Benjamín Vicuña Luco (35 años, en pareja, dos hijos) está en la gala de los Grammy latinos en Las Vegas con Carolina Pampita Ardohain. Junto a lo más granado del star system latino, Benjamín brilla con luz propia con un smoking Paco Rabanne. Es la coronación de un año redondo y así lo hizo saber en su cuenta de Twitter: “Esta fue una de las noches más lindas que viví en mi vida”, escribió. Su mujer lo retuiteó y agregó con entusiasmo: “¡Gracias, amor! A tu lado tengo todo”. Hacía un año que no viajaban solos a ningún lugar. Esta vez, Bautista (5) y Beltrán (1) se quedaron regaloneando en Pirque con su abuela, Isabel Luco, la mamá de Benja, según consignaron medios argentinos, que no le pierden la pista a la pareja, que lleva ocho años juntos.

Han pasado unos días y Vicuña está de vuelta en Santiago, listo para la sesión de fotos con CARAS. Su rostro de niño saca sonrisas en la pequeña concurrencia femenina. Polera negra, Rosario al cuello, jeans ajustados y zapatillas, no suelta su teléfono mientras wassapea, recibe llamadas para discutir un guión e invitar a una comida en su casa.

Por estos días, su agenda ha bajado de intensidad, respecto del ritmo arrollador de los meses pasados. Está grabando la segunda temporada de Los archivos del cardenal, donde interpreta al abogado Ramón Sarmiento, pero si miramos atrás tuvo una larga y exitosa temporada teatral con Los Elegidos, del director más respetado al otro lado de la cordillera, Daniel Veronese. Rompió taquilla desde mayo a septiembre, con cientos de funciones y llenos totales. Y en televisión fue protagonista de Farsantes, la teleserie más comentada del año en Argentina, donde interpretó a Pedro Beggio, un abogado que tiene una relación homosexual secreta con su jefe, encarnado por Julio Chávez, uno de los actores de mayor prestigio en Buenos Aires.

La relación escondida, llena de tensión eróticosexual, impactó, generó fanaticada y definitivamente consagró a Vicuña en ese país. Sus apariciones públicas -sólo o con su familia-, como sus paseos en Puerto Madero son portada de los principales diarios y revistas trasandinos.

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En Chile, en cambio, Benjamín se mueve con algo más de cautela. Sus círculos son más cerrados y prefiere la discreción ante todo. De hecho, esta es su primera entrevista en más de un año y lo referente a su familia no es un tema conversable. La inesperada muerte, hace más de  15 meses de su hija mayor, Blanca, lo expuso naturalmente más allá de lo relativo a su trabajo como actor. El, sin embargo, casi nada ha dicho a los medios sobre esta tragedia. La única mención que ha hecho este año sobre el tema fue en su cuenta de Twitter, donde subió una foto de ella montada en un caballo y escribió: “Reconstruyo una y mil veces los recuerdos, como pedazos de nuestra historia, nuestra linda historia”.

De su pena y dolor cotidiano nada ha dicho. Vicuña se volcó al trabajo y así su seguidilla de éxitos han sido su única y gran carta de presentación. Además de su consagración en Argentina, toda Sudamérica lo conoce por su papel en Prófugos, la serie dirigida por los hermanos Larraín, transmitida por HBO y en septiembre catalizó las emociones de millones de chilenos al conducir Imágenes prohibidas, el programa de Chilevisión que marcó a fuego los cuarenta años del Golpe de Estado.
Y como si viviese 30 horas diarias, también dedicó tiempo y energía para viajar como embajador de la Unicef a Haití y la franja de Gaza y para grabar tomas y participar en meetings de Michelle Bachelet rumbo a La Moneda, tras lo cual ya se le menciona como un posible ministro de Cultura. Todo lo anterior lo ha hecho sin descuidar sus compromisos comerciales y revisando posibles nuevos proyectos actorales.
Amable y juguetón, deja que las asistentes lo encremen mientras las mujeres le dicen que está más delgado. El, coqueto y muerto de risa, les responde con cara de niño malo: “Es que estoy muy riiiico”.

