“Me encanta el boxeo. Me libero, ahí está mi lado más impertinente, impulsivo. Arremetes y vas con todo para adelante. Tiene que ver con la sobrevivencia; hay que aprender a dar y a recibir golpes, siempre mirando a los ojos”.

Su figura pequeña, rodeando al adversario con los puños en alto, el mentón firme, la mirada desafiante, los pies bien puestos en el suelo, es la más clara muestra de quién es esencialmente Katherine Salosny: una mujer que se armó sola, empujada por una fuerza invisible que la ha llevado a sobreponerse una y otra vez. La prueba más nítida de una sobreviviente.

Llegó al boxeo de casualidad. Salosny, cuándo se une a nuestro grupo, la desafiaba el entrenador cada vez que la veía en el gimnasio. “Es que esto no es para mí, ya estoy vieja, tengo lesiones…, le contestaba ella. “Hasta que un día me pilló volando bajo, me entregó los guantes y me enfrenté al pushing ball. Me encantó. Justo pasaba por un momento pesado, difícil, o era eso o volvía con el sicoanalista”, dice sobre la terapia a la que dedicó 18 años de su vida, cuatro veces a la semana. “Ahora estoy de alta.

Soy adulta”, asegura medio en broma, aunque las razones que la llevaron a realizarse un sicoanálisis son potentes. Fue su manera de superar una historia de dolor y desgarro, un largo camino para recuperarse del abuso que sufrió de su padre cuando era tan sólo una niña, un episodio que le dejó marcas que lleva hasta hoy. “Pero tengo una fuerza tremenda, una energía que me empuja y me ha dado la fortaleza para enfrentar una historia que no es fácil”, admite. (…)

Su desembarco en Mega —después de once años en TVN, cinco en la señal internacional y seis en la abierta—, tuvo un fuerte impacto. Desde 2011 que no participaba de un matinal. (…)

Wp-Kathy-193Esta es su primera entrevista desde que dejó TVN y, desde luego, tras la muerte de Felipe Camiroaga, con quien estaban peleados al momento del accidente del avión Casa 212.

“Qué te puedo decir, es muy triste. Una tragedia. Alguien tan joven, con toda una vida por delante, lleno de proyectos, en uno de los peaks de su carrera, un personaje único en la TV. Además que se trata de una tragedia que sigue generando dudas. Ese vuelo nunca debió salir”.
Está convencida de que la ausencia de Felipe Camiroaga transformó a la TV. “Hasta el día de hoy no existe nadie que lo reemplace. A partir de eso existe un reacomodo donde él ha estado muy presente —asegura—. Ahora la competencia es igualitaria, y está tremenda”.

—¿Siente los logros de Mucho gusto como una revancha? En TVN estuvo casi un año fuera de pantalla.
—Pero esas son decisiones del canal. Siempre estuve disponible para trabajar en lo que me pidieran. Les tengo un enorme cariño y un profundo agradecimiento, sobre todo por los términos en que me dejaron ir. No podría hablar mal de un lugar que me dio tantas satisfacciones. Ahí hay mucha gente que quiero; en mi partida también hay una renuncia y un duelo.

—A lo mejor fue una manera de cerrar una etapa tras la muerte de Felipe.

—Tal vez tengas razón. Sin duda hay un cierre.

—¿Pudo hacer el duelo por su muerte?

—Soy de procesos lentos. Por algo me hice un sicoanálisis… Y éste sigue siendo un proceso…; es que la ausencia de Felipe fue muy fuerte, es muy fuerte… (se corrige). El siempre va a ser parte de mi historia.

—Aunque quedó la duda de si lograron arreglar las cosas antes de que él muriera…
—Eso pertenece a mi ámbito íntimo y privado. Sólo puedo decir que las cosas en la prensa se exacerbaron y se mostraron de una forma distinta. Con Felipe tuvimos un encuentro que fue privado y fortuito, donde primó el cariño que nos teníamos. Fue muy bonito. Eso es todo lo que puedo contar. Más no: Felipe está muerto.

—¿Cómo vivió ese año en que no estuvo con proyectos concretos dentro del canal?
—He estado en tantos procesos y escenarios, que no me cuesta adaptarme. Simplemente saco lo mejor de cada experiencia y sigo para adelante, sin perder la fe de que en algún momento vendrá el cambio. Los años y la experiencia me han dado la serenidad para no estresarme. Además que nunca he puesto todos los huevos en la misma canasta: el año pasado lancé mi vino, estuve en un proyecto de teatro, siempre hay cosas que hacer.

Wp-Katy-193-2—El teatro es una constante en su vida, ¿ha sido su tabla de salvación?
—Me dio serenidad, domesticó mi ego; me retiré de la TV en el mejor momento de mi carrera, con sólo 30 años, para estudiar lo que siempre soñé. En la escuela lo primero que te enseñan es crear desde la precariedad, desde tus carencias más profundas, lo que me enseñó mucho. Hacer una vida más austera, pero más rica, conectada con mis carencias, te resuelve como ser humano. Siempre he creído que si haces las cosas bien, viene una compensación, y yo nunca he dejado de tener oportunidades. Son tantas las recompensas que no puedo más que sonreír.

