Fue durante la transmisión del primer capítulo de la nueva teleserie de Canal 13, que alguien escribió en Twitter: “Los años 80 son nuestro Vietnam”. Una especie de trauma colectivo que necesitamos visitar una y otra vez, una época que usamos como un espejo que nos devuelve un reflejo a la vez horroroso y cautivante. Veinteañero a los cuarenta usa nuevamente ese espejo, o al menos un trozo de él, a través de Pancho, el personaje que mueve la trama. Pancho despierta de un coma que lo mantuvo inmóvil durante 27 años. Los rigores del género imponen que el enfermo vuelva a la vida sin más evidencia de su estado que un par de arrugas de más, un peinado extraño y algunas leves lagunas de memoria. Una especie de viajero en el tiempo que llega a un mundo distinto al que dejó. Todo ha cambiado, aunque él mantiene dos cosas intactas: el amor que siente por su antigua novia y un carácter propio de un adolescente que no se reconoce en el cuerpo de un cuarentón.

En Veinteañero a los cuarenta lo que mueve la trama no es la venganza de quien espera años para restablecer justicia, como ocurría en Fuera de control, otra teleserie que le hacía un guiño a los años del rock latino y la dictadura. Lo que realmente genera la acción, en este caso, son las tensiones entre las diferentes lealtades y las pequeñas traiciones entre sujetos que buscan afecto en sus más diversas formas en un mundo que, a pesar de todo, nunca los abandona. En cierto modo Veinteañero a los cuarenta es una suerte de descanso frente al rigor de un modelo individualista y competitivo y un retorno al ideal solidario en donde la comunidad —representada por los trabajadores de la parrillada, el equipo de publicistas y la familia de Pancho— tiene un poder fundamental. Aquí hay padre, madres, amigos, nietos, empleados y jefes y todos ellos mantienen un trato horizontal y respetuoso. Plantea, asimismo, una vuelta de tuerca importante a los valores imperantes en los años de juventud de los personajes. Si en los ’80 un joven rasta que tiene a Bob Marley como ejemplo de vida habría sido retratado como un drogadicto irresponsable, en Veinteañero a los cuarenta es un padre cariñoso y un amigo leal. Si hace veinte años una mujer que decide no casarse, montar su propio negocio y tener a su pareja como mano derecha habría sido improbable, en el guión de la nueva teleserie del 13 es un hecho que nadie cuestiona.

Precedida por una acusación de plagio y anunciada con una inteligente estrategia de promoción, la serie se ve como una propuesta sólida que pone a tres talentos de trayectoria en la primera línea —tres morenos, todo un acontecimiento tratándose de la televisión chilena— y un elenco de secundarios con brillo propio. Esta teleserie es la mejor exploración social de la clase media chilena desde Peleles. Una producción que —acompañada por la calidad de la imagen y las virtudes de la iluminación— debería marcar una dirección en el futuro del área de ficción de Canal 13.

Twitter @OscarContardo

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