Alguien que sepa más de marketing que yo quizás podrá explicarme por qué esta muuuuy recomendable serie -una comedia negra divertida hasta la carcajada- tiene una nombre tan críptico: “Lilyhammer”.

Bueno, críptico para los que no somos nórdicos, ni campeones de esquí, ni avezados en geografía (que me temo somos la inmensa mayoría).
Porque Lillehammer es el nombre de una pequeña y tranquila localidad noruega que llegó a ser famosa cuando fue sede de los Juegos Olímpicos de Invierno en 1994.

Hasta allá llega a asentarse un gángster neoyorkino, Frank Tagliano, gracias a un acuerdo con el FBI, tras delatar a su rival, antes miembro de la misma banda.
“¡¿Lily qué?!”, le pregunta asombrado el agente cuando Frank, ahora convertido en Giovanni Hamgrisen, nombre que él mismo ni puede pronunciar, le dice que allá quiere que lo instalen con su programa de protección de testigos.

Pero Giovanni -o Johnny, como le gusta que le digan- un tipo con cara de mafioso italiano ¡sin matiz! se hace un espacio en el lugar, el más frío de Noruega, sin cambiar ninguno de sus usos y costumbres.

Ante la amabilidad pueblerina y el alto estándar cívico de los ciudadanos él responde igualmente atento. Pero cuando el asunto no va como a él le parece o se enfrenta a algún problema, se aparece el matón que en realidad es y no se hace lío en poner en práctica lo que siempre le ha dado resultado.

El “choque cultural”, como gentilmente le llama un burócrata al que Frank-Johnny decide sobornar con pésimos resultados.

De aquí salta el humor que inunda esta serie protagonizada, co-escrita y musicalizada por Steven Van Zandt (“Los Soprano”), que se constituyó en el primer contenido exclusivo de Netflix y pensada para un público internacional.

Pero el choque cultural, como pasa con Quijote y Sancho, implica cambios en ambos sentidos: Johnny se vuelve un tipo amigable, mientras que las personas que lo rodean -tan pulcras, bien educadas y con un altísimo sentido del deber- a su vez van mostrando ese lado poco angelical que tienen perfectamente reprimido. Y cada cual tiene su debilidad.

Llena de personajes deliciosos, situaciones insólitas y momentos delirantes, no le tema al apelativo de “negra” a esta comedia con toques de drama, porque lo que domina aquí es el humor, con todas su letras, mucho más que la violencia (sorprendente, pero nunca chocante).

Hágame caso: ¡disfrútela!

Lilyhammer
Netflix
Tres temporadas de 8 capítulos cada uno.

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