Catalina Castro y María José Terré, tienen varias cosas en común. Ambas disfrutan la vida contando historias, rescatando personajes y dando a conocer distintas realidades. Después de trabajar dos años juntas en TVN, fueron elegidas como conductoras de un programa vivencial, que en su versión española va en la quinta temporada y que en Francia ha logrado marcar picks inéditos de sintonía.
Debido a lo que provocó su debut en Chile, tuvieron que enfrentar cámaras y micrófonos, sumado a que la gente las empezó a reconocer en la calle. Nunca pensaron estar desde la vereda de la exposición, aunque muy seguras confiesan que son los costos de la tv.

De a poco, logran darse a conocer, luego de una experiencia que en sus palabras, ´las marcará por siempre`.

Catalina es histriónica, sociable e independiente, estudió en Temuco y lleva varios años trabajando en medios de comunicación y en productoras de tv. Apasionada por el trabajo audiovisual, a los 31 años ha vivido dicotomías: tuvo que aprender a sobrevivir en la oscuridad cuando hizo 21 días ciega y por otro lado, disfrutó de los placeres de la vida cuando grabó 21 días de lujo.

María José, en tanto se muestra más calmada, conectada en todo momento con sus emociones. Hace un mes y medio llegó desde Angola donde se enfrentó a condiciones ´chocantes`. Tiene 28 años, y es el segundo viaje de este estilo que realiza. El primero lo hizo cuando terminó la universidad partió rumbo a Calcuta para colaborar con las Hermanas de la Madre Teresa.

Hoy ninguna continúa en la señal estatal, no saben si el programa tendrá una segunda temporada o si las volverán a llamar, pero lo que sí tienen claro es que lo que vivieron es único, irrepetible e intenso.

-Debutaron por la señal pública con buena sintonía, a pesar del horario, 23:20 hrs. y de que ustedes no eran conocidas ¿Era lo que se esperaban?

C: Era una gran apuesta del canal, que no nos conozcan es lo atractivo, si hubiera sido un rostro el que llegaba al vertedero, las reacciones de la gente habrían sido distintas; las personas le habrían conversado a “las estrellas”, en cambio nosotras éramos una más de su realidad. El gancho del famoso no estaba presente… y que nos haya ido bien a pesar de eso, significa que la gente quiere ver tv con contenido y no obstante la competencia, los chilenos eligieron ver realidades duras.

M: Jamás pensamos que nos iba a ir tan bien, tuvimos muchos picks de 17 puntos. Esto demuestra que la gente quiere ver otras cosas, quieren ver un Chile real, desde una mirada más profunda. Los comentarios fueron tremendamente positivos, 99% de buenas críticas.
Había mucho trabajo detrás, la música, post producción y todo valió la pena.

C: Fue un doble orgullo, el programa era bueno y además nos vieron.

-Este es un formato basado en lo que Morgan Spulock desarrolló para FX Networks con el programa “30 days”, luego España lo adaptó con “21 días” y fue conducido por Samanta Villar y luego Adela Úcar. Ambas periodistas lograron mezclar vivencias profundas de impacto social con una gran empatía personal. ¿Creen que ustedes lograron ese objetivo?

M: Cuando uno se la juega por algo nuevo tiene que dar lo máximo, yo estoy convencida de que así lo hice, lo que reflejó en los comentarios de la gente. Me decían ´te creí todo`. Nosotras nos expusimos a situaciones en las que no sabíamos como íbamos a reaccionar. Hay un capítulo en el que me pasaron dos fetos y no pude hablar nada, porque me puse a llorar… casi me morí. No sabía que iba a reaccionar así, eso mismo hace que nos pongamos en el lugar de la otra persona.

C: Pese a que el foco no somos nosotras, hay muchos ojos puestos en lo que que nos pasa, la empatía se logra por pensar que a uno le habría pasado lo mismo estando, por ejemplo en un vertedero. Las reacciones son del estómago, son muy espontáneas, por eso las personas se sienten reflejadas.

Ambas señalan que “cuando se habla desde la experiencia, las palabras logran mayor autoridad y se tiene más información para presentar temas de vida. Y eso es lo que la gente premia”.

-¿Por qué se decidió que fueran dos conductoras?

C: Es interesante ver cómo reaccionan dos personas distintas ante situaciones límite, eso sumado a un tema de producción dio como resultado una decisión así. Hay que pensar que en España 21 días es un programa mensual, ellos graban, editan y sale al aire. Aquí no hay canal que permita hacer eso, nosotras en 6 meses teníamos 12 capítulos grabados y era más rápido hacerlo así.

-¿Cómo se prepararon para estos desafíos? ¿Hubo supervisión médica?

C: Contamos con mucho apoyo de psicólogos, frente a todos los capítulos, nos monitoriaban. Pedimos contención, porque después del día 22 sigues pensando en todo lo que pasó y es terrible.
En el capítulo de 21 días sin comer, me enfermé de anorexia igual que todas las personas que la sufren, viví en primera persona lo que les pasa a ellas.
Estuve en un centro especialista en la materia donde me atendían nutricionistas y psicólogos. Hubo varios momentos en los que estuve realmente mal, luego de los 21 días estuve al borde de un estado delicado. Ahí descubrí que tener anorexia o bulimia es mucho más que querer ser delgado y verse bien, es querer desaparecer, una autroagresión feroz.

M: Cuando grabé 21 días siendo alcohólica, necesité de mucha ayuda de especialistas. Estuve con psiquiatras y psicólogos, ya que el alcohol es un gran depresor. Después de 10 días tomando a diario y por varias horas, comencé a sentir mucha pena y angustia, es algo que me afectó en mi trabajo y en el entorno social. Uno cree que tomarse una copa de champaña es rico, siempre se disfruta, pero cuando hablamos de gente que necesita una caña de vino a las 9 de la mañana, tu visión de vida cambia.
Fue muy límite todo.

