Fue un fin de año bastante movido para Diana Bolocco (37). Luego de un 2014 que prometía tranquilo, con baja carga laboral comparado a temporadas anteriores, a mediados de agosto, cuando estaba en plenas grabaciones del reality MasterChef, se enteró de que estaba embarazada de su cuarto hijo (el segundo en común con el periodista Cristián Sánchez). Se trata de la primera niñita después de tres hombres —Pedro (14), Diego (11) y Facundo (2)—, que en lo doméstico la obligó a poner en venta su casa y a buscar una nueva con más dormitorios para esta hija que nacerá a mediados de mayo y que aún no saben cómo bautizarla. “Con Facundo nos pasó lo mismo, no le encontramos nombre hasta el final. Los que me gustan a mí, a Cristián no le tincan; y a él le ocurre lo mismo, ¡no hay caso!”, cuenta muerta de la risa.

Antes de partir con prenatal, Diana deberá dejar grabado durante el verano un nuevo programa franjeado de concursos y conducir otra temporada de Vértigo en los próximos meses. Una avalancha de trabajo y de propuestas que vino justo cuando negociaba la renovación de su contrato con Canal 13, donde Mega intentó dar la pelea para quedarse con uno de los rostros mejor evaluados de la TV. Sin embargo, la menor de las Bolocco optó una vez más por quedarse en su casa televisiva, aun cuando el ex canal católico no tuvo un buen año en términos de audiencia, a diferencia de Mega que arrasó en sintonía con sus famosas teleseries turcas. “Siempre he pensado que me haría bien cambiarme en algún momento, pero jamás lo haría motivada por el éxito del rating. Esta industria es cíclica, hace un año estábamos en primer lugar y mira ahora”.

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Pretende trabajar hasta el final de su embarazo, que lejos de complicarla, la tiene entusiasmada; en especial el nuevo espacio de concursos similar a ¿Quién quiere ser millonario?, que le permitió a Diana mostrar su versatilidad, la capacidad de improvisar y consolidarse como conductora. 

“Estoy motivada, me gustan este tipo de programas. Los buenos resultados que ha tenido MasterChef demuestran lo importante que es la conexión con la persona común y corriente que concursa por un sueño. En algún momento la TV perdió ese contacto y se fijó más en los famosos, en el glamour. Hay que volver a la gente cotidiana, es lo que produce el vínculo real con el telespectador, la identificación inmediata”.

—Cualquiera hubiese pensado que a estas alturas bajaría el ritmo…

—Tampoco pensé que terminaría con esta carga laboral tan fuerte y con un embarazo. Con Cristián queríamos otra guagua, y en un minuto dijimos “este es el momento”, nos lanzamos, ¡y quedé esperando al tiro! No fue planificado, más bien espontáneo, sin pensarlo mucho, como todas las cosas en mi vida. Tengo amigas que organizan sus vacaciones, embarazos, ¡a mí todo se me viene encima! Es la manera que me gusta vivir, sin analizar tanto; me produce menos ansiedad.

—¿Buscaba una niñita?

—No tenía esa necesidad de que fuera mujer; quería otro hijo nomás. Obvio que estoy feliz de tener una niñita, debe ser distinto. Todos me dicen: ‘te va a encantar, te va a acompañar’. Es probable, las mujeres acompañamos más a nuestras madres, aunque depende de tantos factores… Capaz que me salga súper rebelde, ¡y después no quiera saber nada de mí! (ríe).

—Para sus hijos sí debe ser tema la llegada de una hermana.

—Les conté a ellos y a mi familia apenas quedé embarazada, lo que no hice con Facundo; creía que debía hacerlo al cumplir tres meses. Hasta hoy me cobran sentimientos. Ahora los hice partícipes de inmediato, están fascinados, imagínate que Facu es el nieto más chico por lejos, le sigue Máximo (hijo de Cecilia) que tiene 11. Me decían: “Mamá, por fin tendrás a alguien que te acompañe”. Cristián lo tomó con sorpresa, es que después de tres hombres, ¡es raro! Aunque yo domino en la casa —aclara riendo—, ésta es muy  masculina, con muchas pelotas de fútbol, y que llegue una mujer con sus necesidades y energía… Ahora estamos en la vorágine de venderla y buscar otra… Ha sido movido, esta guagua nos ha traído puras cosas positivas. Para Facundo es bueno que sea mujer, que no le compita porque es lo más regalón del mundo. Lo increíble es que antes de que yo supiera que estaba embarazada, él me insistía en que le regalara una muñeca, hasta que se la compré. Estoy segura de que lo presentía.  