—¿Con qué palabra calificarías el año 2013 en términos profesionales? Se te vio sólido en lo laboral en nuestro país y en el extranjero, comprometido e involucrado con causas sociales.
—Creo que estoy en un momento de madurez, de definiciones, de concentración, de soltar muchos prejuicios y enfrentar los proyectos con menos expectativas, por lo tanto menos frustraciones. Eso incluso aplicado al trabajo genera una sensación de libertad y creo que en algunos casos los resultados han sido por esto mismo. Fue un año en el que abracé mi vocación y entendí que el escenario es el sitio en el que me gusta estar. Que los lugares donde puedo trascender son mi familia y mi oficio.

—¿Lo consideras tu año. El año de Benjamín?
—Fue un año muy movido en lo profesional. También fue de mucha concentración el ir y venir entre un país y otro. Cuando hablo de movimiento es que estuve entre Chile y Argentina viajando prácticamente todos los meses e incluso todas las semanas para poder cumplir con los compromisos que tenía. Por lo mismo fue un esfuerzo personal y de mi familia, así es que el éxito se lo dedico a ellos.

—¿Qué repetirías y qué borrarías del 2013?
—Volvería a hacer teatro, es el lugar donde mejor me siento, un espacio de libertad, de contención y de pasión. No quisiera subirme tantas veces a un avión y viajar todas las semanas porque es algo que te desgasta mucho. Viví el año muy concentrado en los personajes, en lo que tenía que hacer y entregándole el cuerpo y el alma a cada historia. Hay un proyecto en relación al teatro, pero básicamente es una decisión que tengo que tomar tranquilamente, porque tiene que ver con radicarse en Argentina.

—¿Cuál es la evolución actoral que ha tenido Benjamín Vicuña en los últimos dos años y cuál es el camino que pretende seguir?
—Estoy escogiendo los proyectos con tranquilidad, uno a uno, sin ninguna expectativa, pero siguiendo mi instinto.

—¿Qué te llevó a comprender que tus trabajos actorales deben tener un cierto nivel de trascendencia. Qué proceso íntimo viviste?
—Más que un proceso íntimo en particular, estoy más grande, veo que mi trabajo puede trascender y abrir ventanas insospechadas para mí y que humildemente puedo tratar de entregar algo a la sociedad.

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—¿Con qué pierdes la paciencia? ¿Con qué no transas?

—Pierdo la paciencia con el arte de hacer mal las cosas, con la falta de rigurosidad. No transo con el maltrato, ni con el bullying ni con la falta de respeto y la poca tolerancia en todos los ámbitos.

—¿Qué pasiones te mueven? ¿El teatro, la TV, el cine?
—Por supuesto que las tres cosas son importantes, se funden en mi vocación que es actuar, contar historias, vibrar con los personajes. Pero es el teatro el lugar donde más cómodo me siento, donde mejor se puede experimentar ese viaje, donde me reencuentro con el origen de mi oficio.

—Este año estuviste nominado al Premio Martín Fierro como mejor actor y has sido ovacionado por la crítica trasandina por tu personaje en Farsantes, y presentaste la obra Los Elegidos con lleno en Argentina. ¿Cómo te tomas estos reconocimientos?
—Como una inspiración, como un cariño de parte de un público conocedor y con una crítica exigente. También como el resultado de estar más grande, maduro y concentrado en lo que más me gusta hacer que es actuar, conectado con esa vocación. Por supuesto que lo vivo con mucha alegría, dándole la importancia que se merece, pero sin sobrevalorarlo. Como actor uno pasa por aciertos y desaciertos y estás en una constante búsqueda y a veces la fortuna te acompaña y otras no.

Pedro Beggio. El nombre acá no suena a nada, pero en Argentina hasta hicieron manifestaciones por su salida de pantalla. Pedro fue el personaje de Vicuña en Farsantes. Un abogado homosexual no asumido que vive fantaseando con no casarse con su novia de toda su vida, Camila (Julieta Cardinali) y vivir su amor con Guillermo (Julio Chávez).
Aunque tenía programada su salida de la serie por sus compromisos en Chile, la muerte del personaje, asesinado a balazos por su novia, causó revuelo y hasta protestas en Argentina. Era la primera vez que el competitivo mercado de las telenovelas trasandinas tenía como historia principal una donde el amor homosexual se robaba la película. Con pancartas y su fan club trasandino en llamas, Vicuña acaba de recibir una nominación a los Premios Tato como Mejor Actor Protagónico en Drama por ese rol.

