En un estudio del centro de Santiago, al más puro estilo de un loft neoyorquino, el silencio es total. El equipo que la prepara para la sesión de fotos no da crédito a lo que ve: Cecilia Bolocco, con zapatillas de ballet, corriendo liviana de un lado a otro, como en sus mejores tiempos de bailarina, cuando incluso fue seleccionada para estudiar en el Conservatorio del Municipal y soñaba con interpretar un rol en El lago de los Cisnes o en el Cascanueces.

De pronto y ante el asombro de todos, la ex reina de belleza curva la espalda y realiza el cambré. Luego, avanza y eleva una pierna. Empieza a girar y a bailar al ritmo del bossa nova y de una nueva versión de la canción de los ’80, Don’t dream its over. La música fluye e inunda el estudio y Cecilia se deja llevar. Está feliz.

 “Jamás lo pasé tan bien en una sesión de fotos. Nunca había hecho algo así, y cuántas portadas y entrevistas he dado —admite—. Claro que unos días antes de la producción entré en pánico… Sentía que no iba a poder, que no sería capaz. Pero ese día algo sucedió. Me puse las zapatillas y fue como volver al pasado; otra vez fui esa niña, pero era yo a mis 49 años retomando esa gran pasión de mi vida. Me sentí en expansión, algo me llevaba y yo me fundía con esa energía”, reconoce.

Wp-cecilia-bolocco-450

La ex Miss Universo dentro de poco cumplirá 50 años, después de su regreso triunfal a la televisión como animadora de Vértigo, el estelar que hasta hace algunas semanas era conducido por su hermana Diana, quien está de prenatal. Y ahora es la más glamorosa del clan quien ocupa su lugar después de ocho años lejos de los escenarios. Tiempo en que la ex reina de belleza se dedicó a su hijo, Máximo (13); a su trabajo como diseñadora exclusiva de Falabella, firma para la que acaba de lanzar su decimocuarta colección; y algo que la tiene todavía más entusiasmada: las charlas motivacionales que realiza desde hace un par de años y con las que recorre el país. Como una derivación de esta experiencia, hoy Cecilia se encuentra trabajando en un libro que publicará con la editorial Penguin Random House —la más grande de Chile— y donde hablará de sus mayores lecciones de vida, incluyendo aquellas que aprendió en varios de sus momentos más duros y que adelanta por primera vez a CARAS

“Tenemos un acuerdo aunque no sé cuándo verá la luz. Básicamente tiene que ver con todo lo que he venido relatando a través de mis charlas, hablar de mis grandes golpes; de ellos saqué las lecciones que más tarde me llevaron a mis mayores triunfos”, concluye.

Cecilia está radiante aunque reconoce que no entrena ni practica ninguna rutina física. “Pero tú ves donde vivo —dice instalada en el sofá de su casa de estilo geométrico con distintos espacios y niveles y amplios ventanales que dominan la ciudad desde lo alto— ; aquí subo y bajo escaleras, me muevo constantemente; nunca estoy mucho sentada. Cuando me levanto me estiro y llevo la cabeza sobre la rodilla porque generalmente amanezco con las piernas rígidas. Tengo problemas a la columna y necesito hacer elongaciones para mantener fortalecidos los músculos. A lo mejor es lo que me ha mantenido bien, porque no voy al gimnasio ni sigo rutinas de entrenamiento”, dice refiriéndose a su elasticidad, tan comentada durante la sesión de fotos para la portada. 

Lo que sí realiza Cecilia desde hace ya un buen tiempo es la meditación. “A veces despierto a las cinco de la mañana, me levanto y aprovecho de practicar hasta que Máximo se levanta para ir al colegio. La mente es muy potente, nuestra herramienta más poderosa —declara—; nos puede hacer felices o bien arruinar la vida. Cuando dejas que ella te domine y rija tu vida, vives lleno de dudas, atormentado, con miedo, ansioso por lo que te puede pasar”. Y agrega: “La mente es como un computador que registra todas tus experiencias pero que sólo puede llevarte al pasado, como si rebobinaras una y otra vez una cinta, pero no vive, no experimenta, no siente…”. 

Wp-cecilia-bolocco-blanco-y-negro-450

Ya atardece y Cecilia saca su primer y único cigarrillo de esta entrevista. “A mí la mente me estaba matando… Vivía atormentada, nunca estaba tranquila y me exigía cada vez más. Qué pena, desperdicié tantos años de mi existencia sobreviviendo”.

