Hay días en que el Twitter de Bianchi hierve. Bastan una o dos líneas para que la mecha encienda. El lanza una frase que, a veces, tiene la contundencia de un buen gancho al hígado. No falta el que se siente tocado y ahí comienza todo. Un ejemplo: el viernes 5 de octubre Bianchi recordaba al triunfo del No sobre el ‘dictador’. A uno de sus 220 mil 500 seguidores le molestó el uso de esa palabra, ‘dictador’, y se lo reprochó: Por personas como tú siguen las peleas y divisiones. ¡Avanza compadre! No acostumbrado a rehuir el combate —sobre todo en la categoría Twitter—, a Bianchi le bastaron tres frases-uppercut para tirar a la lona a su retador.
—¿Sabes lo que pasa? Me cuesta quedarme callado. Sobre todo en las redes sociales, donde abunda la cobardía y la mediocridad. Me da risa la gente que escribe: Ya, poh, digan algo. Ustedes nunca dicen nada. Y mientras uno está con su foto, con el nombre real, ellos tienen la caricatura de Bugs Bunny  y un nickname de fantasía —cuenta, sentado a una mesa del Emporio La Rosa del parque Forestal, propiedad de su mujer, la Tere Undurraga.

En los últimos dos años, Bianchi se ha levantado como un severo crítico de la gestión de Sergio Jadue en la ANFP y, casi por extensión, de la labor de Claudio Borghi en la Selección Nacional. Lo que muchos no saben es que con el Bichi fueron amigos.
—En Chilevisión comentábamos los partidos de la liga italiana y alguna vez preparamos, en conjunto, un programa de radio. Hablábamos permanentemente. Teníamos una buena relación. Diría que éramos más que sólo amigos. Sin embargo, cada uno en su función ha hecho lo que tenía que hacer. He sido muy crítico porque me parece que hay suficientes razones para serlo. Lamentablemente él lo entendió como un ataque personal.
—¿Lo hablaron alguna vez?
—Sí, una vez, en Francia. De ahí no volvimos a conversar. Las relaciones están totalmente cortadas.

ASÍ COMO DON QUIJOTE LAS EMPRENDÍA CONTRA LOS MOLINOS DE VIENTO, el LO HACE CONTRA LAS DESPROLIJIDADES. Lo enervan, lo sacan de sí. La entrevista la hacemos un día después de un martes desprolijo: “Lo que me da rabia son los procedimientos mal hechos más que las cosas ideológicas. Ayer nomás fue un día de desprolijidad total: el caso de la licitación del litio, la libertad al asesino del barrista de Colo Colo, la absolución de Anarkía luego de ser acusado por violencia en los estadios. En todas estas situaciones hubo un procedimiento mal hecho, a veces un detalle, que redundó en el resultado, y creo que estas particularidades también son importantes en el fútbol. Si uno analiza lo que ha pasado en el último tiempo con la Selección y con la ANFP, te ves obligado a poner el foco en los procedimientos”, dice Bianchi.
Lo que más le inquieta es el deterioro que ha sufrido la marca de la Roja. “No es casualidad que en ninguno de los partidos que jugó Chile como local el estadio se haya llenado. La sensación ambiente es que esta Selección no tiene ni el cariño ni la credibilidad que tenía la anterior. En la última revista Capital viene un artículo que mide el valor de las marcas chilenas, y el de la Selección tuvo un alza del 93 por ciento durante el período 2009-2010. Pero en estos últimos dos años ha bajado progresivamente”, explica.
—¿Y eso es responsabilidad  de la administración de la ANFP?
—Yo soy de los que cree, como imagino le ocurre al 99 por ciento de los chilenos, que la Selección es sagrada. Y por lo mismo me cuesta entender que habiendo conseguido mejorar en ciertas cosas que eran un déficit permanente —disciplina, dinámica, la profesionalización del trabajo— se haya cortado un sistema por razones externas. Eso da rabia. Era un proceso bastante ideal y de repente, por peleas internas, todo se vino abajo…
—Después del último partido con Colombia, escribiste que todo se había descontrolado y que habías recibido en carne propia parte de ese descontrol, ¿qué pasó?
—Para mí no han sido agradables estos dos últimos años con la ANFP y la Selección, porque ellos asumieron que las críticas tienen que ver más con una postura respecto de las personas que con planteamientos de fondo. A mí me da lo mismo Mayne Nicholls y me da lo mismo Jadue. Pero hay cosas que no me dan lo mismo: como que el presidente de la ANFP tenga problemas judiciales; no me da lo mismo que el vicepresidente de la ANFP haya tenido que hacerse cargo de las platas de la Selección y que tuviera en su momento 150 cheques protestados en DICOM; no me da lo mismo que uno de los vicepresidentes de la ANFP esté ausente, viva en otro país, y que no hable con nadie; no me da lo mismo que haya tanto poder en las sombras ni todo lo que ha pasado con Colo Colo y su relación con la Garra blanca. Entonces, cuando Chile quedó primero tras ese partido con Venezuela, hubo varios dirigentes que se acercaron y me dijeron: ¿Qué vai a opinar ahora, conchetumadre? Y yo siempre he dicho lo mismo; no he cambiado un ápice mi visión respecto de cómo creo que se deben hacer las cosas, qué significa hacerlas bien y hacerlas mal. Y en esta administración, claramente, las cosas se han hecho muy mal.

