En 1980 un grupo de transformistas españoles debió abandonar el país. Habían llegado a Santiago a presentar un espectáculo en el teatro Ópera en el tímido renacer de la vida nocturna empujado por la prosperidad del boom económico del dólar a 39 pesos. Eran los últimos estertores de la bohemia de los 60 que sobrevivían al toque de queda. El fantasma del Bim Bam Bum seguía penando en Santiago y con él la popularidad que había alcanzado el transformismo en los espectáculos de revistas. Pero después de septiembre de 1973 nada sería lo mismo. Luego de algunas funciones exitosas los transformistas del espectáculo Vedettisima —españoles y argentinos— fueron expulsados por orden de la Subsecretaría del Interior. El gobierno del momento consideraba que el transformismo atentaba contra los valores culturales del país. En adelante este tipo de espectáculo sobreviviría en el restringido circuito de boliches gay.

The Switch (Mega) es la adaptación chilena de RuPaul’s Drag Race, un programa concebido para la televisión por cable. Una competencia de Drag Queens cuya maestra de ceremonias es RuPaul, una personalidad de fama global en la disciplina. La versión chilena debió adaptarse, por lo tanto, a las condiciones locales: The Switch iría en televisión abierta, debería prescindir de muchas claves de la cultura gay y de una anfitriona de celebridad internacional y plantearse como una competencia de talento artístico, lo que incluye canto, uno de los puntos más controvertidos. Para el transformismo tener una buena voz es algo absolutamente prescindible. De hecho la recientemente fallecida Francis Françoise era una diosa de la escena que siempre dobló las canciones que decidía interpretar y la luminosa Maureen Junot no debe entonar melodía alguna para cautivar a su público. El transformismo, más que talento musical, exige la construcción de una personalidad, la fabricación de una celebridad de carácter, colmada de ingenio. Una diva que debe ser admirada sólo por ser quien es.

The Switch más que arriesgar con un formato especial, lo hizo con un contenido que hasta hace algunos años sencillamente habría sido inconcebible de ver por TV. Le dio credenciales masivas a un espectáculo que había permanecido oculto en el gueto y a través de una competencia, mostró una forma de vida que estaba clausurada para la mayoría: la de muchos hombres que se vestían de mujeres como un espectáculo, asumiendo personalidades despampanantes y deslenguadas.

Este programa es un síntoma de un renovado ambiente social en donde la entretención es más importante que el temor a que las cosas cambien y el miedo a que nuevas formas de vivir la vida sean expuestas. Como dijo la propia RuPaul: “Lo que hacemos es peligroso, porque nos reímos de todo”.

Jueves y domingo 23.30 horas, Mega.