—¿Alguna vez fue al siquiatra? A lo mejor pasaba por una depresión…

—No era precisamente una depresión, pero toda mi vida tuve la sensación de que entraba en unos loops, como unos bajones, no sabría descifrarlo. Hasta que me di cuenta de que la respuesta no estaba en los sicólogos, ni en tratar de entender la mente porque no la vas a comprender jamás: hay que adueñarse de ella, tomarla y adiestrarla, ponerla a tu favor, subyugarla. Empecé con este trabajo en el 2007, y luego de forma sistemática desde el 2010.

—¿Cuál fue el punto de inflexión, en qué momento dijo ya no más?

—Es muy íntimo, además que no sólo me involucra a mí. Pero fue como si literalmente me partieran por la mitad, que me moría de dolor, de angustia… Fue una experiencia tan demoledora, tan fulminante, que me llevó a un estado de lucidez, de punto cero. Como si me hubiesen abierto la carne viva y visto todo mi interior en cuestión de segundos. Debe ser parecido a lo que experimenta una persona al momento de su muerte.

—¿Tan grande fue su dolor? 

—Sí…

—Usted ya ha pasado por dos separaciones, ha vivido crisis potentes en ese sentido. ¿Se trató de algo sentimental? 

—No, mis grandes golpes no han sido afectivos; no fue por un romance ni se trató de una ruptura. Fue un tema familiar, pero no quiero entrar en detalles, no hace falta.

—¿La traicionaron?

Silencio. 

—No quiero hablar de eso, de verdad. Pero todos aquellos que han sufrido un dolor inhabilitante van a entender de lo que hablo. Fue tan grande que vi todo, todo… Me destruyó, absolutamente. Y también se convirtió en una de las cosas más valiosas que he pasado en la vida; me llevó al límite más extremo y me hizo ver de qué se trata la vida.

Y concluye:

—Aunque suene tan vago, tan estúpido, hasta manoseado, finalmente la vida consiste en ser feliz, en no intentar nada, en simplemente vivir y gozar. Nuestra sociedad nos ha enseñado algo que es fatal: nos desvivimos por conseguir grandes logros, por llegar a la meta, por tener más. ¿Y para qué? El poder, el prestigio, el dinero, la fama, son irrelevantes; no nos traen felicidad, ni plenitud. Pero cuando vives la vida como un peregrinaje donde la recompensa está en cada paso, todo cambia: ya estás pagado, no necesitas que te retribuyan porque siempre vas a recibir de vuelta. A mí lo que me mató por mucho tiempo fue querer hacer las cosas bien, ser la mejor, me martirizaba. 

Wp-cecilia-bolocco-backstage-450

—De hecho, era vista como una mujer ambiciosa, de metas altas. 

—Buscaba aprobación, sentía que ésa era la única manera de ganarme el amor, el cariño. Hoy aspiro a la excelencia, a dar lo mejor pero sin atormentarme, haciendo las cosas con amor, ¿acaso existe una manera más maravillosa? Mis charlas tienen que ver con eso, con el deseo y la necesidad casi imperiosa de compartir este conocimiento que me demoré tanto tiempo en adquirir. No se trata de una receta, es un estado interno. Yo lucho todos los días con mi mente. Es como haber vivido en las tinieblas y de pronto estar sobre una nube, rodeada de luz, pero siempre con el riesgo de volver a caer.

—Y tras este nuevo enfoque, ¿qué cambios vinieron a su vida?

—Muchos. Salí de la televisión porque sentía que no había espacio para mí, que se habían acabado los grandes desafíos, y ahora estoy viviendo un regalo: he vuelto a trabajar con el equipo que siguió la posta de Gonzalo Bertrán (el fallecido director de los grandes estelares del 13), en la que fue mi casa televisiva. Y además imagínate: he hecho todo en la televisión ¡menos reemplazar a mi hermana! 

Lo que antes pudo ser una amenaza para su ego o un motivo de ingratas comparaciones hoy tiene a la animadora más estusiasmada que nunca. Vestida por Sarika Rodrik —igual que en sus mejores tiempos de Viva el lunes— desde su regreso Cecilia ha disparado el rating y ha sido tema obligado para la prensa durante semanas. Nunca se planteó volver a la TV, ni siquiera se lo imaginó cuando el equipo del programa —con la complicidad de Diana—  le propuso ser parte del estelar. “Me llaman todo el tiempo de la televisión, no voy a contar todo lo que me han ofrecido, incluso estaba en reuniones para otro proyecto cuando me contactaron de Vértigo, pero creí que era para proponerme una sección, jamás para volver a la animación”. 

