Asidua a las ferias y fanática de la comida india, en el futuro pretende cambiar las tablas por las cacerolas.

La relación de Loreto Aravena con la gastronomía considera dos ejes centrales: los genes y la responsabilidad. Desde que tiene memoria, las comidas familiares eran un factor aglutinador. A su casa, llegaban todos a cocinar. La otra razón: como sus padres trabajaban, ella y su hermana mayor debieron preparar los almuerzos desde su adolescencia. “Aprendí a cocinar a los 13 años. Mi hermana me enseñó. Mi mamá y mi abuela son secas también, crecí viéndolas. Mis especialidades son el pollo al jugo, las lentejas y las cazuelas”, cuenta la actriz.

La obligatoriedad de hacer comida diariamente fue el empuje perfecto para convertirse en sibarita. Sobre todo, porque desde que vive sola prepara todo tipo de platos. Una tarea que es celebrada por su familia. “A todos les gusta como cocino. Mi mamá y mi hermano siempre me dicen que debería tener un restorán. Me encantaría ser dueña de uno, aunque sea heavy pega. A los cuarenta, seguro que algo haré”, afirma.
En su casa le enseñaron a comer de todo y no es mañosa. “Mi abuela es la mejor: hace chancho con chuchoca, pastel de choclo o cosas dulces como berlines o picarones. Todo le queda bueno. Mi papá también tiene lo suyo, pero le gusta mezclar más, condimentar, descubrir sabores”, señala.
Uno de sus paseos preferidos de fin de semana es la feria. “Es un rito. Voy a una que está los sábado en Manuel Montt cerca de Santa Isabel. Antes, iba a la de mi casa familiar en Puente Alto”, dice.
Le tomó el gusto a los restoranes en la universidad. Sus lugares preferidos eran las picadas o las cocinas de autor, que le enseñaron a darle elegancia a sus propios platos y sacar aplausos hasta en preparaciones tan básicas como arroz o fideos. “No como muchas carnes rojas. Prefiero el pescado y las legumbres. Hago cremas de zapallo y puerro. Las mezclo con verduras y les pongo queso parmesano. En verano sí prefiero el gazpacho. Otra cosa que me gusta son las verduras asadas. Son riquísimas”.
—¿Con qué asocia el cocinar?
—Con regalarle un buen momento a otras personas. Preparar comida es una bonita instancia para conversar y demostrar cariño, siempre con una copa de vino.
—¿Prefiere salir o estar en casa?
—Aunque salgo harto, estar en un lugar que se come rico o en la casa de amigos que tengan patio, no tiene precio, pero no me gusta meterme en cocinas ajenas. Sólo si alguien me pide lo hago. Eso pasa harto cuando se comen ñoquis o sushis caseros donde el trabajo es colectivo.
—¿Platos preferidos?
—Charquicán, porotos negros, pantrucas y pescado frito. También los curantos de mi viejo o las escalopas de mi mamá. La comida internacional que me fascina es la india. He ido al Majestic, al Salaam Bombay y el Soul of India y son buenísimos.