Porque si en EE.UU. la idea de Lip Sync Battle tuvo éxito fue porque presentaba a celebridades en mayúsculas que se rendían a la tentación de hacer el ridículo en un show de humor, en la franquicia de TVN esto ocurre a medias. En la versión local la escala se distorsiona y disminuye hasta niveles estremecedores, básicamente porque la adaptación mutiló el espíritu del original y acabó reduciéndolo a un matinal nocturno. 

La idea de la propuesta estadounidense es simple: estrellas que compiten doblando canciones populares, el público vota y hay un ganador. Allá es animado por un rapero con conocimiento de la industria musical. Los concursantes son presentados, por lo tanto, por un actor relevante que bromea con sus carreras y el desafío planteado. Aquí, en cambio, la conductora es Karen Doggenweiler que se disfraza de chica discoteca y lanza bromas con el ingenio propio del recreo escolar. El diálogo entre ella y la DJ que ejerce de co-conductora se transforma en un intercambio de emoticones sin más destino que provocar vergüenza ajena, con un abuso del doble sentido ochentero al más puro estilo Hermógenes Conache. Pero todo puede ser peor, en especial si se trata de TVN.

La selección de invitados está concentrada en un rescate de los actores de las producciones dramáticas del canal, una suerte de autopromoción que, sospecho, tiene que ver tanto con ahorrrar presupuesto como con la necesidad de darle una ventana más a teleseries que rasguñan audiencias miserables. Junto a ellos compiten figuras de menor relevancia, conocidas por alguna gracia recóndita, o incluso políticos que frente a la crisis de credibilidad piensan que una manera de acercarse a la ciudadanía, es lucir patéticos por TV abierta. 

Lip Sync Chile es un buen ejemplo de cómo la adaptación de una franquicia no es un ejercicio simple. En este caso el error fue pensar que basta con ser conocido por televisión para alcanzar el rango de estrella. Nadie sintoniza un programa para ver hacer el ridículo a quienes persistentemente se dedican a eso. Es como pensar que Pepe Auth —uno de los participantes en la versión chilena— es equivalente a Mike Tyson —quien apareció en el show original— y confundir chistes forzados con sentido del humor.