Tonka Tomicic llega dispuesta a una metamorfosis. Aparece en el salón con su pelo castaño, en jeans y polera gris. Su look es más bien invernal. Allí la espera un equipo de profesionales que la convertirá en rubia, con toda la carga simbólica que esto implica. Como Marilyn Monroe dejó claro gracias a su personaje en Los caballeros las prefieren rubias. Eso sí, lo de Tonka no es un platinado al estilo de Lorelei Lee, sino un rubio miel de Garnier Nutrisse.

Algunos brotes en los árboles anuncian el cambio de estación y la animadora de Bienvenidos se entrega a las manos de los estilistas. Dice que no le teme a los riesgos. Ni a los pequeños, como puede ser el cambio de  color de pelo, ni tampoco a los grandes. Menos ahora que se reencontró con la fe en un proceso donde siempre la acompañó su marido, Marco Antonio López, y que incluyó una conversión al judaísmo por amor. Es el cambio de Tonka a una estación más espiritual y colorida.

—¿Cuál  ha sido su mayor riesgo?

—Tomo todos los días como una gran aventura. Trato de concentrarme en el día a día. No me quedo pegada en el pasado y acoto las fantasías futuras.

—¿Nunca ha sentido que salta al vacío?

—Sí, pero cada vez que he tenido que saltar ha sido con el estómago y con el corazón.

—¿Su matrimonio con Marco Antonio Leiva (Parived) fue un salto?

—Nosotros somos pareja, somos familia hace muchos años. (Se queda pensando). Te voy a decir algo que nunca he contado: la aventura más emocionante y transformadora —de la que al principio no me percaté, pero que ahora veo con claridad— ocurrió en calle Lyon, camino al auto que había estacionado cerca de Eliodoro Yáñez. Miré al hombre que gentilmente me acompañaría y, sin pensarlo, lo tomé firme del brazo, como si ese gesto fuera cotidiano entre nosotros. Caminamos juntos queriendo que el tiempo no pasara y, de hecho, seguimos hasta el día de hoy más unidos que nunca. Soy afortunada de compartir lo cotidiano y lo extraordinario con un ser humano espectacular, sólido, inteligente, pero sobre todo conectado espiritualmente. Una luz única y misteriosa.

—¿Y le faltan aventuras por vivir?

—Muchas. Me encantaría tener un rol social, trabajar por una causa. Devolver todo lo que la vida me ha dado y que es mucho. Me siento una afortunada y privilegiada. Agradezco todos los días desde que me levanto y puedo ver mis dedos (Cierra los ojos y luego los abre para observar sus manos) hasta la familia que tengo. ¡Es tan fácil perderse!

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—¿Se sintió perdida?

—Pasé una época desconectada de la fe, pero hoy la tengo profundamente arraigada.

—¿De qué religión?

—Es una fe en Dios.

—Se lo pregunto porque se casó por el ritual judío.

—Sí, para casarme tuve que convertirme. Me convertí por amor. Pero no me siento de una religión. Me siento conectada a Dios.

—El matrimonio es un ritual, ¿por qué decidieron hacerlo así el 2014?

—Porque sentimos que era maravilloso hacer una trenza invisible y darle un sello divino a nuestra relación. Fue un paso que los dos vivimos como necesario. No como una garantía de felicidad, sino como algo profundo en el alma.

—¿Siente que podría sellar su relación con otro paso como es tener hijos?

—Ojalá tenga la suerte de poder ser mamá.

—¿No se ha dado?

—Bueno, una propone y Dios dispone. Las cosas se van dando. Tengo 41, así que hay unos añitos todavía. Ojalá tengamos la suerte y la bendición de ser mamá y de ser papá. Esperamos de corazón tener una oportunidad.

—¿Usaría la ciencia?

—Si fuera necesario aprovecharía la ciencia al ciento por ciento. Pero también creo que sabría cuándo parar; desapegarme de algo que no te corresponde.

—Pasó por un momento de desconexión espiritual ¿En qué etapa de su vida?

—Coincidió con una vorágine laboral hace unos años. Cuando una comienza a trabajar en los medios, lo más difícil es el nivel de exposición en los programas de farándula y en las redes sociales. Entonces, la única manera de sobrevivir a los comentarios y a las mentiras es haciéndose fuerte internamente; centrarse en uno. Así lo hice, y en eso mi marido me ayudó mucho. Me gusta la mujer en la que me he transformado. Hace unos dos años que me siento ‘al cien’, con mucho camino todavía por recorrer, pero cómoda en mi ser.

