A pasos de las calles Padre Las Casas con Las Cañas  —comuna de Independencia—, se graban las últimas escenas de la serie Sudamerican Rockers en el patio de una escuela. Claudio Narea está en proceso de inscribirse para el servicio militar. El lugar elegido está lejos de edificios, calles y autos que hoy reflejan la modernidad del gran Santiago. Para el equipo de arte —el mismo de la serie Los 80— dirigido por José Luis Muñoz, cada detalle es vital. Antes de rodar, Jordi Bachs, el director de la serie, da las últimas instrucciones mientras que maquilladores y peluqueros retocan detalles en cada uno de los personajes. Los sonidistas piden silencio. En un banco, Rodrigo Díaz, productor ejecutivo de Sudamerican Rockers, que Chilevisión estrenará este mes, baja la voz y cuenta que más que la historia de Los Prisioneros, es mostrar la esencia de lo que fueron: “Cómo estos tres niños de liceo, se convierten en artistas y marcan a una generación bastante reprimida en ese entonces”.

La idea original de narrar visualmente la primera etapa del grupo hasta la grabación de su primer disco, La voz de los ’80, nace en el Festival de Valdivia de 2012. En esa ocasión se exhibió Miguel San Miguel, película que cuenta los inicios de la banda desde la perspectiva de Miguel Tapia, su baterista. Ambas producciones realizaron un trabajo en conjunto para trasladar la historia —que según el mismo Díaz— viene con otro enfoque hacia la pantalla chica. La serie vio luz verde cuando la estación televisiva dio el sí y la financió de forma interna. De ahí en adelante la historia es larga. Al casting dirigido por Roberto Matus llegaron 300 jóvenes de los que sólo se necesitaban tres: Jorge, Claudio y Miguel, quienes hoy los encarnan actores jóvenes y emergentes: Michael Silva (Jorge González), Diego Boggioni (Claudio Narea) y Eduardo Fernández (Miguel Tapia). Lo curioso de “la elección final”: los últimos dos se conocen desde antes al interpretar a los mismos personajes en la película y también compartieron aulas en la escuela de teatro en la Universidad de Chile. “Aunque hagan nuevamente a Claudio y Miguel, el enfoque que les dimos es nuevo y distinto. Michael se suma después, porque lo fundamental era que cantara y tuviese una estructura física parecida a Jorge”, comenta el productor ejecutivo.

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“Estamos grabando… acción”. Aún en voz baja, Rodrigo Díaz dice que la serie de doce capítulos también fue parte de un proceso de investigación sobre la base de documentales, artículos de prensa y biografías: “Nos dedicamos a entrevistar a amigos y gente que los conoció desde sus inicios en el Liceo Andrés Bello de San Miguel”. Según él, la producción de ficción no tiene grandes revelaciones, la historia prohibida o es el drama oculto de ellos, sino que lo que se quiere contar es la esencia de Los Prisioneros: “Que se entienda por qué Jorge es Jorge, Miguel es Miguel y Claudio es Claudio”. Desde que comenzaron las grabaciones en enero, los equipos se desplegaron por diferentes locaciones, todas con un mismo propósito: dar énfasis en la época y reconstruir una historia —quizá conocida para algunos— desde la calle: “Ellos hicieron todas sus cosas no en la casa ni en el colegio, sino en San Miguel y en las calles. El trabajo fue duro y consistió desde pintar pasos de cebra a cortar la luz del alumbrado público en algunas cuadras cuando se grabó de noche”, cuenta Díaz.

A primera vista, los ‘nuevos’ actores y protagonistas tienen un parecido físico con Los Prisioneros en sus inicios, años en que daban rienda suelta a sus aspiraciones musicales y sociales: jóvenes que representan entre 15 a 17 años, delgados y morenos. En lo personal, son tres chicos que están entre los 23 y 27 años y esta será su primera producción para la pantalla chica. 

—¿Cuál ha sido el mayor desafío al que se enfrentaron mientras grababan Sudamerican Rockers?

—Eduardo: Sin duda, traspasar la intimidad de ‘ellos’ a la pantalla, porque lo que se ve y sabe es lo público y no lo privado.

—¿Y crear el personaje? ¿Cómo trabajaron en ello?

—Diego: En mi caso está la autobiografía de Claudio Narea (Mi vida como prisionero), así que eso sirvió de mucho. Pero también tuve la suerte de que cuando llegué a Santiago para estudiar, viví en San Miguel y el hijo de la señora a la que le arrendaba la pieza estaba en tercero medio cuando ellos iban en primero. Así que tuve la oportunidad de que él me contara muchísimo de esa época en el liceo y de cómo era la vida del barrio.

—Michael: En mi caso mi personaje (González) es conocido por ser polémico, pero confieso admirarlo no sólo como persona, sino también como músico e intérprete. Para crearlo, jugué con las hipótesis de cómo era a los 14 años. En general, lo que se va a ver en la serie no es un estricto trabajo bibliográfico. Esto está dentro de la ficción, jugamos al pudo haber sido.

