Sabe de dolores profundos, de tocar fondo, pero también de levantarse y seguir adelante. Como ocurrió con la bullada infidelidad y su posterior separación del actor Felipe Braun en 2010, después de cuatro años de aparente feliz matrimonio. Luego, cuando al fin Mane Swett (36) parecía haber alcanzado la estabilidad al lado del periodista norteamericano John Bowe —con quien tuvo a su hijo Santiago (3)—, un inesperado quiebre de la pareja (que la trajo de regreso a Chile el 2013, tras una breve convivencia en Nueva York), volvió a golpearla fuerte. Pero esta vez el dolor fue distinto; Mane tenía un hijo por quien luchar, por lo que muy rápido se armó de valor, secó las lágrimas y siguió adelante. No había tiempo de derrumbarse ni tampoco se permitió sufrir. A su regreso, vendió la casa que tenía con Braun en Ñuñoa, se compró un departamento en El Golf y se abocó a su trabajo en TVN, canal con el que hace unas semanas renovó contrato para protagonizar la próxima teleserie de las 20 horas, a pesar de las tentadoras ofertas de Mega y de Canal 13 para que se integrara a su área dramática.

Estaba tan convencida de que no había tiempo de lamentarse, que hoy, tras casi dos años de la ruptura, reconoce que nunca vivió el duelo. Aun así, no se le aprecian a primera vista “heridas de guerra” ni secuelas visibles; sin embargo, basta conversar un poco con ella para darse cuenta de que esta nueva decepción amorosa la marcó a fuego. Dejó de creer en el amor, menos en uno para toda la vida, aunque no se cierra a la posibilidad de un nuevo hijo. “Tengo cero confianza a la opción de vivir en pareja, al invento de la familia, de que hombre y mujer envejezcan juntos, ¡imposible!”.
No revela los motivos de su separación con Bowe porque no sabe tampoco si algún día se los contará a su propio hijo. Aun así, reconoce que lo pasó mal y, tal como lo hizo en su primera ruptura con Braun, admite que se la jugó por completo para salvar su relación. “Pero no se pudo nomás y di vuelta la página. Cuando yo cierro algo, lo cierro para siempre, ¡no hay vuelta atrás”, dice tajante.

Es que si la vida le ha enseñado algo es a ganar fortaleza, decisión, a hacerse cargo de sus actos y a asumirse. Y así como en un minuto le pesó no cumplir con el prototipo de mujer que su mamá esperaba de ella y temía las penas del infierno por ser separada y madre soltera, hoy no sólo se siente tranquila; también orgullosa de su valentía. “Siempre me las he pelado sola y hoy criar a mi hijo así, ¡más me empodera! He ido soltando prejuicios, culpas; lo paso mejor en la vida siendo más libre. Es primera vez que me siento con tranquilidad, con bienestar permanente, lejos de las sensaciones extremas”.

—¿Cómo lo consiguió luego de pasarlo tan mal?

—Un hijo lo reinventa todo; en mi caso, reiventó mi personalidad, mi grupo de gente y de trabajo. El ha sido mi motor. A los niños no hay que responsabilizarlos ni culparlos de lo que te pasa, sin embargo, Santiago me cambió la vida, todo es para y por él. Hoy mi pega será abrir espacios para que entre más gente a mi vida; me he cerrado mucho.

—Y ha estado muy silenciosa también, poco se sabía de usted este tiempo.
—En el canal me permitieron no hacer prensa y preferí mantenerme al margen. Y si se supo menos de mí, la verdad no me doy cuenta; no tengo redes sociales ni veo TV.Mane-04

—¿Por qué tan aislada?
—Esa sensación de inmensidad me abisma. Ser madre y padre me tiene tan ocupada, que escuchar la opinión buena o mala onda de gente que no me conoce, me marea. No tengo el tiempo ni la capacidad mental para hacerme cargo, entonces no me entero de nada. Es un mecanismo de defensa para resguardarme y me sale natural. Con decirte que ahora ni siquiera veo el mail, solo WhatsApp.

