No le fue fácil al principio posar provocativa, ni entregarse a los brazos de un ‘modelito’ francés cubierto de tatuajes. A medida que avanzaba la sesión de fotos, Diana Bolocco (35) se fue sintiendo sexy, siguiendo el juego y mostrando su lado más seductor, actitud que refleja la transformación que ha ido ocurriendo en ella en estos últimos años. Diana experimentó un cambio personal: entendió que podía ser conservadora pero también sacar afuera su lado liberal. Soltó amarras, ataduras que la reprimían y empezó a atreverse en todo: después de mucho negarse, ingresó a la TV; puso fin a su matrimonio y siguió adelante sola con sus dos hijos Pedro (12) y Diego (9). Dejó de ser la conductora seria y recatada —que intentó ser en un principio— y dio rienda suelta a su chispa y espontaneidad, decisión que hoy la tiene convertida en una de las animadoras más cercanas y creíbles. Y aunque en un minuto llegó a pensar que el matrimonio no valía la pena, se arriesgó a enamorarse de nuevo y a formar familia con Cristián Sánchez, con quien tuvo a Facundo (1) y también se casarán antes de fin de año.“Me atreví a ser yo, y gané sentirme libre y consecuente con lo que quiero, con lo que me mueve y apasiona. No hay nada más liberador que ser uno misma”.

Hace 25 años salió a la luz por primera vez como la hermana menor de la entonces recién coronada Miss Universo Cecilia Bolocco (1987): una niña de 10 años, de gran parecido con la reina de belleza y que se manejaba muy bien ante las cámaras. A medida que la fama de Cecilia aumentaba, más conocida se hacía Diana, ya que eran inseparables. La acompañaba a entrevistas, programas de TV, pasaba temporadas enteras con ella en Miami, y hasta grabaron juntas en esos años un comercial para una línea de cosméticos.

diana-vertical-3Sobre cómo le cambió la vida este repentino estrellato de Cecilia, Diana casi no tiene recuerdos. “Crecí con esta hermana ultraconocida y querida, acostumbrada a que me preguntaran más de la cuenta, y se fijaran en mí… Cuando adolescente me molestó no ser tan anónima, era fuerte que te miraran, me daba pudor. A los 12, 13 los niños son crueles, y había prejuicios de que era pesada, qué sé yo. Lo que más me cargaba era que me trataran como ‘la pequeña princesa’. Soy bien masculina para pensar: práctica y poco enrollada; jamás me vestí de rosado, entonces todo eso ¡me daba monos!”.


—¿Y a Cecilia cómo la veía entonces?

—Tenemos doce años de diferencia, siempre fue independiente y adulta, mucho más que mi otra hermana (Verónica), por eso adoptó conmigo el rol de protectora. Me cantaba canciones para dormir, era muy cariñosa… A cierta edad quería ser como ella, ¡obvio! Con mis amigas nos probábamos sus vestidos, los traje de baño Catalina, bien ochenteros y rebajados de pierna (ríe). Y hacíamos desfiles, nos grabábamos…


—¿Cuánto influyó ella en usted?

—Mucho, al igual que mis otros hermanos. Cecilia tiene una personalidad fuerte que me identifica, y que viene de mi papá. Verla a los 22 enfrentarse sola al mundo, viviendo en Los Angeles, fue un referente positivo que me marcó.

“Jamás quise ser miss; creo que Cecilia tampoco. Sus motivaciones eran ganarse el auto, trabajar, nunca ser ‘la’ reina de belleza de Chile. La identificaban otras cosas, y al final la vida la llevó por ese camino”.


—Usted tampoco quería trabajar en TV, ¿cuándo se abrió a esa posibilidad?

—Tiene que ver con un estado interno y con sentirte preparada. Antes sentía que me buscaban por ser la hermana de Cecilia. En un minuto esta posibilidad se cruzó con un momento de mi vida en que me planteé probar. Fui mamá muy chica (a los 23), dejé mi vida en pausa por criar a mis hijos, en una parada mucho más adulta que hoy incluso, y la TV no era tema.