—¿Diana no le adelantó nada?

—¡No! No quería que me sintiera presionada. Y yo, aunque estaba en reuniones muy avanzadas para trabajar en otro espacio, cuando me llamó el productor general de Vértigo sentí una tremenda emoción; imagínate, el estelar del momento, el lugar donde Diana se ha ganado su espacio con tanto amor, tanta dedicación y talento. Luego nos juntamos a almorzar con el equipo y dije ‘ok, listo.

Wp-cecilia-bolocco-blanco-y-negro-2-450

—¿Antes jamás habría aceptado? 

—¡De ninguna manera! Me habría atacado la inseguridad; que es mi hermana, que me iban a juzgar, a comparar… Pero mira lo que es volver a trabajar con el mismo equipo que dejó Gonzalo, en un programa como los que yo hacía antes. Y la Dianita más encima me dice ‘yo quiero que lo hagas tú’ ¡Qué tierna!, qué gesto más lindo. Decidí salirme del ruedo porque ya no había espacio para mí, pero en gran medida también porque quería que mi hermana brillara sola; era muy fuerte para ella abrirse espacio teniendo encima una figura como la mía. Y en todo este tiempo yo también fui muy feliz. Así es que tomé este regreso como un déjà vu. Voy una vez por semana a matarme de la risa, a pasarlo bien. Porque esa fue la propuesta: ‘Cecilia, lo único que queremos es que te diviertas; para nosotros tenerte es una maravilla. A veces digo, ‘¡en lo que me metí!’, pero no sé, estoy feliz, relajada. No siento que tenga que demostrarle nada a nadie.

—¿No teme que la comparen con su hermana?  

—En absoluto. Y a Diana nadie va a venir a robarle su espacio, que lo tiene más que ganado.

—¿No le da susto ser otra vez carne de cañón para la farándula?

—Es que lo he sido siempre…

—Hoy los programas de farándula han decaído, hay muchos que ya no están en pantalla. 

—La gente se cansó; llega un momento donde tanta agresión y mala onda deja de tener sentido. ¿Hasta cuándo vas a hablar de que fulano se peleó con tal, de que sutano anda con este otro? Hasta el rol de Yerko Puchento —que antes se nutría casi exclusivamente de esta clase de figuras— ha cambiado; si en algún momento era hiriente y se reía de los invitados, hoy es un catalizador de la opinión pública con respecto a la realidad nacional. Se ha producido un quiebre.

—Y a propósito, ¿qué visión tiene del actual escenario político?

—Es dramático, una de las crisis más duras que nos han tocado. Llegó el momento de transparentar. ¿Por qué no hacemos un mea culpa todos? Este no es sólo un problema de los políticos o de los empresarios sino de todos nosotros. Lo vemos en el Transantiago con la tarjeta Bip! o cuando en la fila del supermercado te preguntan si pagas con boleta o factura.

—¿Qué le ha parecido el manejo que ha tenido Michelle Bachelet frente a esta crisis? 

—No sé si ésta sea la instancia para hablar, se lo diría a ella tal vez personalmente… Es muy delicada la situación por la que está atravesando, lo único que te puedo decir es que no me gustaría estar en sus zapatos. Pero no voy a emitir un juicio, no me parece apropiado.

Wp-cecilia-bolocco-ventanal-450

—¿Alguna vez le ofrecieron hacer carrera política?

—Sí, cuando cumplí cuarenta. Dije que no, por supuesto. Después me hicieron varios guiños, pero nunca acepté. Estar casada con Carlos tuvo un costo altísimo; se tejieron las historias más espeluznantes, así que aprendí…

El 2015 no comenzó fácil para Cecilia. En el verano se publicó la biografía Reina de corazones, sobre la historia de la ex Miss Universo y que se convirtió en una de las lecturas más vendidas de la temporada.

—¿Qué le pareció el libro?

—No lo leí —responde tajante.

—Ahí se decía que Máximo…

Por respeto a su  hijo no deja terminar la idea, aunque sabe perfectamente de lo que estamos hablando: en su investigación, la autora de la publicación puso en duda la paternidad de Menem, lo que causó revuelo en Argentina y que Cecilia recibió como un golpe bajo.

