La frase es tan ambiciosa como la tarea de educar a un país o informar a una audiencia, dos conceptos que en ocasiones se asimilan y confunden.

Cronkite ejerció durante décadas el oficio de hombre ancla, y su figura ayudó a crear la convención universal del presentador de noticias de televisión: un varón pulcro y culto de mediana edad quien expone los hechos del día a través de datos, antecedentes, argumentos libres de opiniones espurias. Todo lo que salga de su boca debe estar debidamente confirmado. El espíritu que lo mueve es sencillo: darles a los televidentes —los ciudadanos— las herramientas para tomar decisiones. Pero la televisión no es una institución meramente educativa, también es un negocio, y su principal giro es el espectáculo. La serie Newsroom (HBO) explora justamente ese gozne entre el servicio público y el mero entretenimiento, una bisagra que en muchos momentos es una trizadura y en otros tantos una fractura expuesta.

El hombre ancla de Newsroom es Will McAvoy, interpretado por Jeff Daniels. Un tipo curtido en el periodismo que intenta mantener su carrera —y los millones que recibe por ejercerla— dando una lucha diaria en horario prime por llegar a tiempo con el tema del día. Su tribuna tiene algo de púlpito y su misión un toque místico que cada tanto debe sortear los obstáculos que le imponen las presiones políticas y el rating. Porque el sueldo de McAvoy y el de su nutrido equipo de productores lo paga la caprichosa sintonía, es decir, la preferencia de un público que la mayor parte de las veces más que información lo que busca es evasión. Para recordarle a McAvoy quién es el verdadero jefe están los ejecutivos de la cadena de televisión encarnados en la despiadada Leona Lansing. Aunque Leona, interpretada por Jane Fonda, aparezca sólo en algunos capítulos, tiene el encanto de lo definitivo: si Leona está descontenta las alarmas se encienden. El peor de todos los peligros es la cancelación del programa, lo que obligaría a McAvoy al destierro, ya que por contrato no puede volver a conducir un noticiero en la competencia. Eso significaría quedar reducido a la más mínima de las expresiones humanas: la del ciudadano común y corriente.

Tal como en la película Broadcast News (Detrás de las noticias) y en la entrañable serie Murphy Brown en Newsroom el duelo de egos es una coreografía constante, una suerte de ingrediente de base necesario para describir el alterado mundo de las relaciones laborales en el negocio televisivo: productores obsesivos, reporteros arrogantes y ejecutivos sin escrúpulos. El surtido de trastornos afectivos subyacentes es potencialmente tan variado y profundo que la serie apenas alcanzó a delinearlos en su primera temporada. Por el momento Newsroom es una noticia en desarrollo, una serie que intenta describir ese punto en la pantalla en donde se entremezclan discursos virtuosos, ambiciones privadas, oscuras maniobras políticas y el permanente acecho del descalabro ético.

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