Hay varios caminos para entender lo que sucede en la cabeza de un hombre. Muchas se dirigen a terapia, mientras otras compran libros de consejos llenos de ‘claves’ y ‘recetas’. Yo encuentro pistas gracias a la suscripción del cable para identificar a los ídolos de ficción a quienes ellos adoran. ¿Príncipes perfectos? Lamentablemente para el mundo femenino son todo lo contrario: carismáticos, sexy, inteligentes y poderosos, pero llenos de conflictos.

“Todos quieren ser un villano”, decía en la alfombra roja del último Emmy Bryan Cranston, la estrella de la serie ganadora Breaking Bad. Y parece tener razón, ya que la mayoría del bando de hombres en mi Twitter lo apoyaba incondicionalmente en la carrera por el premio.

“El representa el soñado ‘Chao, jefe’”, me resumía un amigo con admiración.

“El representa el soñado ‘Chao, jefe’”, me resumía un amigo con admiración. El personaje es un profesor de química sobrecalificado en un colegio, con mal sueldo, vida plana y al que le descubren un cáncer avanzado; panorama que lo impulsa hacia el camino oscuro: en primera instancia —por necesidad— gira a la producción de droga, aunque pronto encuentra el gusto en su nuevo papel de capo de una banda. Tiene costos familiares y personales. Pero se impone la adrenalina. Y sus fans lo entienden…

Quizá con menos coincidencias con el televidente masculino, en la vereda sofisticada está el mega alfa Don Draper, del drama retro Mad Men. Guapo, exitoso, asertivo, bien vestido, con una lluvia de mujeres que caen a sus pies. Pura ilusión. Es casi imposible de leer lo que le sucede por dentro. No se deja. Claramente hay algo roto. Ese misterio es su debilidad, pero también su poder frente a sus parejas. Irresistible.

Aunque en la carrera por carisma igual da la pelea por el liderazgo Dr. House. También con gruesa fanaticada masculina, como quedó claro en su visita a Chile. Otro amigo cercano me contaba que le encantaba su ironía, franqueza y pesadeces. “Es todo lo que uno no puede ser en el mundo real, porque no vas a ir con la carrocería pesada donde el jefe. Hay que aguantarse, uno tiene responsabilidades”, me decía. Una libertad que muchos añoran.

Aunque en la carrera por carisma igual da la pelea por el liderazgo Dr. House. También con gruesa fanaticada masculina, como quedó claro en su visita a Chile.

Posiblemente no como modelos, pero sí como espejo, se encuentra la pandilla de la comedia The Big Bang Theory. Nerds torpes, tímidos, neuróticos, brillantes y muchas veces perdedores. Sólo adorables.

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