Luego de grabar la serie chilena-norteamericana Dueños del paraíso (2014) y tras vivir siete meses sola con su hijo en Miami, la actriz llegó en mayo a Chile dispuesta a centrarse solo en el presente. “Eso quiere decir que todo lo que me sucedió antes fueron etapas que tuve que superar para estar como me siento hoy. Vivir afuera sola con Santiago fue una decisión consciente que significaba distanciarme de mi mundo y desarrollar mi rol de mamá sin ayuda. Tuve que hacerme cargo; antes me daba miedo que todo dependiera de mí”.

—¿Cómo ha sido ser padre y madre?
—Muy difícil. Lo más complicado es poner los límites y tomar las decisiones sola, no tener a quién preguntarle. Es importante un compañero con quien pimponear, tener un feedback. Dos manos son poco, no me alcanzan para todo, las otras dos me hacen una falta heavy. Al final todo es responsabilidad mía, quizá por eso he caído en la sobreprotección.

—¿De qué manera su ex pareja se hace presente en la crianza de Santiago?

—Por un tema de distancia (él vive en Nueva York) e idioma, trato de preguntarle lo menos posible; al final, ¡termino más confundida! Y aunque John hablara español perfecto, igual es otra cultura y mentalidad; tenemos puntos de vista demasiado distintos, aunque puedan ser igual de correctos.

—Nunca ha dicho por qué terminó la relación con su ex.
—Podría responder algo políticamente correcto, pero me da lata mentirte. Es un tema súper personal que no creo que algún día vaya a contar. Lo pude mantener súper en privado, por mucho rato nadie sabía nada.
La pareja se conoció en 2010 en Río de Janeiro, hasta donde viajó la actriz como parte de una terapia para cerrar el capítulo de su doloroso quiebre con Felipe Braun. En el comedor de su hotel conoció a John Bowe, quien en ese momento realizaba una entrevista para el New York Times. La química fue tal que no se separaron más. “Es un hombre genial, de mundo, cariñoso, sensitivo. Fue una conexión inmediata, mágica, casi astral. Cuando lo vi dije: ‘él va a ser el papá de mi hijo’, contaba la actriz por esos días, quien al año quedó embarazada de Santiago.

—La gente que sabía su historia, estaba muy contenta por usted, por esta nueva relación que iniciaba.
—¡Yo también! Aunque yo regresaba a Chile.

—Pero, supuestamente, llegaba con él.

—Claro, al final las cosas cambiaron, y no… Pasó que no me di cuenta hasta meses después que no había resultado. Estaba tan enfocada en Santiago, que los dolores de amor ya no duelen tanto.

—¿Fue muy distinto a su quiebre con Felipe Braun?

—Totalmente, no por mí; mi hijo me obligó a estar bien. No había tiempo ni espacio para caerse. A lo mejor es exagerado, pero así lo vivo yo. Hoy nada me bota, ¡nada ni nadie!, ni un desamor, ni un fracaso, ni una pérdida ni el dolor más grande que no tenga que ver con él. Es fuerte, y me preocupa en lo sentimental porque nunca más tendré una pena de amor.

—¿Puede estar segura de eso?

—Nunca más experimentaré una pena si no llegara a resultar una relación. Siento que me recuperaré de cualquier cosa, aunque suene frío. Qué heavy será encontrar a alguien, llevar cuatro años, terminar y al día siguiente estar bien. Nunca más me caeré al hoyo, ¡nunca más! Eso por un lado me tranquiliza, pero qué pena por el hombre que le toque estar ahí.

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—Dice que demoró en darse cuenta de que su relación no funcionó, ¿qué pasó ahí con usted?
—Han pasado tres años ya. A esa edad aún tenía la ilusión de una familia de cuento, tener hijos con un mismo marido. Estaba segura de que sería esta vez, ¡tenía que resultar!, y cuando no pasó, solo me enfoqué en que mi hijo estuviera bien.

—¿No hizo el duelo?

—No lo hice…, y no lo voy a hacer. A estas alturas no vale la pena, ha pasado mucho tiempo…

—¿Tampoco se la jugó?
—Sí, hasta el final. Es parte de mi personalidad darlo todo, donde incluso me paso a llevar. Por un amor y por el trabajo no tengo orgullo, la peleo hasta el último.

