Una de las particularidades de nacer y vivir lejos de la metrópolis, de las grandes capitales imperiales, es constatar que nuestra realidad muchas veces podría resumirse como el eco de una mayor, de una realidad más importante que tiene lugar en un sitio del otro lado del mar. Cambios y transformaciones que acontecen muy lejos y que por una onda expansiva llegan a los márgenes convertidas en otra cosa: la lucha de dos imperios del hemisferio norte que tumba gobiernos en Sudamérica, corrientes intelectuales que contagian el pensamiento doméstico, cambios tecnológicos que generan nuevas maneras de relacionarse. Todo surge originalmente en otro lugar, y como las ondas de una piedra que golpea el agua, llega hasta nosotros con una fuerza distinta, disminuida o torcida por las energías propias.



 Ver la nueva serie Los 90 de NatGeo es un ejercicio interesante luego de haber seguido con atención el documental sobre la misma década emitido por Canal 13 hace algunos meses. La producción internacional emitida en el cable se concentra en Estados Unidos, aunque para la versión latinoamericana viene con minutos dedicados a Colombia y Argentina que carecen del ritmo del resto del documental y, lejos de enriquecer, empobrecen el resultado final. La contundencia del programa es el retrato pop de los ’90 norteamericanos, en donde el trabajo de selección es lo más destacable. 

Los 90 de NatGeo arrancan con la imagen de un joven afroamericano golpeado por un grupo de policías en una autopista. Establece con eso dos hitos: uno de permanencia y otro de cambio. La persistencia del racismo pese al rostro amigable de las series de televisión que muestran una integración racial que no es tal y la irrupción de la cámara portátil como instrumento de uso común. La emisión de la golpiza de la policía de Los Angeles a Rodney King desató una revuelta racial sin precedente y sería el adelanto de una época de cámaras registrando —ya no los espectáculos dispuestos para ser vistos como una fantasía— sino la vida real con sus horrores y vergüenzas. Aquella noticia fue el punto de arranque de la década que estableció los reality show como formato hegemónico y un nuevo voyerismo que se equilibraría entre la vulgaridad y la rebeldía.

Los 90 fue la década que se movió entre Thelma y Louise y el auge de los implantes de silicona, entre el sistema operativo de Windows y la masificación de internet, entre el sexo según Madonna en Erótica y la espiritualidad según Madonna en Ray of Light. NatGeo escogió con acierto el subtítulo ‘la década que nos conectó’ para los años que le dieron un sentido más concreto a la idea de globalización y un nuevo horizonte para todos aquellos que habitamos los confines de un planeta que parecía encogerse gracias a la multiplicación de las pantallas y la velocidad creciente que ofrecerían las tecnologías de comunicación.