Uno de nuestros mitos fundacionales es el aislamiento. Un país remoto, una población arrojada al enclaustramiento, un carácter que siempre necesita empinarse en la baranda para ver el mundo y, a través del reflejo en lo ajeno, encontrarse consigo mismo. Hemos hecho de los discursos sobre cómo somos los chilenos, creado alrededor de esa duda una ciencia inexacta y contradictoria, un ejercicio que ha ido conformando nuestra cultura como quien elabora una contraseña a largo plazo hecha de novelas, ensayos, canciones y películas. Un juego de espejos entre lo propio y lo ajeno, entre la mirada de los cercanos y la opinión del extranjero. ¿En qué consiste ser chileno y en qué no? Somos un adolescente que se aferra a una pregunta y la usa como estandarte para encontrar un lugar en el mundo. La serie documental La sangre tira (TVN) es parte de esa tradición que está más allá del mero audiovisual y que nos caracteriza como pueblo.


Lo mismo que Los patiperros o Voy y vuelvo, La sangre tira es una indagación cuidadosa, respetuosa y elegante. Es el sello del realizador Cristián Leighton que mantiene la rienda tensa en las historias pequeñas que, de alguna leve manera, nos lleva a otra mayor que hará eco en la propia vida del espectador. El documental juega con la diferencia entre el derecho de suelo y el derecho de sangre, la pertenencia a una tierra que no es la misma que la de los antepasados y la comunidad que dan los lazos familiares distanciados por la geografía. No es exactamente un documental sobre inmigrantes, porque sencillamente los protagonistas no lo son: Se sienten y son chilenos.


Nada más chileno que hablar como tal, porque quien domina nuestro tosco dialecto —aun manteniendo un leve acento— ya puede considerarse uno más. El extranjero en este caso es la familia, su historia y esa forma de vida que quedó atrás, amenazada por el olvido, la distancia y la muerte: Una mujer que llega a Armenia a enfrentar al padre con sus fantasmas, otra que busca en Croacia los rastros de otras épocas, un hombre que viaja con su hijo a Alemania a revivir el momento en que sus padres decidieron seguir a un predicador desquiciado hasta el otro lado del mundo. Las infinitas posibilidades frente a la pregunta ¿Qué hubiera sido de mí si ellos se hubieran quedado?


La sangre tira no sólo es el pequeño relato humano de un puñado de compatriotas que acude al llamado de su biografía familiar en ultramar, sino los destellos de algo mayor, de una inquietud sobre la identidad y los afectos. La serie describe y contrasta la manera en que diferentes culturas resuelven los momentos de ruptura, la forma en que reaccionan al conflicto y a la separación y los infinitos modos para buscar el reencuentro. Un fresco humilde y sutil que irrumpe como un espejismo de vida en medio de la ruidosa hostilidad de la programación de la pantalla abierta.