—¿Y cuándo dice ya no más?, ¿hasta dónde batalla?
—¡Hasta que me lleven presa! (ríe) Cuando veo que hice todo, todo, ahí me doy la vuelta y camino para otro lado. El tema es que cuando tomo esa decisión me voy al otro extremo, me reinvento y no vuelvo atrás. Y eso con un hijo se ha vuelto brutal. Como mujer me he tenido botada en ese sentido, he dejado de preocuparme de mí, ¡imagínate que ni siquiera viví el duelo!

—En algún momento le pasará la cuenta.

—¿Tú crees? De alguna manera lo hice, de lo contrario, no podría estar tan tranquila. John será el papá de mi hijo toda la vida, entonces ya lo miro con otro prisma: le tengo cariño, lo admiro, lo quiero; yo misma lo voy enalteciendo. Necesito que me dé una sensación de orgullo, de que es una buena persona, que es un tipo bacán. Santiago es igual a él y en el futuro irá pareciéndose más.

—¿Qué relación mantiene con su ex?
—El viene a Chile cada dos meses, se queda muy cerca de nuestra casa para tener una dinámica de verse a cada rato. Por primera vez se lo llevé hace unos días a Nueva York. No estaba preparada para entregárselo, por eso me fui con él y me alojé cerca sin que Santiago supiera, para que los dos creyeran que estaban solos (ríe). La idea era que compartieran en la medida que nuestro hijo se fuera acostumbrando. Lo más triste para mí, es que a futuro Santiago obviamente querrá irse a estudiar a Nueva York, y ahí no sé qué haré… Mientras, fue el primer paso para empezar a soltar. Y una de las razones de irme a Miami el año pasado fue para que estuvieran cerca.

—¿Intentó una reconciliación esa vez?
—No, cero. Te dije que cuando tomo una decisión, no hay vuelta atrás.

“Ahora soy feroz… de drástica. No creo en el amor, ¡punto! Si me preguntas ¿cómo me visualizo a futuro?, con más hijos, pero yo como el centro de la familia, sin ninguna relación estable”, sentencia la actriz.

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—Eso demuestra una profunda decepción con los hombres.
—Total, y no solo con ellos, sino cero confianza a la opción de vivir en pareja, al invento de la familia, de que hombre y mujer envejezcan juntos, ¡imposible! Creo sí en alguien que te acompañe durante un proceso, pero no para siempre. Estoy abierta a conocer a alguien, aunque cercanos me dicen que por mi actitud no se me nota; ¡qué terrible!, porque tampoco quiero actuar de una manera que no soy.

—¿Qué tipo de compañero necesita hoy a su lado?

—Un compañero con ganas de integrarse a mi familia que somos Santiago y yo, y que lo quiera como a un hijo. En eso puede ayudar que también sea padre, aunque todo puede ser, hasta un toy boy o un universitario podría ser. Estoy abierta a todo, no tengo prejuicios con la edad, y estoy en una etapa en que les gusto a cincuentones y veinteañeros. Pero no estoy desesperada, muy tranquila y con cero culpas. Quizá la sentiría si no tuviera buena relación con mi ex, en eso he sido matea. No somos amigos, pero nos llevamos bien. Me preocupo de trabajar mi opinión sobre él, de mantener su imagen limpia. Odio a las mujeres que despotrican en contra de los padres frente a sus niños; le haces daño y formas a una persona resentida.

—¿Le tocó vivirlo como hija de padres separados?

—Mis papás no supieron llevarlo bien en ese sentido, por tanto, soy consciente de lo que no tengo que hacer. Creo que hasta cierta edad a los niños hay que privarlos de decirles la verdad, que no significa mentirles, sino que evitas contaminarlos. Tras mi separación con Felipe me frustré por no cumplir mi sueño familiar, me costó mucho asumirlo, pero hoy me siento una mujer súper exitosa en todo. Y es porque me pongo metas chicas, tan así como vivir el día o llegar con Santiago sanos y salvos desde Tunquén, entonces por las noches me duermo como una ganadora.