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La escena se termina y con ello las de la penúltima jornada de grabaciones. Diego, quien personifica a Claudio Narea, junto con los otros dos ‘prisioneros’ bromean y ríen mientras ‘hacen tiempo’ para cambiarse de vestuario. Rodrigo los mira y comenta que el fiato como banda también fue un tema primordial para el equipo. Durante tres meses la producción entrenó musicalmente con clases de canto e instrumentos a los protagonistas: “La química entre ellos y de grupo nació cuando finalmente tocaron juntos. En el casting nunca estipulamos que ser músico era un requisito indispensable, pero sí necesario tener las condiciones básicas para poder lograrlo”. De los tres, el único con ‘conocimientos musicales’ es Michael, quien encarna al vocalista, Jorge González. De hecho, todas las canciones en Sudamerican Rockers son interpretadas por ellos mismos y sin usar las pistas originales, tema que supuestamente habría sido polémica para los miembros del grupo. “Se especuló mucho, salieron publicaciones medias incendiarias y no fue así. Tuvimos conversaciones con cada uno de ellos y no hubo enfrentamiento”, comenta Rodrigo Díaz.

—¿Qué significa encarnar a Los Prisioneros?

—Eduardo: Lo describiría como un gran proyecto, un trabajo importante que estuvo repleto de profesionalismo y con muchas ganas de que salga y funcione.

—Diego: Es algo muy grande. A mí en lo personal me ayudó lo de la película. Eso sí, en este caso tiene más matices por el desarrollo de la serie, porque la historia es grande.

—Michael: Traté de hacer a Jorge lo mejor posible y creo que uno aprende, te equivocas y luego aciertas. Es un proceso que nunca termina y debe ser así.

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—¿Y tocar cómo ellos?

—Eduardo: Hay dos partes. Actuar y tocar. Lo último fue entretenido, incluso lo hicimos en vivo cuando fue el estreno de la parrilla programática de Chilevisión y aprender fue un proceso que hicimos con clases, yo incluso lo hice con la derecha y soy surdo (ríe). Bueno, fue un poco complicado, pero lo logramos. Ojo, que también hay que actuar mientras uno toca. Por ejemplo Diego, él tiene que hacerlo con las piernas abiertas para imitar a Claudio Narea. Hay que dejar de lado la comodidad y hacer el personaje en todo momento.

—Diego: ¡Michael canta igual que Jorge!

—Michael: Bueno, si ellos dicen que canto igual, así es poh’ (ríe). Traté de hacer a Jorge lo mejor posible. Cuando uno se expresa a través de la música es totalmente distinto. Yo tocaba guitarra cuando era chico y ahora con la serie tuve que practicar mucho más y tener nociones de piano y bajo. El hecho de que nosotros toquemos y que nos hemos dado el trabajo de hacerlo es un aporte bastante grande y da credibilidad, porque ellos son músicos y sería raro sólo imitar a los personajes.

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—Durante los seis meses de grabación compartieron el set con actores con trayectoria como Roberto Farías, Erto Pantoja, Paulina Urrutia, entre otros. ¿Cuál es la sensación de ser nuevos en esto y hacer escenas con ellos?

—Diego: Lo rico es ser parte de este elenco con actorazos, es que son unos crack. Somos unas esponjas todo el rato y hay que absorber de ellos y luego darlo todo en pantalla. Eso sí, cuando es tu primer texto, obvio que uno se pone nervioso si te toca con Roberto Farías o Erto Pantoja (ríe). Pero después ya vas —entre comillas— más relajado.

—Eduardo: Increíble. Para mí la experiencia hace a un buen actor y compartir el set con ellos y comprender cómo se enfrentan a una escena con diálogos, te enseña muchísimo.

—¿Qué hay que esperar de Sudamerican rockers?

—Eduardo: Mucha pasión y el recuerdo de una época importantísima que no se olvida en los chilenos. Tiene mucha inocencia, pero además la fuerza de todos los adolescentes; la lucha de los ideales y cómo te oprime el sistema

—Michael: Está hecho con mucho respeto, así hay que estar abiertos para recibir comentarios que pueden agradar o no. Somos conscientes de todos los fans, pero uno no se puede hacer cargo de eso. Aunque no lo digas, siempre quieres tener la aprobación, pero no puedes controlar eso. Es clave que se entienda que no es una biografía al ciento por ciento, tiene mucha ficción. Yo personalmente no hablé con nadie muy cercano a él. Leí las biografías, entrevistas, le pregunté a gente por qué son Los Prisioneros y así; traté de armar algo con lo que uno cree y lo que otros piensan.

—Eduardo: Ellos son súper queridos a nivel nacional e internacional y nosotros estudiamos muchísimo para personificarlos al ciento por ciento. La serie está muy bien hecha y yo creo que se van a quedar tranquilos.