Bianchi dice que no es exactamente un Bielsista. “Soy admirador de lo que hizo, pero también de lo que realizó Riera, Jozic en Colo Colo, de Pellegrini, de Mourinho. Son nombres muy distintos. Lo que me gusta de ellos no es algo estrictamente futbolístico sino sus sistemas de trabajo”.
Entonces, como si fuera un mago que saca de la chistera un conejo, despliega una teoría sobre los técnicos. Una suerte de taxonomía que prescinde de las clasificaciones típicas, ofensivos/defensivos, resultadistas/estéticos.
—Creo que los técnicos se dividen entre quienes acompañan al grupo y los que lo ordenan, en el sentido de dar órdenes y organizar el desorden. Los deportes de conjunto son básicamente desordenados, si tú no estableces un orden no resultan. Los técnicos que acompañan corren un riesgo muy grande porque dependen de cómo ande el jugador. Si tiene una buena tarde Vidal, Sánchez y Medel, Chile gana; si no, Chile pierde. Yo prefiero los técnicos que intervienen sus equipos; que tienen una idea futbolística que no depende de los jugadores. Por eso me gusta Bielsa, Mourinho, Guardiola.
—Es de suponer que Borghi está en la vereda contraria.
—Borghi es de otra escuela. No entiendo, por ejemplo, que en los técnicos sea valorada la motivación que le puedan dar a sus jugadores y no el acto de corregirlos. No entiendo a esos entrenadores que alegan, como lo hace Borghi, no soy un papá para andarles diciendo lo que tienen que hacer en términos disciplinarios.  ¿Y entonces por qué siente que puede motivarlos?, ¿por qué no podría ordenarlos?, ¿por qué la mitad difícil no se hace y la simple sí?, ¿qué gracia tiene motivar a un tipo que juega en una selección y que gana millones de dólares?
—Pero la campaña de Borghi, antes de asumir la Selección, no había sido mala. Sólo recuerda lo que hizo en Colo Colo…
—Es un buen técnico de club, pero se equivoca al querer replicar el modelo en una selección. En este sentido, el sistema de Borghi no ha funcionado. La característica principal de este proceso ha sido la indisciplina. En todas las fechas ha habido problemas, incluso con el cuerpo técnico. Lo que pasó en el partido con Venezuela, más allá de si Borghi dijo palabras de más, fue la fotografía de una banca fuera de sus cabales… ¿Qué ha pasado en este tiempo que en todas las fechas clasificatorias Chile se manda un numerito? Aquí hubo un cambio de paradigma y ese cambio a mí, al menos, no me gusta. Hoy no me siento orgulloso de Chile como sí me sentía hace tres años.
—¿Cómo piensas que debe sentirse Borghi?
—Complicado. A mí me parece que aquello que lo ha frenado para convertirse en un gran entrenador, es que sigue siendo un jugador. Y un técnico no puede ser eso, un técnico es quien debe dar los lineamientos, las órdenes. Un técnico tiene que ser capaz de decirle a Llorente, ¡te fuiste!, aunque sea el mejor jugador de toda la temporada anterior. Si no te hace caso, al otro día ¡te fuiste! y eso lo ha hecho Borghi, pero a golpes, en circunstancias que lo que debería hacer es cambiar su paradigma disciplinario.
—Y si las cosas empeoran, ¿ves factible un relevo en la dirección técnica?
—Me da miedo que haya un cambio a estas alturas, porque quién va a venir, y a qué va a venir. Si vas a pasar de Bielsa a Borghi, y de Borghi a Sampaoli, y en el supuesto que le fuera mal a Sampaoli vas a terminar entregándole la Selección a Garcés o a Acosta, ¡eso es lo peor que podría pasarle a una selección! Veo con terror que una de las generaciones más perfectas futbolísticamente hablando puede estar perdiéndose.
—¿Ves a Chile fuera del próximo Mundial?
—No me gusta como juega Chile. Hoy, Argentina, Colombia y Uruguay son más. El cuarto cupo debería salir de entre Venezuela, Ecuador y nosotros. Hay opción de clasificar, pero hay que apretar hartas clavijas; de otro modo esto se va a complicar muchísimo.

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