Hace cinco años habría sido impensable. Carmen Gloria Arroyo jamás habría jugado de seductora. ¿Sacarse la ropa? Menos. Pero antes de terminar el año, en un par de semanas, llegó a un estudio fotográfico para desnudarse en apoyo de una campaña en contra de la violencia hacia la mujer. Y, días más tarde, accedió a posar con lo mínimo para una sesión en CARAS.
Ese estigma de chica insegura de colegio de monjas que por décadas arrastró ya no está. Bueno, todavía se asoma un poquito. ¿Cómo se nota? Al no aceptar fácilmente los piropos. Los recibe con desconfianza. La TV no le hace ‘justicia’ a esta abogada de 48 años, alta, de piel oliva y talla mínima (¡36!).

Su cautela también se extiende a lo profesional. Está en la pantalla de CHV por casi cinco horas diarias, con el matinal y La jueza. Pero mantiene su reserva: “No soy de muchos planes a futuro, cuando los hago es a corto plazo. La vida, de alguna u otra forma, se ha encargado de hacerme saber que la que manda es ella y no yo”.

Su biografía apoya lo último: salió de la casa antes de finalizar el colegio para casarse y terminó huyendo de ese hogar con tres hijos y un título de abogada bajo el brazo; luego, ejercía la carrera cuando se encontró como defensora de los mediáticos casos Oria y Gema Bueno. Esas fueron las primeras aproximaciones a las cámaras que en 2007 la catapultaron de protagonista en Chilevisión con La jueza. Y luego como figura femenina del programa matutino de esa señal. ¿Viña? Sólo suena por estos días, pero no sería raro verla juzgando a los competidores del Festival, algo que le es familiar…

—¿Cómo enfrenta terminar 2013 como uno de los rostros potentes de CHV?
—Lo tomo con toda la humildad del mundo, ya que siento que el único gran valor de ese éxito es la gente que me sintoniza y opina en las encuestas. Ese es mi gran tesoro. Nunca pensé en trabajar en la televisión. ¡Jamás!

—¿Por qué partió en CHV?
—La propuesta me tomó recién separada, con una crisis económica y tres hijos a cuestas. Entonces dije, acepto durante un par de años mientras me estabilice económicamente y después vuelvo a lo mío.

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Pero se quedó en la TV. De pasarlo pésimo, hoy ve un lado más luminoso. Un click que la tiene en libertad hace muy poco rato. También de la mano del matinal.
—¿Cree hoy que el público conoce su lado más dulce?
—Sí, aunque no porque me volví más dulce de la noche a la mañana. Tengo una faceta de abogada muy rígida, feroz. En el tribunal soy igual de intransigente que en TV. Pero soy lo opuesto: le hago el quite a la pelea, a la discusión. Pero durante siete años fui sólo ‘la jueza’, ahora conocen ese otro lado más escondido.

—¿Su historia también la hizo más dura?
—No soy la única mujer que pasa por una historia terrible. Pero, si me motivo a contarla es porque hay gente que puede estar pasando lo mismo. Entonces, si hablo de mi experiencia es para decir: ‘No te estanques. Se puede, aunque todo esté en contra, se puede’.

Hija única. Arroyo fue abandonada por su papá, de quien era regalona siendo una niña. Nunca lo volvió a ver. Supo que murió en 2001 un año después de su mamá. Su gran compañera y el no tenerla es “uno de los grandes dolores” de su vida. “Creo que no voy a sobreponerme jamás. Aprendí a vivir con esa pena”, asegura. Y reaparece la jovencita frágil.
—¿Estaba casada cuando murió su mamá?
—Sí, me casé el ’92, después de casi ocho años de pololeo. Empecé con él (ingeniero en informática) siendo una adolescente. El matrimonio duró 13 años. Entonces estuve veinte años a su lado.
No quiere hablar de su ex marido. “Porque puedo tener una opinión de él…, pero es el padre de mis hijos”.