“Mi hija llega en un súper buen momento; tiene la suerte de venir a una familia demasiado querendona. Nuestra gracia es amarnos mucho, en todo lo demás somos imperfectos. Cristián eso sí es harto más cariñoso y de piel que yo. Sólo con ese factor creas niños felices, con autoestima; todo lo demás viene por añadidura”.

—¿Este nuevo hijo la lleva a replantearse el tiempo que en el futuro pretende darle a su trabajo en TV?

—No, me siento capaz y a una edad en que tengo demasiado que entregar. Soy una convencida de que puedes equilibrar las cosas, que no significa que estaré ausente de mi casa ni que trabajaré 24/7. Esa resolución la tomé hace mucho tiempo, tuviera o no hijos; lo hice por mí. En un minuto incluso pensé en irme de la televisión por la sobreexposición y por la sensación de tener que agradarle a todo el mundo; me sentí súper abrumada.

—¿Cuándo fue esto?

—Hace un par de años, y me duró un tiempo largo. Sentía una responsabilidad enorme sobre mis hombros de la que no quería hacerme cargo; está bien intentar agradar a tu familia, pero no puedes darle en el gusto a todos los que trabajan contigo, al público, ¡no das abasto! De a poco fui limpiándome de esa carga y sintiendo que mi trabajo me entregaba cosas demasiado positivas, que ese tormento debía sacármelo de la cabeza. Entendí que tienes que hacer la pega lo mejor posible y no estar preocupada de cómo les llega a los otros. Pasé por períodos muy vertiginosos, que no volvería jamás, porque postergas demasiado tu vida, tus intereses y tu tiempo libre que es importante…

—¿Con qué costos?

—Un desgaste personal enorme, llegaba atrasada a todas las presentaciones de mis hijos en el colegio… Este trabajo es demasiado expuesto, dura las 24 horas, hay una parte que no te pertenece y eso desgasta.

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—¿Cuánta responsabilidad tuvo usted también por querer estar en todas? ¿Hay un mea culpa ahí?

—Al principio tienes el deber de tomar las oportunidades, las tomé todas, a ninguna dije que no hasta conocerme profesionalmente y descubrir cuáles eran mis capacidades, y hasta dónde podía ser un aporte. Eso no tiene que ver con el tipo ni con el horario del proyecto. Hay mucha fantasía respecto a que ‘ella hace un programa prime’, ¡qué me importa! No tengo interés en hacer un estelar, sí espacios que me sumen, en que pueda contribuir, proponer, donde me escuchen y mi opinión sea importante. ¿Dónde me he sentido más feliz?, en “Millonarios”, fui ciento por ciento libre.

—Pero hoy pareciera que sigue estando en todo horario y a todo evento; no aprendió la lección parece.

—No, hoy si puedo lo hago, y que no signifique un esfuerzo. Por ejemplo, este año no reemplazaré a Tonka en el matinal porque me iré de vacaciones; si pudiera, feliz, no tengo problemas, me encanta explorar distintas áreas, no me siento menos por ser la reemplazante; no tengo esos rollos. Lo hago, insisto, en la medida que no signifique desangrarme. Como te decía, hace rato me pegué la replanteada, que tiene que ver con una actitud, de tú dominar el trabajo y no que éste te domine a ti. Uno tiene la capacidad de poner límites, de elegir los proyectos, por ejemplo. 

—¿A qué no está dispuesta hoy?

—No salgo en publicaciones con mi familia ni voy a eventos; mi tiempo libre es para mi casa, familia y amigos. Mi posnatal y la posibilidad de amamantar a mi guagua no lo transo; en eso el canal siempre me ha dado las facilidades para organizarme, y lo hago de tal manera que cuando trabajo, ¡trabajo! Me entrego por completo, ni siquiera tengo señal en el celular, pero sé que llegará la hora de la papa, estaré con mi guagua y seré mamá a tiempo completo. No puedo hacer las cosas a medias, me entrego en un ciento por ciento en todo. Y ¿sabes?, me encanta estar en esta etapa de mi carrera embarazada…

—¿Lo siente un plus?

—¡Absolutamente!, me suma, nos suma al género. Que una mujer se muestre orgullosa de su embarazo en una pega donde la apariencia es súper importante, es una señal potente… Cuando somos exitosas en un trabajo o estamos ascendiendo, solemos postergar a los hijos, y el que yo aparezca en la tele con mi guata, demuestra lo contrario. Es bonito decir: ‘soy capaz de hacerlo, no me importa que mi imagen cambie, puedo seguir en lo mismo, recibir otros proyectos y crecer como profesional’. Las mujeres pagamos un costo, pero debemos tomar ese riesgo. No concibo mi vida sin ser madre, soy lejos una mejor persona; creo que las mujeres que postergan su maternidad por trabajo, a la larga se arrepienten.

