El mayor ejemplo foráneo del cambio de época fue Big Brother. En Chile el hito lo marcó Protagonistas de la Fama.

La noción del espectáculo televisivo cobró entonces un nuevo significado en la televisión local. Exhibir lo que otros hacen alcanzaría el rango de cantera audiovisual de la que se extraerían en adelante distintos formatos. Entre los productos locales más interesantes del último tiempo se cuentan Perla —que pronto estrena secuela— y Medium (TVN). El caso de este último es el más arriesgado, no tanto por la premisa paranormal —un hombre que establece comunicación con los muertos— ni por el nivel de producción —más bien discreto y carente de pirotecnia— sino por arriesgarse a mantener una estética sobria y mesurada. El médium Sebastián Lía ofrece algo más que la venta de humo chapucera que suelen entregarse en programas de este tipo y se concentra en la narración de trozos de la biografía de quienes acuden a encontrarse con un familiar fallecido. Medium cuenta historias privadas de manera sutil y aproxima a la audiencia con una estrategia elegante a la muerte y el sufrimiento. No es necesario creer en fantasmas para engancharse en relatos como el de una mujer que acude a contactarse con su padre y sólo al final de la sesión confiesa que se siente responsable por su muerte. Cuando su padre estaba enfermo de cáncer el médico le preguntó a la familia quién estaba dispuesto a donarle su médula. “Quien quiera ser el donante que levante la mano”, dijo el doctor.  Ella, en aquel momento una niña, mantuvo su brazo abajo. La pena y la culpa —los verdaderos fantasmas— no la abandonaron más. Pocas veces la tele-realidad le confiere tanta dignidad a esos pequeños recovecos del alma sin arrojarse a los brazos de la exhibición grotesca de la desgracia ajena, quizá la fórmula más cobardemente masiva de felicidad humana.

Como contrapunto está la desfachatada industrialización del morbo enarbolada por Cheaters (Canal Infinito), una suerte de policía de los infieles que promete hacer justicia a los cornudos mediante la investigación acuciosa de la pareja bajo sospecha. Cheaters (tramposo en castellano) es la crónica roja de los despechados, el lugar en el que se encuentran revuelven y mezclan la ética de programas como Caso cerrado, Cops y En su propia trampa pero en versión para adultos con criterio deformado. Es justamente esta condición de híbrido sublime del mal gusto lo que hace cautivante a un espacio como Cheaters: un equipo de producción sigue, vigila, fotografía y graba subrepticiamente a un infiel, luego esta persona es confrontada con las pruebas por la pareja engañada, los productores participan activamente de la emboscada que en la mayoría de los casos revienta en escenas violentas y sobrecargadas de miseria. En Cheaters la realidad  no es más que una fosa oscura y delirante dentro de la cual los matices pierden sentido. La manera más brutal y sintonizada de tele-realidad, aquella que ejerce sobre nosotros un atractivo al filo de lo paranormal.

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