Rapallo, pronunciado con una sola “l”. Así se llama el pequeño pueblo costero de la región de la Liguria donde Claudia Conserva y Juan Carlos Valdivia están pasando el primer año sabático de sus vidas, tras su abrupta salida de La Red, donde condujeron por siete años el matinal Pollo en Conserva. Es una localidad sencilla y familiar, de 30 mil habitantes, ajena al tráfico de Roma y el glamour de Milán. Aquí se come focaccia genovesa y pansoto, una pasta rellena de nueces y hierbas selváticas típicas de la zona. Es aquí también donde, instalado en un departamento cerca del mar, el matrimonio intenta “recuperarse anímicamente y ver las cosas con distancia”.
Sin duda que la depresión que los llevó a presentar la licencia de la discordia —ambos aseguran haberla sufrido por quince días, luego de la tragedia de Juan Fernández— ya quedó atrás. En estos cuatro meses que llevan en la península, los Valdivia Conserva han tratado de vivir a la italiana, incluidos sus hijos Renato (10) y Matilda (8), quienes han aprendido el idioma y son uno más en el colegio público donde los matricularon. Los ex rostros de TV no tienen nana ni ningún tipo de ayuda doméstica. Se cocinan ellos mismos, dividen las tareas y van caminando al supermercado porque tampoco han adquirido auto. “Al principio volvíamos con los brazos cortados con las bolsas hasta que, mirando a los demás, se nos ocurrió comprar un carrito”, dice Claudia muerta de la risa.
Desde que aterrizaron en Italia, el 26 de febrero pasado, aprovechan los fines de semana largos para darse escapadas. Roma, Londres y Sicilia han sido los destinos, además de Carrara, donde viven parientes de Claudia. De vez en cuando van también por Génova, que queda sólo a media hora en tren y donde el Pollo toma clases de inglés.

MIENTRAS ESO OCURRE DE ESTE LADO DEL ATLÁNTICO, EN CHILE HAY UN JUICIO QUE SIGUE SU CURSO. La Red acusa a la pareja de incumplimiento de contrato. Ellos alegan que el despido fue injusto y quieren una compensación económica. “Habrá un fallo y todos tendremos que aceptarlo”, dice Juan Carlos Valdivia, sin querer entrar en honduras. De todos modos, ya hubo un veredicto que fue contrario a la pareja, la que se querelló por injurias y calumnias contra el  director ejecutivo de La Red, Javier Urrutia, quien puso en duda la veracidad de las licencias. El tribunal falló en favor de Urrutia, incluso una vez que apelaron.
Se ven felices y relajados, aunque intuyen que cuando se acerque el momento del regreso la dolce vita no va a ser la misma. La rutina de Claudia consiste en levantarse temprano, dejar a los niños en el colegio y tomar un café. Luego, a nadar en la piscina municipal mientras su marido va al gimnasio. “Un gimnasio de pueblo, con choferes y taxistas”, señala el Pollo. “¡Y con un póster de Schwarzenegger en la pared!”, añade Claudia. A mediodía se juntan para un aperitivo, deciden lo que harán de almuerzo y compran comida fresca en el mercadito.
Lejos de los avatares que viven los italianos por la crisis que azota a Europa, los planes de la familia —ahora que los niños han salido de vacaciones— son pasar casi tres meses recorriendo el Viejo Continente. El día de la entrevista con CARAS, estaban envueltos en los preparativos para el viaje que comenzaría dos días después en París y terminará en septiembre en la isla griega de Mikonos. La idea es visitar diez países en un auto arrendado. Francia, Holanda, Alemania y Suiza figuraban entre los destinos previstos, además de un viaje en catamarán por Croacia.
El departamento de Rapallo no estaba arrendado por los meses de verano; Claudia debía desocuparlo y dejar todo en orden para los nuevos inquilinos. “¡Olvídate el desorden que tengo!”.