—¿Cómo trabajaste al personaje de Pedro? ¿Por qué crees que generó tanta empatía con el público?

—Pedro se construyó desde la vulnerabilidad de una persona con miedo a la definición, a tomar decisiones, a poder experimentar un cambio radical. Eso marcó al personaje en su estructura y arquitectura… Con una timidez, una fragilidad y una dulzura que le imprimió algo que generó mucha empatía y sobre todo entendiendo que era una historia sin prejuicios, jugada y que caló muy profundo en el público argentino.

—En Chile y Argentina muchos te consideran un sex symbol. ¿Te gusta trabajar esa faceta seductora como actor?
—Es un área más de mi trabajo que finalmente es la consecuencia de algo que no está en mis manos, que tiene que ver con el fenómeno de la televisión, los personajes que uno interpreta y la relación con el público.

—Pedro te abrió una puerta respecto de la sensualidad homosexual.
—Es parte del material que uno indaga y busca para construir los personajes. Creo que la clave fue darle una altura de miras, una dignidad y un respeto que hizo que marcara la diferencia con las clásicas caracterizaciones o caricaturizaciones.

—¿Qué te pasa cuando comparas la disparidad de estos derechos en Chile en relación a lo que pasa en Argentina?
—Claramente este personaje y este programa son la señal de una sociedad abierta a temas como el matrimonio igualitario, señales de las que tenemos que tomar nota y aspirar a tener en nuestro país, respetando obviamente a todas las realidades.

Aunque en Argentina la rompe y allá va a filmar una película en 2014, Vicuña siempre tiene a Chile en la mira. Acá están sus afectos, su mayor compromiso social y político, sus amigos, buena parte de su familia y algunos proyectos que ocupan su tiempo, como la reciente inauguración de un nuevo centro Mori en Viña del Mar. También planes para la televisión y el cine, como son la segunda temporada de Los archivos del cardenal, donde interpreta al abogado Ramón Sarmiento, y que tiene programada su emisión para el primer semestre de 2014. Además, participará en una serie para MovieCity llamada Sitiados que se verá en Latinoamérica, dirigida por Nicolás Acuña, ambientada en 1590, y que trata sobre un grupo de conquistadores españoles sitiados en un fuerte en Villarrica.

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—Te ofrecieron trabajar en El Bosque, la película de Matías Lira sobre el cura Karadima para interpretar el papel de James Hamilton. ¿Cómo llegaste al proyecto?
—Trabajé con Matías Lira antes en Drama y este proyecto, que ya tiene varios años, es muy valioso. Tengo una afinidad con su temática. Actué y produje La Celebración, en Chile y en Argentina, y la verdad es que tanto el abuso de los niños como el abuso de poder, que es de lo que hablan la obra y la película, es algo que me conmueve y me moviliza como para poder sumarme a un proyecto de estas características.

—Hay un Benjamín con mucho sentido social, y cercano a las causas humanitarias. Eres embajador de la Unicef hace ocho años. ¿Qué cosas has visto y cómo te han cambiado la vida esta experiencia?
—Llegué ahí por una profunda preocupación por los niños. En ese sentido, Unicef me ha dado la posibilidad de conocer la realidad de mi país y también la de otros como Haití, donde incluso pude hacer un documental, investigar y conocer más de cerca la compleja situación que viven los niños de esa nación. Está claro que lo que yo recibo siendo testigo de eso, es mucho más grande y más fuerte que lo que yo puedo entregar como interlocutor y como embajador.

El tema de la infancia vulnerable le llena los pulmones a Benjamín. Su discurso se endurece y saca cifras cuando tiene que hablar de la infancia vulnerada. “Hay otro problema que es grave y que se ve muy poco y es la violencia hacia ellos en sus propias casas. Según el último estudio que hizo Unicef sobre este tema, el 70 por ciento de los niños, niñas y adolescentes dice ser víctima de violencia física o sicológica en sus hogares y eso es muy duro, porque quiere decir que no están recibiendo el cariño, afecto y estímulo que necesitan para crecer de las personas más importantes y significativas en sus vidas. Además, les estamos enseñando a nuestros hijos que la violencia es una forma válida para resolver los conflictos. Esa es una tarea pendiente y que debemos asumirla como sociedad”, asegura.