—La TV es implacable en eso, de ahí el temor de muchas a perder el terreno ganado.

—No tengo miedo, y tiene que ver con la ansiedad. Nunca he tenido problemas en que me reemplace otra animadora o en rechazar un proyecto si siento que no seré un aporte. Si alguien lo hace mejor que tú, ocurrirá con o sin guagua. No me enfrento a las cosas con temor; es el peor sentimiento porque te limita, coarta y paraliza. Además, me quiero tanto, siento que poseo tantas capacidades que no se reducen solo a la tele… Sé que la TV se acabará algún día y me da pena; me gusta mucho lo que hago, sin embargo, hay tantos intereses allá fuera…

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—¿A qué se dedicaría?

—Algo con decoración de ambientes. Siempre me ha llamado la atención, me gusta y sale fácil reinventar espacios. He leído todas las revistas de decoración habidas y por haber, paso mirando internet, analizando, creo que va por ahí… La Cecilia es mi mejor ejemplo, cuántas veces se ha reinventado y cambiado de intereses, incluso cuando estaba en pantalla. Cuántas cosas distintas hizo, sin miedo, ¡hasta protagonizó una teleserie!

—Por mucho que se tengan otros intereses, debe ser muy difícil renunciar a los sueldos millonarios que paga la TV.

—Sí, claro, y puede producir adicción. Pero mis metas en la vida nunca han estado ligadas a lo material, ni mi trabajo un medio para conseguir un determinado estándar de vida. Si en un futuro no está ese trabajo, no creo que me afecte; estoy  planificándome para que a mis hijos no les falte nada; aprendí a ordenarme con mis finanzas. Mi papá es empresario, tuvimos muchos altos y bajos económicos, y vi como mi mamá se adaptaba a las distintas circunstancias. Eso lo tengo en el inconsciente.

—Hablando de Cecilia, da la impresión de que estuviera mandando señales para volver. En sus últimas entrevistas en pantalla ha mostrado una faceta más abierta y contado intimidades inéditas sobre sus relaciones con Michael Young y Kike Morandé…

—Ella puede ir y venir; es un formato que le acomoda. La veo haciendo entrevistas. Y sí, está más abierta a hablar de ciertas cosas, aunque ella siempre ha sido súper honesta para contestar. Más que una estrategia para algún fin, creo que tiene que ver con que se ha reconciliado con ciertos episodios de su vida. El tiempo te hace ver las cosas con otra perspectiva y ya no te provocan el dolor ni la ansiedad de antes; empiezas a hablar más libremente.

—Al parecer la distancia de Carlos Menem con su hijo Máximo aún es un capítulo no superado.

—Claro que le gustaría que el padre de Máximo estuviera más presente en su vida, y luchará para que esa relación sea más fluida. Hasta ahora no lo ha sido, no sabremos qué pasará después… Cecilia cuenta con su familia, sus hermanos. Máximo se ha quedado a alojar en mi casa, en la de mi hermana, mi mamá está muy pendiente de él cuando le toca viajar. Ella cuenta con su red de apoyo familiar.

Mega quiso reclutarla a toda costa, echando mano a ejecutivos que la conocían de cerca, pero Diana terminó renovando con el 13. “Tuve una oferta de Mega, donde hay gente que conozco y quiero mucho como Patricio Hernández  y Andrea Dell’Orto (ex director de programación y ex gerenta de producción del 13), pero no llegamos al punto de negociar. En estos años he recibido el interés de varias partes, lo que es muy gratificante porque es un reconocimiento a tu trabajo”.

—¿Qué le ofreció Canal 13 para quedarse?

—Seguir trabajando con el equipo que confío, que quiero, con el que he crecido y donde todos son muy talentosos. También hacer dos proyectos que me motivan: un programa diario en conexión con la gente y volver con otra temporada de Vértigo, que es una inyección de adrenalina, donde trabajo con Martín que lo adoro, ¿cómo decir que no?

—¿No la tentó el buen momento por el que pasa Mega?

—Eso es tan cíclico. En el trece he pasado por muchas crisis de sintonía, por momentos súper exitosos; esa es la gracia de esta industria que es demasiado fluctuante. Jamás me cambiaría a un canal porque está en un momento puntual de buena sintonía.

—¿Influye también no querer correr riesgos?