EN RAPALLO LOS VALDIVIA CONSERVA NO VEN TELEVISIÓN. “No tenemos cable. Tampoco leemos diarios italianos. Intentamos informarnos de lo que pasa por internet y el Pollo por Twitter”, cuenta Claudia. Cuando van por la calle se cruzan con gente que les saluda y se dan tiempo para hablar con todo el mundo. “Son los otros apoderados del colegio. Es que esto es tan chico que todo el mundo se conoce”, justifica.
Los niños también parecen encantados con su nueva vida. Matilda se abraza a su mamá y le muerde la cara en señal de afecto.“Para ellos no ha sido un problema este cambio. Fue muy bonito ir a dejarlos al colegio el primer día porque los compañeros los estaban esperando. Les habían dicho que llegaban niños chilenos y les habían preparado cartas y dibujos de bienvenida. ¡Estaban fascinados!”.
Sentada frente a una copa de vino blanco y un plato de trocitos de focaccia y frittata, la animadora afirma: “Lo que queríamos era experimentar una vida sencilla. En Chile contábamos con ayuda, pero aquí queríamos hacer las camas, lavar, planchar, ir a dejar a los niños al colegio. Yo no estaba acostumbrada a hacer las tareas domésticas y descubrí que me causa placer. Cuando estoy planchando pienso que quiero que se vean súper, con su ropa impecable, estiraditos… A veces no me queda tan bien pero ¡da igual!”.
—¿Por qué decidieron tomarse un año sabático?
—Este era un sueño que teníamos hacía mucho tiempo aunque pensábamos que se cumpliría en un futuro… pero en ningún caso en 2012. Nuestra salida de La Red fue muy dolorosa, muy traumática. A lo que se sumó la pérdida de gente a la que le teníamos mucho aprecio. Además de Felipe Camiroaga —una persona muy cercana porque comenzamos juntos—, falleció uno de los mejores amigos del Pollo. Sentimos que teníamos que desintoxicarnos de esas experiencias tan traumáticas y hacer algo absolutamente distinto.
—¿Qué fue lo que más les afectó de su salida de La Red?
—La forma inesperada en que se produjo… yo no me lo esperaba. Fue una decisión injusta porque los dos nos habíamos volcado durante años en nuestro trabajo y ni siquiera tuvimos la posibilidad de despedirnos.
Se ven cansados de hablar del tema. No quieren volver a dar explicaciones de por qué presentaron una licencia médica por depresión. “Nos gustaría pasar página”, explica Claudia.
—¿El balance de estos cuatro meses en Italia es positivo?
—¡Absolutamente! Estamos todos contentos con la decisión. Yo en Chile me levantaba muy temprano. Un cuarto para las seis de la mañana estaba en pie y nunca tuve la posibilidad de despertar a los niños. Ahora lo hago cada día y es una de las cosas que me tiene más fascinada. Poder ser yo quien peine a la Matilda para que vaya al colegio. Es verdad que también ha habido momentos difíciles en estos meses y nos hemos peleado… ¡porque estamos todo el día juntos! Pero sabíamos antes de partir que este año sería intenso, que íbamos a discutir y que a lo mejor nos agobiaríamos. Por suerte, en general no ha sido así y raya pa la suma, el balance es positivo.
Gran parte de la vida de la familia transcurre en el living del departamento de 120 metros cuadrados que arrendaron en Rapallo. Allí Claudia se instala a planchar mientras los niños juegan en el computador o hacen las tareas. “Estamos todo el día achoclonados, y esto es algo nuevo para nosotros. Quizás el mayor cambio ha sido convivir las 24 horas en un espacio muy pequeño. Esto ha generado roces… pero es parte de la experiencia”
No han establecido una división de las tareas domésticas, improvisan. “Al Pollo le gusta hacer spaghetti con atún y crema, su especialidad”, dice Claudia mientras su marido, ajeno al hecho de que en Italia es pecado mezclar el pescado y la crema, añade contento: “¡Es la dieta del soltero!”.
En abril pasado, la familia visitó Carrara, famosa por sus canteras de mármol, y el lugar desde donde emigró el padre de Claudia. Allí los niños pudieron ver cómo se corta el mármol y conocieron a los dos tíos abuelos nonagenarios de su madre que siguen vivos.

“HA SIDO UN CAMBIO BRUSCO Y CUALITATIVO RESPECTO de LA VIDA QUE LLEVÁBAMOS”, dice Valdivia, quien toma una cerveza sentado en una de las coloridas mesitas al aire libre de una pizzería del paseo marítimo del pueblo.

Lea la entrevista completa en la edición del 20 de julio.

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