—¿No quería una vida tan expuesta como la de su hermana?

—No, el miedo jamás me ha paralizado. Sí, no quería que me juzgaran, y al comienzo ocurrió: ella está por cero mérito, por ser la hermana de… La exposición a rato molesta; intento manejarlo, aunque ¿sabes?, ya no tengo ganas de tener las cosas bajo control. Me gusta la no-rutina, abrirme a las sorpresas. Si me hubieras preguntado hace diez años, jamás me habría imaginado mi vida de hoy. Me veía trabajando en una revista, escribiendo para un diario, con más hijos y jamás separada.


—¿Cuánto ha cambiado la TV desde los años que la veía desde afuera?

—Mucho, había menos canales, menos personajes. No estaba la farándula de hoy; era más inocente y amable. No la califico de mejor ni peor; al final, la TV es el reflejo de lo que somos como sociedad; somos todos responsables. No satanizo los contenidos, me parece bien que exista farándula, personajes que vivan de ella. Mientras más variedad y posibilidades de elegir, ¡mejor!

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—¿Cómo se ha manejado usted en relación a Cecilia en sus años de mayor exposición?

—En su época había menos figuras, y Cecilia era —y sigue siendo— ‘la’ gran diva y reina de Chile, que todos querían ver, conocer, saber de ella. Le tocó más duro que a mí; yo soy una figura más… Lo mediático lo enfrentamos parecido, el tema es que ella genera más interés, también por la vida que ha llevado: se casó con un ex presidente de Argentina, es conocida afuera…


—¿Qué tan parecidas y distintas pueden llegar a ser?

—Ambas somos aguerridas, positivas, nos creemos capaces, muy fuertes en lo profesional, aunque vulnerables en lo emocional. Sensibles, pero a mí se me nota más.

—¿Y para enfrentar los dolores?

—Cecilia varias veces me ha dicho: ‘Por qué a ti como que todo te da lo mismo’, y es porque me enfrento a las cosas de una manera más irresponsable, más de guata. Yo me lanzo nomás, vivo los dolores en forma más abierta, verbalizo lo que siento. Mi hermana, en cambio, es más contenida, hermética, cautelosa. Es difícil saber qué siente en esos momentos.


—¿A Cecilia le gusta verla triunfando en TV?

—Sí, y me ha dicho cosas fantásticas. En un capítulo de Millonarios fue de invitada a jugar. Cuando terminamos de grabar me felicitó, me dijo que tenía un talento increíble, que me movía muy armónica en TV; ¡olvídate lo que fue para mí!


—¿Usted estaba consciente de ese talento?

—Hay cosas que me salen innatas, muy de guata; es mi manera de trabajar en televisión. Me muevo casi por instinto. Jamás planifico qué voy a decir frente a un tema, nunca me preparo para una entrevista. No podría manejarme así, no me funciona.

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“El prejuicio fue gigantesco, y me acompañará toda la vida”, asegura Diana. Y aun cuando siente que ya se ganó su lugar en TV, a poco de debutar en Ruleta Rusa, cree que aún le queda mucho por demostrar. “Lo peor es pensar lo contrario, tengo mucho que demostrar aún, probar distintos formatos y escenarios. No me siento en la cresta de la ola. Y cuando miro y digo sí, estoy en un gran momento, procuro que se me olvide rápido. Tampoco analizo qué viene, es ahí cuando te entrampas y llegan los miedos. Hoy no planifico nada, vivo nomás ”.


—Sentirá menos prejuicios a estas alturas…


—No, siempre seré la hermana de Cecilia. Nunca me acomplejó, pero entiendo que algunos sigan pensando que estoy aquí por ser Bolocco. Al comienzo fue brutal, me hizo cuestionarme, pensar ¿por qué me presto para esto?, ¿por qué transar mi tranquilidad mental por estar en primera plana?, mientras era juzgada, apuntada con el dedo. Sentí que había cometido un error…

Lea la entrevista completa en la edición del 10 de mayo.