Wp-21-sepultada-Después de las grabaciones, deben volver a sus casas ¿Cómo es ese proceso?

C: Volver siempre es complejo, me sentía muy mal aveces. Pensaba en la gente que había dejado, en sus realidades, cuando viví 21 días en la calle, llegué a mi casa y fue algo exquisito, pero en la mente estaba constantemente el haber abandonado a otros. Después piensas que no eres un ada madrina que va a solucionar todos los problemas, uno va a observar y a conocer la experiencia, para transmitirla por tv.
Pero era innegable que llegaba a mi casa cuestionándome todo, con el tiempo vas entendiendo que lo que viviste en 21 días, es la vida entera de mucha gente y no hay más que hacer.
Además me pasó que hablaba todo el día sobre lo que había vivido, los sentiemientos que tuve y lo que pensaba. El psicólogo nos recomendó volver con calma, muy lento y asimilar todo de forma tranquila.

M: Cuando llegué de grabar 21 días en un vertedero, lo primero que hice fue darme una ducha con agua caliente. Hay lujos que a uno se le olvidan, el tener agua de la llave es algo en lo que no pensamos, pero cuando te enfrentas a estas experiencias quedas marcando ocupado.

-¿Qué piensan sus familias sobre esto?

M: La gente que nos quiere sabe lo que nosotras buscamos en el periodismo, a nadie de mis amigos le extrañó que fuera yo quien se disfrazara de Carabinero de Fuerzas Especiales ni menos que me haya ido a meter a un vertedero. Tenemos una conducta que se ha repetido en el tiempo para haber llegado a esto.
Existe una preocupación normal, pero en mi caso con el tema de los voluntariados, mi mamá sabe que me gusta ir a conocer diferentes culturas, diferentes formas de vivir.
Siempre tuve el apoyo de mi familia y mis amigos.

C: Siempre hay apoyo, pero me cuestionaron la idea de salir en tv, la preocupación de que te pase algo siempre va a estar. Imagina que la mamá de la Cote se enteró cuando vió el programa, de que ella se había quedado sola en el vertedero.
A mí también me tocó pasar un cumpleaños en la calle, sin poder hablar con nadie, sabiendo que toda mi familia estaba llamando al productor, pero a una persona que vive ahí jamás la van a llamar al celular. Al final ellos entendieron las circunstancias.

M: Mi papá después de ver todo, me dijo ´tengo sólo una crítica, tu seguridad`.

-¿En algún minuto pensaron en detener las grabaciones?

C: Me pasó en 21 días viviendo en la calle, ahí estuve de muy mal genio, consideraba que si las personas dormían en un albergue por qué yo tenía que dormir en una esquina, después con calma te das cuenta que en esa esquina si vive alguien y debes estar allí.
Pero cuando vuelves a comprobar que son las historias lo importante y que uno es un gancho para que las personas hablen, te das cuenta que vale la pena. Ahí te convences, pero casi tiré la esponja.

M: Uno tiene situaciones límites,son desgastes que se van acumulando y claro que de repente te dan ganas de mandar todo a la punta del cerro. Una vez me enfermé en La Chimba (Antofagasta) y eso no salió al aire, estaba deshidratada, suero a la vena y pedí agua para poder seguir grabando.
Lo que uno va viviendo es muy difícil de controlar. Cuando empiezo algo lo termino, por eso jamás pensé en decir hasta aquí llego.

Entrevista a María José Terré y Catalina Castro, 21 días. from Revista Caras on Vimeo.

-Con respecto al tema de la censura ¿En Chile se mostrará todo o existen capítulos que debieron ser editados con mayor cuidado?

C: Se mostró todo y más. Aquí no se hicieron todos los capítulos españoles, pero sí existe ese polémico 21 días en la industria del sexo.

M: Ese lo hice yo. Estuvimos en la industria de la pornografía, entrevistamos al único director de películas porno en Chile, fuimos a cafés con piernas, contesté teléfonos en líneas eróticas, participé de casting para películas de este estilo y grabamos una.

C: Yo reconozco que me he sorprendido, en el capítulo de la marihuana pensaba que muchas cosas no iban a salir al aire, pero las ví. El corte final de cada capítulo lo da el canal y está muy bien porque se muestra todo.

-¿Consideran que los televidentes están privilegiando este tipo de docurealidad v/s realitys shows?

M: La gente está aburrida de ver lo mismo, quieren ver cosas nuevas. Lo que nosotras mostramos es que existen otras formas de contar la realidad, con un poco más de información que te permiten construir una opinión bien fundamentada respecto a personas y circunstancias.

Wp-21diasciega-290C: El valor que tiene este tipo de estilo es empatizar, la gente se cansó de ver las noticias desde lejos, la telerealidad hace que uno se ponga en el lugar del otro y eso es entretenido. Y eso se valora por sobre un reality show. Esto se acerca más al documental, son equipos pequeños, entras en el mundo privado de ciertas personas y logras un relato íntimo y único.

-¿Se sienten cómodas en ese formato?

C: Yo no estudié periodismo para estar de este lado, yo hago preguntas no las respondo. Pero cuando el objetivo es ver una realidad que nadie ha querido mostrar, todo vale la pena. Si fuera por morbo no, pero esto es conocer otro mundo, recorrerlo y se justifica estar en diarios y paraderos. Yo me sentí feliz haciendo esto.

M: A mí siempre me ha gustado contar en persona lo que significa vivir de una manera distinta. Las gracias por una tv. de verdad es algo que te llama mucho la atención cuando haces este tipo de programas. Uno abre el espectro en la mente las personas, si uno puede hacer periodismo que eduque, yo me doy por pagada.