—Puede leerse así, pero lo que menos siento es tranquilidad porque en esta pega vives asumiendo riesgos y proyectos. Nadie está asegurado en TV. Claro cambiarse tiene un riesgo extra, ir a lo desconocido, pero quedarme y trabajar con mi equipo de siempre no significa que no los asumiremos; partiremos con un programa nuevo en marzo, seguiremos con Vértigo, ¡qué más riesgoso que lanzar un prime con Mega al frente con 34 puntos fijos de rating! O un reality de cocina como lo fue MasterChef que va en segunda franja, y que resultó un fenómeno de sintonía.

 —¿Qué, en definitiva, debiera ofrecerle un canal para conquistarla?

—Me cambiaría por un proyecto que me motive, por un equipo de trabajo en el que confíe. Siempre he pensado que me haría bien cambiarme alguna vez, pero insisto, con una propuesta que me haga crecer, que con mis herramientas como conductora pueda aportar y desplegar mi libertad para comunicar.

—¿No pasa por un tema económico entonces?

—Es importante, en todo ámbito la gente se cambia buscando mejores perspectivas, pero mirarlo sólo desde ese punto es cortoplacista, porque un excelente sueldo con un pésimo proyecto puede liquidar tu carrera.

—¿Cómo han vivido puertas adentro la baja sintonía que ha experimentado este año el canal?

—Estamos bailando con la fea después de un período súper exitoso y bien largo; hoy peleamos el segundo lugar, tampoco estamos tan mal. Por decisiones programáticas siempre se bajan proyectos, no dramatizaría con eso. El tema de los despidos ha sido doloroso, sin embargo, esta industria es tan chica, son tan pocos los profesionales que trabajamos en esto, que siempre hay otras perspectivas laborales para aquellos que no tuvieron cabida en un canal. No se le ha acabado la carrera a nadie, al contrario, de repente un ejecutivo despedido de un lugar puede resultar exitoso en otro. Las crisis son sinónimo de oportunidades, que la sintonía fluctúe, nos hace analizar el escenario en que estamos y plantearnos cómo reencantar a la audiencia, y no quedarse tocando siempre la misma tecla, igualándose a la competencia. Uno de los vicios más grandes de esta industria es que los canales empiezan a igualarse en su programación, porque si uno lanzó algo súper exitoso, los otros quieren sacar un pedacito de eso. Hay que renovarse constantemente, el público premia esa evolución, como ocurrió con el fenómeno de las teleseries turcas: fue novedoso, una apuesta, resultó y ganaron. Si nunca apostamos, jamás conseguiremos ese éxito tan rotundo.

—¿Qué busca la gente hoy?

—Emocionarse, identificarse o identificarse para emocionarse. Cuando se logra esa cercanía con alguna arista de una persona o de una historia, enganchas. ¿Quién iba a pensar que una teleserie turca, que transcurre al otro lado del mundo, doblada, grabada hace diez años, de ritmo lento, iba a cautivar? Y es que produce identificación, mucho más que otras teleseries chilenas. Es una relación clásica de amor a la que muchas mujeres aspiramos, con ese hombre todopoderoso, un macho alfa que te protege. Al final, no es tan lejana la historia, es mucho más universal de lo que uno cree; ahí está el éxito. 

—Lo que sí está claro es que el público no quiere más farándula, ¿por qué la crisis de este género?

—No hablaría de crisis, tiene más que ver con la forma en que se enfoca y cómo se presenta. La gente ha rechazado la mala onda, los personajes destructivos que en un momento despertaban el morbo, terminaron por saturar. Era lógico, a mí me producía un dolor de guata gigantesco, y no tiene que ver con la crítica, sino con la destrucción por la destrucción.

—¿Es un tema que conversa con su marido; conductor del buque insigne de la farándula (SQP)?

—Hablamos de este fenómeno y él lo tiene más claro que nadie. Cristián además se plantea de manera tan sana frente a estos contenidos… No hay nada más chupador de energía que alguien destructivo. Es positivo lo que ha pasado. La farándula también tiene historias que nos identifican y emocionan si son bien narradas. Si se estuviera muriendo, no me estarías entrevistando, porque al final ¿qué es farándula?, es querer saber qué le pasa a la persona que veo todos los días en televisión; la Diana está embarazada igual que yo, espera una niñita como yo. Hay una identificación, y yo pretendo entregar algún contenido que pueda servir. El mensaje que te di de la maternidad lo siento de verdad, y me encantaría decirles a todas las mujeres que tener hijos es lo máximo y que nada malo puede salir de eso. Se los digo a mis amigas cuando dicen: ‘ay voy a tener una guagua, voy a perder la pega, me va a reemplazar fulana no sé qué’.  Y si engordamos, si se nos caen las pechugas, si nos cuesta vestirnos, si nos vemos cuadradas, ¡¿qué importa?! Es un período que depende de uno llevarlo con dignidad y alegría.