Una pequeña isla con forma de lagarto en medio de un mar turquesa, logró que el siglo XX quedara prendado de ella. Cuba es un territorio minúsculo en proporción a su propia leyenda y el eco que ha logrado con una historia que la ha mantenido en medio de disputas imperiales. Gran parte de esa leyenda se debe al desarrollo de una industria de cultura popular, pionera en Latinoamérica, que surgió al amparo de la juerga permanente de La Habana de Batista. El radioteatro, las telenovelas y los grandes espectáculos de revistas tuvieron en esos años un estallido que se transformó en leyenda y exilio luego del triunfo de la Revolución. La teleserie Celia de alguna manera pone en escena ese paisaje en esta biopic de Celia Cruz, genio y figura de la salsa de exportación comercial, ícono de la parranda caribeña y del espectáculo latino. Una producción de factura Telemundo, con gran repercusión en los países del norte de América Latina, lo que no es necesariamente éxito asegurado en esta parte del planeta.

La historia parte con un cóctel interesante: el patito feo pero talentoso que conquista el corazón de un príncipe negro y mujeriego que la ve como un diamante que debe ser pulido y mostrado al mundo. Celia es la hija tímida de un padre de clase obrera y moral puritana que tiene para ella un destino trazado: profesora de pueblo rural nacida para contraer matrimonio y tener hijos. Pero la joven quiere otra cosa, pretende ser una estrella del canto.

Celia no se rebela, más bien se escabulle en alianza con su madre y a contrapelo de la envidia de una medio hermana herida en su orgullo por una oscura historia familiar. La heroína es en cierto modo una Betty la fea que no alcanza a ser víctima y que sólo tiene un sueño: cantar. El romance, en este caso, es secundario. Si tan sólo se tratara de amor el asunto se hubiera resuelto rápido, pero no. Las pasiones en el Caribe parecen darse en los árboles, se cogen los frutos y ya está. Por eso lo que realmente importa de la historia es conocer los pormenores del largo camino al estrellato. Una ruta salpicada de historias paralelas de frustraciones de la más diversa calaña y amores desenfrenados o incluso tortuoso, como la relación semi-incestuosa entre un padrastro viudo y su hijastra —amiga de Celia— que busca librarse de él. Como fondo de todo, la isla reconstruida en parajes de Colombia y Puerto Rico y luego Nueva York de los años 60.

Celia es una especie de híbrido entre la biografía sin ánimo documental y la telenovela sin la sorpresa final del amor infinito. En este sentido el guión logra sortear el desafío y darle ritmo a una historia que ya sabemos cómo acabará. Y aunque es un producto de mero entretenimiento no esquiva la violencia del racismo ni los acontecimientos políticos que marcaron la vida de la llamada “reina de la salsa”. Una telenovela en formato coproducción, con debilidades en la interpretación de los personajes —el desbalance actoral es evidente— pero luminosa en los detalles y atractiva como relato de un mundo tan diferente del nuestro. Una cultura de gozo y desbordante vitalidad encarnada en la voz de una diva negra.

Lunes y martes 22.30, Canal 13. 

Twitter: @OscarContardo

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