Hay fuerzas que son invisibles. Fuerzas que apenas notamos pero que pueden definir una realidad, torcerla o reafirmarla. La poseída es una teleserie sobre esas fuerzas: sobre el poder de la religión, de la medicina y la política disputándose el cuerpo de una mujer o de muchas mujeres.

Santiago es una ciudad pueblerina y Chile una joven república bajo un gobierno progresista que enfrenta las críticas de una oposición conservadora y religiosa. Carmen vive en un internado católico para niñas de sociedad, pero ella es pobre, es hija de la dueña de una chingana, algo demasiado parecido a un prostíbulo como para que su filiación pueda hacerse pública. Es un secreto entre la madre, la hija y sor Juana, la superiora. Las monjas se encargan de su educación y ella retribuye trabajando en las labores de aseo del lugar. Carmen debe soportar las burlas de sus compañeras que la acosan, le dicen ‘la huacha’ y la mantienen al margen de sus juegos. La poseída presenta una trama situada a fines del siglo XIX, en medio de la efervescencia del cambio social del momento. El aspecto inesperado surge cuando Carmen comienza a sufrir extrañas alteraciones de conducta que son interpretadas como signo de que el diablo anda cerca. A esto se suma el suicidio de un cura. Carmen está endemoniada, dicen los religiosos. Un joven médico cree que sólo es un trastorno de su mente.

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La nueva serie de TVN —inspirada en un caso real recopilado por el escritor Patricio Jara bajo el título de La endemoniada de Santiago— es una apuesta de época ambiciosa, que pone en escena los cambios políticos y sociales que vivió el país a fines del siglo XIX. El caso de la posesión de una joven aparece como una suerte de metáfora de una crisis mayor, de la que no se libran ni las relaciones de pareja ni las tensiones entre deseo sexual y disciplina religiosa. 

La producción se sobrepone a un dejo teatral de la puesta en escena —muy usual en las series de época locales—, algunos fallos de musicalización y a ciertas debilidades en la ambientación de exteriores, gracias a un guión bien urdido entre una trama misteriosa y el fondo histórico que la sustenta. Destacan las actuaciones de un reparto femenino notable. Amparo Noguera, Francisca Gavilán, Antonia Zegers y Luciana Echeverría logran personajes atractivos, más allá de la anécdota, dueños de un carácter a la medida de las restricciones que sufrían las mujeres en su época. La poseída puede verse como una mezcla de El exorcista, Carrie y Martín Rivas, pero también como una ficción para las masas que usa la clave del misterio y el terror como carnada para contarnos un conflicto mucho más profundo y terrenal que las vicisitudes del demonio.