La teleserie Socias (TVN) —basada en un guión argentino— explora el cliché establecido por Los Angeles de Charlie sólo que las libera del fantasma invisible y las arroja en el descarnado mundo de los tribunales y los negocios.

Uno de los grandes misterios de Los Angeles de Charlie era precisamente saber quién era Charlie. En un curioso juego de alto interés antropológico la televisión norteamericana de los setenta había roto el cliché de las series de acción y puso como protagonistas a tres mujeres detectives —la rubia, la castaña, la astuta— en misiones de espionaje de alto riesgo. Había una salvedad que resguardaba el orden patriarcal: el trío seguía las órdenes que un misterioso hombre invisible les encargaba. Como la voz que escuchó Abraham y Moisés, Charlie estaba en todas partes y en ninguna. Los ángeles, por lo tanto, no gozaban de total independencia.

La teleserie Socias (TVN) —basada en un guión argentino— explora el cliché establecido por Los Angeles de Charlie sólo que las libera del fantasma invisible y las arroja en el descarnado mundo de los tribunales y los negocios. Tres abogadas dueñas de su propia firma se enfrentan a un mundo sembrado de sexo, mentiras y dinero. La historia principal gira en torno al personaje de María Elena Swett quien decide casarse con un millonario que la aventaja en varias décadas justo en el momento en el que su gran amor de juventud vuelve al país. Y claro, vuelve justamente a trabajar bajo las órdenes del marido magnate.

La velocidad de la oratoria trasandina es clave para entender por qué Socias se desarrolla con una fluidez poco habitual en los guiones locales, atascados por nuestra cultura de la parquedad y nuestro horizonte de diálogos abortados por los clichés. Acá, como en Soltera otra vez —también una adaptación argentina—, los protagonistas hablan, comunican, pelean, se torean mutuamente, se insultan y pormenorizan lo que se supone están sintiendo. Otro rasgo importado es que el servicio doméstico tiene carácter y no sólo es un decorado mudo y cursi como se acostumbra a representar en las telenovelas locales.

“Fáltame el respeto nomás”, le dice el personaje de Paola Volpato a su amante casual que juzga impropio tener sexo dentro del auto con una mujer como ella.

“Fáltame el respeto nomás”, le dice el personaje de Paola Volpato a su amante casual que juzga impropio tener sexo dentro del auto con una mujer como ella. Hay algo en todo ese desenfado que resulta cómodo y nada forzado. Sobre todo en el caso de la entrañable profesional que encarna Elisa Zulueta, que ha forjado una carrera evitando el compromiso sentimental y esquivando el peligro de ser secuestrada por la institución del matrimonio. La adaptación de Socias se arriesga incluyendo temas de actualidad local: hay una universidad privada bajo sospecha, los protagonistas se atienden de urgencia en un hospital público y una de las parejas pertenece a un movimiento religioso ultraconservador. Todo esto funciona, pero por sobre todo el espíritu de goce despojado de culpa histérica con el que se acostumbra dotar a los personajes femeninos de la televisión chilena.

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