En Mucho gusto se ha notado la mano de Kathy Salosny. El servicio ha ido desplazando de a poco a la farándula, mientras que los casos de maltrato y prevención de abusos sexuales ahora son parte activa del programa. “Obviamente que se trata de temas que me interesan. He leído todos los libros que han salido sobre Karadima; soy una convencida de que la historia del abuso en Chile tiene un antes y un después a partir de este caso”.

—Usted también es vocera de la Fundación para la confianza, de José Andrés Murillo —uno de los querellantes contra el ex párroco de El Bosque—, lo que de alguna manera la ha llevado a abrir el tema, a exponerse…
—Pero ya no lo siento así. Estoy cumpliendo con un servicio. Me siento bien cuando escucho los testimonios; es sanador para el otro y también para mí. La verdadera exposición ya la viví hace siete años y de la peor forma, cuando mi historia se hizo pública a través de las páginas de espectáculos. Fue atroz, habría preferido que no se supiera. Fue un shock, un nuevo abuso.

—¿Le dio miedo caer en el estigma?
—En esa época era un tema tabú: la gente decía cosas como que el apellido se cuida, por qué pasar por eso. Agradezco que el tema hoy esté abierto porque entonces lo pasé pésimo…

El día que el tema reventó en los medios Katherine llevaba un tiempo fuera de la TV. Tenía un programa en la radio y cuando llegó a trabajar se encontró con un enjambre de periodistas ávidos de detalles; un diario había accedido a la investigación que involucraba a su padre en un caso de abuso donde ella y su hermana se habían hecho parte declarando haber sido víctimas cuando niñas. Cuéntanos qué te hicieron, cómo pasó…, le preguntaban los medios de farándula. “Quedé perpleja. No me salía ni la voz. Estuve así varios días. Finalmente escribí una carta que envié a los diarios: El abuso no es un espectáculo, lo titulé. La prensa se calmó y el caso quedó en las páginas judiciales, donde siempre debió estar”.

—Y ahora en el programa, ¿se siente con la responsabilidad de tratar estos temas de una forma diferente?
—Claro, tomamos estos casos con especial cuidado; por ejemplo mostramos a las madres de espaldas, para no poner a sus hijos en evidencia; el estigma, la culpa de un niño abusado es atroz. Todavía existe morbo, ignorancia, prejuicios. Detesto por ejemplo cuando dicen pobre cabro, está cagado porque abusaron de él…, ¡me violenta esa frase! También cuando la gente se sorprende frente a estos hechos y sale con cosas como ¿pero qué está pasando en Chile?, como si esto no hubiese existido nunca… Pero lo que más me violenta es que un niño tenga que dar diez entrevistas entre los peritos, el sicólogo, el juez, y en cada una debe revivir el trauma… se pierde tanto tiempo. Además que los casos prescriben. Es urgente cambiar la ley y proteger a los niños.

—Y usted, ¿todavía carga con marcas?
Silencio:

—No es fácil responder a esa pregunta… En un proceso de rehabilitación lo que más quieres es no quedar con cicatrices, no enfrentar jamás las consecuencias, no sufrir nunca al relacionarte con otros. Pero eso es imposible. Sí puedo reconocer que esta historia me dejó una experiencia, me hizo ser lo que soy hoy; determinó mi historia, con todos los dolores, traumas y errores. Si tuviera que elegir, no escogería una vida distinta a la que viví.
Hace una pausa:
Wp-Katy-193-4—Claro que no llegué a esto sola: tuve que recurrir a la rehabilitación afectiva para poder sanarme, entregarme a un proceso de sicoanálisis durante 18 años, cuatro veces a la semana. Fue una decisión personal salir adelante, y la mantuve durante todo ese tiempo, a pesar de que hubo momentos en que estuve sin trabajo, no me alcanzaban las lucas, pero aun así me endeudé y seguí. Lamentablemente no todos tienen los recursos, el apoyo o la voluntad para intentar sanarse.

—¿Y eso cómo ha afectado su vida personal?
—Partes de estas idas y venidas, rupturas, cambios sin mucho sentido de pertenencia, es porque me sucedieron cosas que hoy me determinan y que siguen siendo para mí un tema sensible. Me da miedo perder la confianza en alguien querido, el temor al abandono, al afecto porque conlleva dolor. Así y todo he tenido grandes amores y dolores, pero es parte de la vida.

—¿Se arrepiente de haber dejado pasar a algunas parejas, por ejemplo?

—Uno no siempre está preparado para ver en ese preciso momento qué es lo más adecuado para ti, además que yo tenía que sobrevivir primero. Elegí un camino, y cuando lo tomas es inevitable mirar para atrás de vez en cuando y valorar lo que pasó por tu vida, también que no fuiste capaz de tomarlo, y no quedarte pegado en el porqué. Al contrario. Uno va evolucionando con la historia, con los errores que cometiste, las frustraciones; vas haciendo tantos duelos. La vida es así, a veces te puede doler más, pero también te abre otros caminos. Así que cuando veo a estos amores que pasaron, no digo ay qué pena, qué lamentable. Es parte de mi historia nomás.

Lea la entrevista completa en la edición del 8 de junio.