—¿La muerte de Felipe fue una prueba?

—Lo de Felipe (Camiroaga) me mostró lo frágil que es la vida. En ese sentido, también fue un gatillante en reencontrarme con la espiritualidad. Pero yo he tenido pruebas de fe increíbles.

—¿Cuáles?

—Mi hermana casi se murió y hoy ella está como nueva. El director clínico del lugar donde finalmente llegó nos dijo: “Si vive, no sé como va a vivir”. Pero nosotros activamos cadenas de oración, energéticas y de amor que hizo milagros. He tenido pruebas de fe maravillosas ¡Reales! Y otras que no te  puedo contar (ríe).

Dolor por Nabila

Tonka ya es rubia. Llega a la sesión de fotos y es toda color. En el backstage flotan pañuelos Hermès con estampados vibrantes. Frente al espejo, la animadora se concentra como si fuera a practicar un deporte de alto rendimiento.

—¿Qué dijo su marido de este  cambio?

—Le encantó. “Te ves bella”, me dijo. (ríe). He tenido el pelo de todos los colores y creo que hay rubios y rubios. Este es cálido, miel y me encanta. Es la metamorfosis que se necesita para la primavera.

—¿Los caballeros las prefieren rubias?

—Creo que los hombres tienen debilidad por las rubias. Siempre una rubia llama la atención. Ahora, lo importante es que esa atención se mantenga en el tiempo.

—¿Son las  castañas más inteligentes?

—No, eso lo inventamos nosotras (ríe).

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—¿Por qué entonces el mito de que las rubias son tontas?

—Ese mito lo inventaron los hombres, pero lo alimentan las mujeres: podemos ser muy poco solidarias entre nosotras.

—¿De qué forma?

—Participé en una de las marchas por #NiUnaMenos y fue muy especial ser parte de ese momento. Pero unas semanas más tarde, Cathy Barriga fue noticia por algún tema en particular. ¿Qué respuesta obtuvo de las mujeres? Bullying. No de todas, pero una gran cantidad la criticó con prejuicios hirientes. ¿Dónde había quedado la empatía de nuestro género? Si realmente actuáramos unidas, nos convertiríamos en el sexo fuerte. No pierdo la esperanza.

—Se aprobó la ley que reconoce el derecho de la mujer a decidir si aborta en situaciones como peligro de muerte, inviabilidad fetal y violación. ¿Cuál es su opinión?

—En lo personal, estoy absolutamente en contra del aborto, pero no soy quién para imponer mi visión a otros. Por eso, estoy de acuerdo en que se haya aprobado la ley en tres causales que le da garantías a una mujer que piensa distinto para decidir en una situación extrema. A su vez, quienes no piensan así tienen la garantía para seguir adelante con su embarazo.

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—¿Tomaría un riesgo para hacer algo distinto al matinal?

—Lo que pasa es que la industria está súper difícil. La tele está difícil, los programas súper acotados. Hoy, el mejor espacio para estar, trabajar y crecer son los matinales. Es más, en la televisión de ahora, los nuevos estelares son las mañanas.

—Fue un año complicado: el doctor Soto fue ‘congelado’ y Bienvenidos (Canal 13) debió hacer un mea culpa por el tratamiento que se dio al caso de Nabila Rifo.

—Ha sido un año con algunos escollos para el programa; con momentos duros para el equipo que significaron cambios profundos y la partida de Pablo Manríquez, director y fundador de Bienvenidos. Además, están los costos comunicacionales que se asumen grupalmente, porque no hay otra forma de restablecer las confianzas en un grupo humano cuando hay fallas en la cadena.

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—¿Le dolió lo ocurrido?

—Me duele hasta el día de hoy porque es un caso que, desde el primer día, me tocó profundamente. Se trata de la historia dramática de una mujer que debe recomenzar su vida después de un ataque brutal, horrible. Este fue un error que reconocimos como Bienvenidos y por el cual hemos pagado las consecuencias, pero que no representa ni nuestro espíritu ni a nosotros como seres humanos. Con Martín (Cárcamo) decidimos pedir disculpas inmediatamente porque lo sentimos en el alma y es nuestro trabajo poner la cara, tanto para las buenas como para las malas noticias.