—¿Cómo funcionas como padre luego de estar tan cerca de realidades tan agresivas?
—Cuando veo esas realidades siento una gran inquietud porque son cosas en las que claramente sólo puedo aportar desde un lado muy chiquitito. Esto por supuesto que te hace valorar más a tu entorno, a nuestros niños y a la posibilidad que tienes de darles todo el amor, cuidarlos y hacer lo mejor por respetar su desarrollo, sus derechos y pensar en que tenemos que darles una mejor sociedad y un mejor país.

—¿Qué recuerdos tienes de tu infancia y qué te gustaría perpetuar en tu familia?
—Tengo el recuerdo de tener a través de mi colegio y mi familia el sentido común más básico, que es el ponerse en el lugar del otro y entender y conocer la pobreza, y ser consciente de que es responsabilidad de todos. Tengo recuerdos de mis hermanos, de una familia en donde yo como el más chico recibí mucho amor, mucho cariño, el regalón indiscutido. Eso es lo que uno recuerda y por supuesto uno trata de abrazarse a los momentos felices y a lo que sirve para construir y lo otro guardarlo y trabajarlo.

—Este año tu participación en televisión chilena estuvo marcada por Imágenes prohibidas, que fue uno de los puntos centrales de la reflexión sobre los cuarenta años del Golpe. ¿Cómo y por qué ingresaste a ese mundo de dolor y heridas abiertas?

—Me convocó el departamento de prensa de Chilevisión. Primero me mostraron imágenes que habían obtenido tras una larga investigación en Chile y el extranjero. Me conmovió, me impresionó y así como a miles de jóvenes, después de verlo, me forjé una opinión más clara y definitiva sobre la historia de mi país. Tras esto sentí clave ser parte de este hermoso proyecto, como un hombre que presta su humanidad para poder entrevistar desde un lugar cercano, sin mayores pretensiones, a los verdaderos protagonistas de la historia y creo que se logró. Se generó empatía, muchas veces desde el dolor y para mí fue un tremendo orgullo ser parte de un proyecto así de revelador.

—Estuviste grabando en Villa Grimaldi, La Victoria y el Estadio Nacional. ¿Qué te conmovió de esos lugares y la gente que te encontraste ahí? ¿Ves posible la verdadera reconciliación entre los chilenos?
—Más allá de los lugares me conmovieron los testimonios, las personas, la resiliencia para dejar atrás el odio, el rencor, la venganza y abrazarse a la justicia. Creo que la reconciliación debe existir a través del diálogo, a través de revisar y querer nuestra historia, de querernos, de proyectarnos, de no esconder ni tapar sino que poder abrirnos y conversar.

—¿Qué casos te quedaron grabados?

—Sin duda el de Carmen Gloria Quintana y la valentía y el coraje de Estela Ortiz.

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—¿Qué te parecieron las declaraciones de Manuel Contreras sobre los detenidos desaparecidos?

—Para el señor Manuel Contreras no tengo palabras.

—¿En tu entorno familiar se hablaba de esta parte de la historia de Chile que para un sector, como en el que creciste, era casi desconocida?
—Yo, como miles de chilenos, cuando chico tuve una visión sesgada y censurada de los hechos. Ahí radica la importancia de este documental y películas que cuidan la memoria, que dan la posibilidad de formarse una opinión y conocer parte de la verdad.

—Estuviste muy activo políticamente en la campaña de Michelle Bachelet. ¿Es una decisión ser tan visible en estos momentos?
—Hoy es absolutamente lógico que uno pueda tener una visión y opinión sobre el estado de las cosas y en este sentido lo vivo con libertad, como debe ser. Sin miedo, con respeto.

—¿Cómo crees que se van a poder manejar las expectativas que han generado las propuestas de Bachelet?
—Creo que con la humildad que la caracteriza, con la sabiduría y la experiencia del gobierno anterior, va a hacer lo posible esperando un Parlamento que acompañe esta iniciativa, entendiendo que Chile hoy es un país diferente, que se expresa, que sale a la calle, que demanda y por lo mismo en este caso las autoridades deben dialogar con su gente para poder generar los cambios profundos que se necesita.