino la muerte de su novio, Renzo Melai, en un accidente en moto en el 2008. Pero a ella, en su estilo siempre hermético, no le gusta hablar del asunto, sólo reconoce que fue un golpe duro, que se apoyó en su trabajo, en su hijo, y que salió adelante. Que está sola, tranquila y que lo demás ya vendrá. Más no cuenta, aunque se nota que el asunto no le quita el sueño. Más se desvela por su hijo, quien a los 13 años estudia música en el conservatorio y que heredó el talento de sus padres, sobre todo el de su ex pareja, el actor Bastián Bodenhöfer y quien ha editado varios discos de jazz donde él ejecuta el saxo y el clarinete. Su hijo es igual de reservado que ella: “A Damián le carga que hable de él en las entrevistas”.

El resto del tiempo se lo quitan sus muñecos, que junto a su ex socia, Paola Gianinni, crearon con madera, silicona y hasta con pelo de sus propias melenas. La combinación perfecta entre su talento actoral y la creatividad que a ella le brota por los poros: ha sido ilustradora de cuentos infantiles, experta en manualidades. De niña vivió junto a su madre en París, donde subsistían gracias a la confección de juguetes que ellas mismas fabricaban.
“Dedicarme al teatro de marionetas llegó de una manera muy fortuita; fue un chispazo que prendió de a poco, aunque muy poderoso, instintivo. Luego, cuando nuestro proyecto empezó a funcionar, me di cuenta de que esto era lo mío; un lugar donde lejos más ocurrencias tengo y donde más me gusta estar, mucho más que en la televisión o el teatro; es un terreno muy cómodo, que me hace sentir feliz. Puede que las retribuciones no se midan en términos monetarios o de rating, pero es una satisfacción muy distinta: esto es mío, me pertenece; confluyen aspectos que son míos y eso es lo que más me amarra: tiene que ver la parte plástica, la direción, la dramaturgia, la manufactura y que coexiste en esta disciplina que junto a mi equipo (son cinco personas) elegimos hacer. Aquí agarré y junté todas las cosas que me interesaban en una sola. Y me permite ser libre en mis horarios, de hecho funciono desde mi casa”.

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—¿Y qué tan distinto es trabajar con muñecos y no con seres de carne y hueso, expuestos sobre el escenario?
—Aunque igual somos todos actores manipulando a los muñecos, desde luego que tu estado cambia: el nivel de estrés es menor, no estás sujeto a roces o problemas de ego… Al ser ‘marionetas’ no son nuestros egos los que están en competencia sino que estamos todos juntos en pos de lo que queremos, el fenómeno teatral en su estado más puro.
Desconectada de la fama, Aline se concentró en su talento. “No me costó. En la televisión nunca estuve cómoda; llegó un momento en que incluso sentía que ya me estaba empezando a hacer daño, no lo pasaba bien… Llevaba demasiado tiempo haciendo lo mismo y me sentía frustrada en términos creativos. Así se inició mi búsqueda. Ahora llevo 8 años con mis marionetas, hago un trabajo permanente y cotidiano todos los días en el ámbito del fenómeno teatral, que estoy ajena, en otra”.

—Nada más que usted detrás de sus muñecos.
—Exacto, y todo lo demás no tiene nada que ver conmigo. Ahora, claro, si quisiera comprarme joyas o adquirir determinados lujos no estaría haciendo esto sino que me metería a un reality, pero no se me pasa por la cabeza. El dinero es para vivir bien, tranquila, y lo logro gracias a mis muñecos y los otros proyectos que van apareciendo en el camino.