Mientras en EE.UU. —un país industrializado con más de 300 millones de habitantes— los telediarios duraban media hora, en Chile (con menos de 15 millones en aquel tiempo y dedicados a cosechar manzanas) se extendían a lo largo y ancho de 60 minutos. Sin duda algo crujía en esta proporción desmesurada: ocurrían más cosas acá que en la potencia imperial o aquello que era considerado noticia por las salas de prensa nacionales en otras latitudes era irrelevante. Muchos elementos indican que la segunda opción es la más adecuada para comprender un fenómeno que en temporada de verano hace crisis.

Los noticieros estivales pueden alcanzar el nivel de páramos de una nadería en ocasiones cercana al absurdo. El comodín de la pauta en este caso es el calor: entrevistas a peatones que informan al público que cuando hay más de 30 grados hace calor. Para complementar la constatación empírica y humanizada del hecho se añade a un experto —en este caso el meteorólogo— que explica que en el hemisferio sur en pleno enero es normal que haga calor. Luego de eso los consejos musicalizados para enfrentarlo. Esto puede ir acompañado por una derivada económica: el precio de los ventiladores, el consumo de helado per cápita, el mercado del agua embotellada…

El mismo día en que en el Congreso se rechazaba discutir el sistema binominal, los noticieros de TV abierta apenas tocaron el tema. Ningún especialista fue entrevistado, ninguna relación con la realidad política sirvió para contextualizarlo. Sin embargo, se destinaron valiosos minutos a notas de pelaje insospechado. En Mega el extravío de mascotas en la playa era un asunto relevante, gracias al ejemplo de Pekita, una poodle que huyó de su casa. Para suerte de los editores existía el registro de una cámara de seguridad del momento exacto en que ella corría rumbo a lo desconocido. Los amos explicaron en pantalla su drama y llamaron a tener conciencia sobre el tema. En el mismo horario Chilevisión alertaba sobre los adolescentes que beben alcohol en Cachagua, con imágenes exclusivas de la dura realidad de las borracheras en la playa. “Se trata de jóvenes ABC1”, afirmaba la reportera. El tono moralizante y la poesía del periodista suelen suplir la ausencia de novedad o relevancia pública de notas como la del hombre que ‘vive’ en el aeropuerto de Santiago sin poder regresar a Madrid o el estafador telefónico Juan Francisco León que concedió una entrevista exclusiva en donde confesaba que había iniciado su carrera delictual vendiendo teléfonos celulares por Facebook.

La minucia recocida y zurcida como noticia abunda en verano. Reportajes anodinos sobre la importancia de las sandalias y el mercado de los quitasoles acaparan minutos en los que podría decirse algo relevante. La experiencia indica que una cantidad nada despreciable de hechos ignorados por los noticieros a la larga terminan estallando a mitad del invierno en forma de marchas, protestas o escándalos de mayor cuantía. Todo lo que se fragua subterráneamente mientras en la TV se preocupan de mostrar que una vez más hace calor en verano.