Escena 1. Casa de Javiera Eyzaguirre, interior. Sábado 13:30 horas

Se respira nerviosismo, se diría que hasta cierta electricidad en la casa de la fotógrafa Javiera Eyzaguirre. Los amplios ventanales dan hacia el jardín casi atiborrado de mesas —con sus respectivos toldos para capear un sol nada de otoñal—, todo listo y dispuesto para celebrar a Delfina; la gran matriarca del teatro y las teleseries cumple 90 años y sus 12 nietos y ocho bisnietos le tienen una fiesta sorpresa. “La Titita ya se subió al auto, ¡llega en 20 minutos!”, anuncia Javiera —la nieta mayor, que vivió con ella cuando era chica—. En la cocina los primos corren con ensaladas, bandejas, jarros con pisco sour para ofrecer a los invitados que no paran de llegar. Ahí está Tito Noguera, su hija Amparo y con ella Marcelo Alonso; Claudia Di Girolamo y su pareja desde hace décadas, el director Vicente Sabatini. “Y miren quiénes vienen ahí —dice la Di Girolamo—: el Oscar con el Oso”, comenta en cuanto aparecen en la escena Francisco Reyes (Oscar a la mejor película extranjera por Una mujer fantástica) quien justo en la entrada se encuentra con Paulina Pali García (Oso de oro por mejor película en la Berlinale 2013 y reconocida ese mismo año mejor actriz por Gloria, ambos filmes del director Sebastián Lelio). El ‘elenco’ se completa con Coca Guazzini, Gonzalo Robles y Elsa Poblete, quien llega con su marido, el director teatral Gustavo Meza, quien antes, mucho antes, fue el segundo marido de Delfina y padre de dos de sus hijos menores: Gonzalo (actor) y Juan Cristóbal (músico, quien se acaba de radicar en Los Angeles, EE.UU., y por tanto el único ausente en esta celebración).

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Es como estar en un capítulo de alguna teleserie de Vicente Sabatini. Una fiesta familiar donde se conmemora el cumpleaños número 90 de la gran matriarca, con los mismos actores que alguna vez —en una época mítica para la estación pública— encarnaron producciones que todavía se recuerdan, como El circo de las Montini, Pampa ilusión o Los Pincheira; sólo falta que haga su aparición Delfina para escenificar el momento cúlmine. Pero ahora son sus hijos quienes asoman: Nicolás Eyzaguirre —el ex ministro de Hacienda de Michelle Bachelet— con su mujer, la economista Bernardita Piedrabuena; Gonzalo Meza con la actriz Francisca Sáez; y cuando los hermanos ya lo daban por perdido —porque con él nunca se sabe—, aparece Joaquín Eyzaguirre, el mayor, el cineasta, presentando a su nueva novia.
“¡Ahí viene la Titita!, ¡ahí viene!”. Ante la voz de alerta todos dejan sus puestos y corren hasta la entrada. Silencio total. La puerta se abre. Es Delfina. Delfina que se encuentra a boca de jarro con esta inesperada audiencia que al unísono grita: “¡Feliz cumpleaños Tititaaaaa!” y ella que no puede creer lo que ve. Se cubre la cara, le tiembla la pera. ¿Acaso sabía, lo sospechaba?, ¿la reacción será genuina o estará actuando? La duda queda en el aire, las opiniones se dividen.

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Escena 2. Almuerzo

Vemos las distintas mesas, gente comiendo y conversando animadamente, risas. Delfina se instala en el área principal con sus nietos. Recibe abrazos, saludos. Comenta con su tono ronco, que no puede creerlo, que está emocionada. Desde su asiento, alzando la voz, improvisa un discurso: “Yo soy una persona, no un número. Y todos los que están aquí son míos, conforman mi patrimonio, lo que voy a dejar de herencia, así como yo también les pertenezco. Ustedes son mi tribu, de mi familia, de mis compañeros de trabajo, de mis amigos, gente con la que puedo conversar. Y las tribus tienen ritos, como éste: celebrar los 90 años de una vieja como yo”. Y tras una pausa, agrega: “Una vez me preguntaron quiénes eran los que más admiraba: a Cristo y a Marx (se le quiebra la voz); ellos son los dos seres a los que más respeto y de los que más he recibido. ¡Juntos Cristo y Marx!”. Aplausos, todos levantan sus copas. ¡Salud por eso!

Tito Noguera se pone de pie y pide la palabra: “Tú para nosotros eres más que un ejemplo, eres vida; mandaste a la cresta la separación entre trabajo y amistad y has hecho una sola cosa; ese es también tu gran legado: que la forma de vivir contigo es desde el oficio y del cariño”. Más aplausos, los brindis continúan.
Desde otro sector se levanta Nicolás Eyzaguirre Jr. para alzar la voz en nombre de los nietos: “Además de un ejemplo, has sido una compañía y un pilar, y eso lo saben todos; tu capacidad para situarte en el mundo, de preguntarse por qué estoy aquí; pensar en los demás, tu infinita preocupación por el resto: tus 150 regalos para Navidad lo demuestran”.

Aparece en escena un organillero, el regalo de cumpleaños de Pancho Reyes. Emoción, nostalgia, alegría, con Gracias a la vida como música de fondo. Delfina, del brazo de uno de sus hijos, se levanta y comienza a recorrer una a una las mesas, saludando. “¡Parezco novia!”, dice riendo.