—Yo estaba en Zapallar y me llegó un whatsapp. No lo podía creer, pero dije ‘mejor me olvido, para qué…’ Luego vino Verónica, mi hermana, y me dijo: ‘pero Cecilia, ¿y si alguien le dice a Máximo o él se mete a internet y lo ve?Tuve que hablar con él. No sabes lo que me dolió, se me partió el alma…

—¿Tuvo que contarle lo que decía el libro? 

—Fue justo en el verano y fui a buscarlo a la casa de un amiguito en Marbella. Me contó que se había peleado con un amigo, cosas de niños, y ahí le dije: ‘bueno, muchas veces la gente comenta cosas sin pensar en el daño que pueden provocar, y más aún a nosotros, que somos personas públicas. Imagínate que cuando yo te estaba esperando, en Argentina decían que yo me había puesto un cojín...’ 

‘¡No, mamá!’ —me contestó—. ‘Sí, mi amor, mira qué locura…!’. Lo más importante es que tú tienes que saber que todas las mentiras que se digan de ti o de mí no son importantes, aunque a uno le puedan doler. Cómo será, que ahora acaban de sacar un libro sobre mí..’. ‘¡No, mamá!’ —respondió nervioso—. Sí, dicen puras tonteras’, ‘¿Pero qué dicen, mami?’.  ‘No tengo idea, no sé ni me interesa ni quiero saberlo, pero si a ti te llegan a decir una cosa, si llegas a ver algo en alguna parte, tienes que saber que eso no lo podemos frenar y que hay que tener fuerza’. Se puso a llorar. ‘Pero qué dicen, qué dicen’. Máximo estaba con mi celular, lo agarró y se metió en dos segundos buscando el título del libro. ‘¡Pasa para acá! Te prohíbo que lo leas; vas a envenenar tu corazoncito…’.

Esa noche Cecilia no pudo dormir. “Estaba con un nivel de angustia, con un nudo en la garganta. Me sentí tan vulnerable y vi a mi hijo tan desprotegido”.

—¿Pensó en querellarse?

—Sí, pero esa misma noche concluí que era mejor no hacer nada, que ya había hecho todo lo que tenía que hacer.

—Seguramente usted siempre supo que podía estar expuesta a esta clase de rumores…

—No, uno no mide esas cosas. Nunca fui capaz de imaginar algo así.

Wp-cecilia-bolocco-cola-en-mano-ladrillos-450

—Aunque ha pasado por momentos tanto o más difíciles, como el paparazzeo del que fue objeto en Miami cuando estaba con Marrocchino…

—Y la verdad es que no dejo de asombrarme, pero una cosa es a mí y otra muy distinta es involucrar a mi hijo. Pero él es tan especial que esto finalmente lo hará más fuerte. Con el tema de su padre lo atacaron y le dijeron barbaridades en el colegio. Tú sabes la maldad que puede existir entre los niños… El se ha visto expuesto a muchos comentarios, pero no quiero entrar en detalles. 

—¿Siente rabia?

—No tengo rencor. Mi única manera de defenderme es justamente haciendo el ejercicio inverso: dejándolo pasar. No me corresponde, no es mío, que siga su curso y que vaya donde tiene que ir, que vuelva donde surgió. Al final todo cae siempre por su propio peso.

—¿Cómo piensa vivir los próximos 50 años? En cuanto a la pareja, el amor, sus proyectos… 

—Espero que este estado de lucidez que me acompaña desde hace algunos años se mantenga hasta el último día de mi vida; así no existe la proyección, sólo gozar el momento, ¡y lo estoy pasando increíble! Estoy en mi elemento, cada vez me siento más realizada.

—En sus entrevistas solía mencionar que extrañaba estar en pareja. ¿Eso también dejó de ser un tema?

—Mi vida ha sido distinta en muchos aspectos y cada día me siento más agradecida. Tengo un hijo que es maravilloso, una familia que me entrega un enorme cariño, me rodea gente preciosa. Si encuentro a la persona adecuada, feliz, pero estoy plena, y lo estaré con o sin pareja. 

*Foto principal: Vestido Rubén Campos
*Foto interior Nº 1: Vestido Claudio Mansilla. Joyas Mariloli.
*Foto interior Nº 2: Vestido Claudio Mansilla. Joyas Mariloli.
*Foto interior Nº 4: Vestido Rubén Campos. Joyas Mariloli.