—Dada su infancia, ¿siente que corrió a armar familia con él?
—Es probable. No solamente para armar familia, sino también por la imagen paterna.Cuando mis papás se separaron me sentí abandonada. Pero me casé convencida de que estaba enamorada, que era el hombre de mi vida y que iba a estar eternamente con él… Es más, en todos los problemas que surgieron yo estaba al pie del cañón.

—¿Qué pasó?
—Un día, a media mañana, después de una fuerte discusión, me di cuenta de que yo no era exclusivamente quien la estaba pasando mal, sino que también mis hijos (Constanza, Daniela y Vicente). Y eso era culpa mía.

—¿Por qué lo extendió hasta ese punto?
—Mi ex venía de una crisis económica. Estuvo cinco años sin trabajo. Pienso que, a lo mejor, la decisión de separarse debió ser antes. Pero su situación hizo que lo pospusiera.

—¿Fue eso o romper su idea de familia?
—Ambas cosas. Me duele mucho haberles dado a mis hijos la vida que yo no quería para mí. Nunca acepté la separación de mis padres. Eso me pesaba mucho.

En 2006 tomó a sus niños y pasó de una casa gigante a vivir en un pequeño departamento que le cedió un primo de Punta Arenas. “Mis hijos me veían como la mala de la película. O sea, los había sacado de su cama, de sus cosas. Fue duro, y no es información que ellos deban saber. Es algo que nunca se los voy a comentar…”.

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—¿Y lo saben por otro lado?
—Intuyen ciertas cosas. Cuando los niños van creciendo hay conclusiones que ellos sacan, preguntas que se hacen y creo que uno tiene que tener mucho cuidado. Hay información que ellos no necesitan saber, porque tiene que ver con la relación de pareja, no de padres.

—Recientemente se desnudó para apoyar la campaña del Sernam en contra de la violencia hacia la mujer.
—Hay una gran misión. Una piensa que la violencia es sólo el golpe, el empujón, la violencia física. Pero es mucho más que eso: una mujer puede ser violentada de formas que, tal vez, son mucho más sutiles y que, como mujeres, nos cuesta darnos cuenta. Y la campaña está enfocada en eso.

—¿Fue víctima?
—Creo que aún tengo secuelas de una mala vivencia…

El proceso de limpieza vino de la mano de sus amigos. Una fiel familia postiza. Entre las más cercanas están su “hermana”, confidente y socia en la oficina legal Samantha Morán, además de la sicóloga de La jueza, Pamela Lagos. “Ella, sus papás y hermanos son gente buena del alma. Por eso no tuve ningún reparo para salir a defender al Caco (por el caso marihuana). Y lo haría de nuevo. No me importa nada lo que critiquen, porque las personas buenas van mucho más allá de que se fumen o no un pito”.
Esos mismos amigos le estuvieron presentando pretendientes, que ella desechaba casi de manera instantánea.

—¿Bloqueo, inseguridad?
—Soy tremendamente insegura por lo que me ha pasado en la vida. También con mi cuerpo, intelecto, personalidad y con el cariño. Ese es mi gran talón de Aquiles: me cuesta creer que me quieran.

—¿Ni pensar en salir?
—No me gustaba nadie, al punto que empezaron a tildarme de ‘diva’. Si alguien me llamaba mucho, ya no contestaba el teléfono. O salí un par de veces, pero mis hijos no conocieron a nadie… hasta Bernardo (Borgeat, ex chico reality). Es la única persona con la que han compartido, que va a la casa.

—¿Ha sido un buen elemento de transición?
—He crecido superando los traumas que tenía, estoy en un proceso de sanación con él.

—¿Ha ganado esa libertad?
—Tengo una fuerza que no sabía que tenía. Estoy botando prejuicios, trancas. Orgullosa de lo que he logrado y mi autoestima está firme. Y aquí estoy, no le debo nada a nadie, ni un favor a nadie, esto no llegó por pituto, fue puro ñeque.