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Escena 3. Casa de Javiera Eyzaguirre. Atardecer

Cae el telón de la proyectora. Al frente se instala la cumpleañera. El resto de los invitados encuentra desde dónde ver mejor el video realizado por los nietos. “La Titita ha sido un gran ejemplo para nosotros, no sólo en las tablas: cuando prendías la tele también estaba ahí”, dice Florencia, una de las hijas de Gonzalo Meza. “A mí me tocó vivir con ella cuando yo era muy chica y por lo tanto el teatro era parte de un cotidiano; nos relacionamos con el arte por osmosis, lo que es un regalo”, asegura Javiera. “Yo creo que la Titita tiene algo muy especial que son sus contradicciones y hace que una la quiera tanto, porque puede salir con una cosa y después con lo opuesto (risas)”, dice Andrés Eyzaguirre, otro de los primos.

Luego, en el mismo sillón de respaldo alto, como un improvisado trono, la actriz se fotografía (con corona y todo) en tandas: primero con los nietos, luego los bisnietos, los hijos, las ex nueras, los actores, y así. Fin de la escena. Vamos a otra locación.

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Escena 4. Lunes 14:00 horas. Productora audiovisual Fe

Perfectamente maquillada y vestida con un llamativo traje turquesa, Delfina posa para su nieta mayor. “A ver, Titita, tírame un beso”. La actriz, obediente, realiza la instrucción. De cuando en cuando Javiera se detiene a ver las fotos en la pantalla del computador. Delfina asume una actitud ausente en la espera. ¿En qué estará pensando? De pronto su nieta vuelve a la carga, toma su cámara y le exige: “Ya, pon cara de mala. Ahora de picarona”. Delfina sonríe, se transforma. Coquetea, muestra un poco de pierna: “Esto puede significar marido”, comenta con malicia. Y completamente dueña de la situación, le habla a su nieta y a la acotada audiencia que conforma el equipo de producción: “¿Cómo he llegado a este estado de las cosas, pintada como puerta egipcia?”. “Nada que ver te ves regia”, le contesta su nieta. Y Delfina como recordando un viejo parlamento, recita: “Señores, estoy muy contenta, me siento la reina de Sabaaaa… ¡Ay que estoy bien!”.
Hay que apurarse. Delfina ha sido invitada al palacio de La Moneda a celebrar su cumpleaños con el Presidente y su señora. Al cabo de un par de horas es la propia ministra de Cultura, Alejandra Pérez, quien la viene a buscar. “¡Me va a recibir el Presidente! —dice despidiéndose—. Es que yo a ese hombre lo adoroooo”, dice antes de irse muy del brazo de la ministra, a paso lento, mientras le abre la puerta el chofer.

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Escena 5. La Moneda. 17:00 horas

En el comedor presidencial, con el Presidente Piñera instalado en la cabecera, Delfina Guzmán, Cecilia Morel y la ministra de Cultura, celebran los 90 años de la actriz. Sebastián Piñera se pone de pie y acercándose a la homenajeada extrae desde una bandeja de plata un diminuto paquete: al abrirlo Delfina descubre que es una manivela de cartón; gira con delicadeza el aspa y sonríe al reconocer a la Sonora Palacios versión cajita musical: son 15, son 20, son 30… “La fue a comprar Sebastián por aquí cerca”, cuenta la Primera Dama con orgullo ante lo que se considera un atípico gesto del mandatario. Delfina, emocionada: “Sebastián, qué bueno que me tratas como una persona y no como a una cifra, sin sumas, restas, porcentajes, encuestas ni ninguna de esas roterías. Ser cifra es lo peor, es atroz”.

Escena 6. Departamento de la actriz en un edificio en Avenida Colón

La actriz, con la ayuda de Lucy, su fiel asistente, recibe a CARAS. “Ay chinita, sólo porque eres tú te recibo porque estoy taaan cansada, es que a mi edad… ¿Por qué será que estoy agotada?”.

¿Le parece poco celebrar los 90 de esa forma? La homenajeó hasta el Presidente. Así cualquiera queda exhausto pues Delfa…

—Mira, yo tengo una amistad con el Presidente desde hace muchos años, y con Cecilia también. Siempre le tuve mucha simpatía a pesar de que lo pelaban tanto, tú sabes, pero a mí me importaba una raja que robara, como a mí no me estaba robando, al contrario él me prestó plata para montar una obra de teatro cuando se lo pedí (dice por Copenhague, 2006)… Así que feliz fui a La Moneda a tomar el té con él y Cecilia. Le di un abrazo y un beso y les agradecí. Estuvimos dos horas conversando los cuatro en el famoso comedor de La Moneda y aproveché de moverme un poco por los salones y hablar cuánta tontera te puedas imaginar, porque a él le encantan las cosas que yo le cuento. Eso, más la fiesta que me dieron los niños, quedé exhausta. Es que siento que se aprieta el corazón; de tanta emoción debe ser. Tenía ganas de llorar y de reír al mismo tiempo. Y en lo que podría ser un rapto histriónico, inquiere: “Me pregunto dónde venderán fortaleza, ésa que yo tenía por enormidades y que ahora echo en falta. Pero estoy tan feliz chinita, tan feliz…”.