—¿Cómo ha logrado llevarse bien con sus ex, sobre todo con Braun por quien sufrió tanto?

—A pesar de lo bueno y lo malo, no me equivoqué con quien me casé ni tampoco con el padre de mi hijo. Son excelentes papás, amigos… Con Felipe no tengo una amistad, lo veo muy poco, pero cuando nos encontramos, lo abrazo con sinceridad. Siento que han pasado cien años desde que nos separamos…

—¿Cuándo se liberó de los prejuicios de ser separada y madre soltera?

—El otro día pensaba que no me parezco nada a como era antes. Hice todo lo que no se debía y para lo que me educaron, partiendo por ser actriz, viví con mi pololo, me separé, fui madre soltera, ¿suficiente? Era típico de mi mamá que no podías convivir, que las separadas eran mal vistas, que la virginidad… Se dieron las cosas, pero yo también fui cambiando de opinión. Me siento orgullosa de criar a mi hijo sola; cero enjuiciada ni avergonzada. Soy una “bacana” por hacerlo bien, por tener la fortuna de darle lo mejor. ¿Sabes?, ¡me siento libre!

—¿Cómo manifiesta esa libertad en lo cotidiano?
—Desde chica fui independiente y autovalente en lo económico, siempre me las he pelado sola, entonces ser mamá soltera, ¡más me empodera! Lo paso mejor siendo más libre, con menos prejuicios y culpa. Antes la sentía por todo, hasta de los malos pensamientos, ¡imagínate! Era desconfiada, selectiva. Ahora me río más, lo paso mejor, me relaciono más con la gente porque no juzgo a nadie. Ya no me avergüenza ser como quiero, mostrar mi lado tranquilo. No soy muy conversadora, pero siempre tuve la presión social de ser otra para que no pensaran que era fome, pesada o que no tenía tema. Me costaba decir no, trataba de mimetizarme con el resto para pasar piola, tengo un lado muy tímido que he ido trabajando. Hoy me permito quedarme en silencio, ¡y me cambió la vida! Hoy me permito todo.

—¿Qué es todo?

—¡Todo!, mi único límite son los niños y el trabajo. Como adulto puedes hacer lo que quieras con tu vida desde tomarte un año sabático, pegarte un viaje hasta tu libertad sexual, pero sin que eso afecte a tu hijo ni tampoco tu pega. O sea si vas a grabar, tienes siempre que llegar a la hora, con el texto aprendido, sanita, para no afectar el trabajo de los demás.

—¿Por qué a pesar de las tentadoras ofertas de Mega y del 13, terminó renovando con TVN que atraviesa un mal momento?

—Todas las ofertas fueron buenas, me costó mucho tomar la decisión, piensa que en Mega está la Quena Rencoret y toda la gente de TVN; el 13 es mi ex casa… Lo que hizo quedarme fue finalmente el corazón. Tengo un compromiso con TVN y siento que aún me quedan cosas por hacer. No puedo retirarme cuando el barco se está hundiendo, hubiese sido cobarde de mi parte; era arrancar, no dar la pelea hasta el final. Yo quiero hacer mi jugada.

—Todo apunta a que Jorge Zabaleta parte a Mega, ¿tampoco le pesó?
—Mucho, tal como cuando me vine del 13 a TVN, en que tuve que tomar la decisión sin saber lo que haría Jorge. No podía presionarlo, a él le faltaba mucho aún para decidirse.

—¿Cuál cree que es la razón de la crisis de audiencia de Televisión Nacional?
—La caída del canal venía de antes, sólo que no se logró visualizar. En lo personal creo que no importa lo que TVN transmitiera, el público no lo iba a ver porque está relacionado con el gobierno. Lo digo desde mi ignorancia e inexperiencia, pero quizá mucha gente que está descontenta con las cosas que han pasado, y no quiere nada relacionado con éste, lo que es injusto porque los que estamos ahí no tenemos color político a la hora de trabajar. Creo que los despidos masivos de TVN han generado rabia, y eso fue la guinda de la torta. Si a la gente de afuera le dolió, imagínate a nosotros que estamos adentro. Y creo que sigue sucediendo