Ya que estamos de cabeza (y a gritos y marchas) discutiendo sobre educación, ¿qué tal si entre tanta comisión no inventamos una con buenos guionistas chilenos (que sí que los hay) y profes de historia (perdón, Ciencias Sociales) y juntos arman un material como “Los hijos de la libertad”?

OK. Los “gringos” nos traen tanta ventaja en materia de producción audiovisual como ciertos vecinos en lo que es fútbol.

Pero al menos asómese a ver esta miniserie, preparada justamente para el 4 de julio, y verá cómo algo que puede sonar tan tedioso como “cumplimos 239 años de independencia” o “niños, ahora toca pasar cómo se gestó la independencia de EE.UU.” se transforma en un relato trepidante, entretenido a morir, lleno de sorpresas, vericuetos y personajes con muchos pliegues, una narración cargada a la aventura, el suspenso y hasta con sus gotitas de melodrama, porque de eso también se necesita.

(Y todo sin recurrir a los rostros de Brad Pitt o George Clooney).

En un escenario que parece mezcla de “Pandillas de Nueva York” y “Piratas del Caribe”, se nos muestra el Massachusetts de 1765, donde las bandas se enfrentan a toda hora y porque sí, en las calles y en las tabernas, y nadie está preocupado de sacudirse de encima a los ingleses colonizadores.

John Hancock, el hombre más rico de Boston, tiene sus arreglos con el Gobernador británico para que lo deje comerciar en paz.

La piedra en el zapato de ambos –por distintos motivos– es Sam Adams (Ben Barnes), un recaudador de impuestos que en realidad no cumple sus funciones.

Como solía ocurrir en las colonias, los territorios ocupados y sus habitantes eran expoliados con impuestos criminales. Y Adams -un hombre que tuvo una familia acomodada y un padre justo- sencillamente decide no cobrarlos.

De manera que ya en las primeras escenas tenemos a nuestro héroe escapando por sótanos, techos, tabernas, perseguido por los soldados ingleses, tal como Matt Damon en “Bourne identity”.

El asunto pasa de castaño a oscuro cuando, incidentalmente, una turba ataca la casa del Gobernador.

Las noticias llegan a Londres. Claro que en barco, así es que mientras tanto, con ese talento comercial y empresarial que parece estar en el ADN del pueblo estadounidense, Adams, Hancock y un gran grupo organizan un sistema para burlar las feroces restricciones impuestas como represalia por el gobernador, que les permita seguir lucrando (aquí no es una mala palabra).

En Londres, en tanto, nos encontramos con un hedonista Benjamin Franklin que, entre baños de tina y aperitivos, entrega sus sensatas opiniones al Primer Ministro y el Parlamento, nerviosos por el informe del gobernador de Boston. “Si a la población no se le da oportunidad de prosperar… Si no hay trabajo y hay muchos impuestos”…

Pero las autoridades políticas de la Gran Bretaña no están para diálogos ni reflexiones y la respuesta se traduce en surcar los mares, que para eso está la imponente flota del imperio.

Mano dura, que le dicen.

Sólo que los criollos ya han juntado suficiente rabia como para dejarse amilanar y sobre todo cuentan con un líder de verdad: Sam Adams.

“Los hijos de la libertad”
Miniserie.
5, 6 y 7 de julio, a las 21 horas.
History Channel.

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