Con su ya conocido escote, Nigella Lawson cierra los ojos, abre sus labios, empieza a agitarse. Está totalmente entregada al placer. No lo puede (ni quiere) controlar. Después del llanto público y la humillación en un tribunal, la famosa cocinera de la TV inglesa responde al público con esta imagen orgásmica. Se trata de la promoción de su nuevo programa estadounidense The Taste (que debuta este martes 7, un día después de su cumpleaños 54), pero sus seguidores y los medios leen la provocativa publicidad como un signo indirecto de la dulce revancha que prepara la estrella de las recetas caseras.

Con un imperio millonario alrededor de su imagen de dueña de casa perfecta, son pocos los que creen que el drama de su violento divorcio con el magnate del arte Charles Saatchi , las humillaciones y las revelaciones de consumo de drogas en el juicio en contra de sus empleadas italianas puedan destruirla. En su única declaración post escándalo fue clara: “Sobreviviré”.

Los ojos están puestos en su reconstrucción. Y esta aristocrática londinense tiene camino ganado, pues la fidelidad hacia su figura llega hasta el Primer Ministro David Cameron, quien en plena crisis en la justicia declaró en una entrevista que él y su mujer eran “Team Nigella”; palabras que tuvieron consecuencias, ya que los analistas apuntaron a que era imposible que la demanda de la chef televisiva fuera imparcial si el hombre más poderoso de Inglaterra le daba su apoyo por los medios.

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¿En qué momento toda la ilusión en torno a la figura de Nigella se vino abajo? En los últimos seis meses, con la imagen de su ex marido agarrándola amenazante del cuello en un lugar público, lo que abrió las puertas a una vida matrimonial que parecía perfecta —dos figuras influyentes y millonarias—, pero que escondía una resquebrajada relación.
Una acción tomada por la propia chef y Saatchi, a mediados de 2012 , explotó como una bomba al cierre del año pasado: la inglesa demandó por fraude a las hermanas italianas Lisa y Francesca Grillo, sus asistentes puertas adentro (nanny y ama de llaves). Estas mujeres, según Nigella, ocuparon la tarjeta de crédito que les dio por trabajo para uso personal en ropa de diseñadores, zapatos carísimos, joyas, accesorios y viajes.

Las empleadas conocían la vida de Lawson por más de una década, desde antes de que enviudara de su primer marido (John Diamond). Y en la corte alegaron que ella estaba al tanto de todos esos gastos y tenían su venia para las millonarias compras. Que no hicieron nada ilegal.
Así, las que fueron sus confidentes empezaron a develar en la corte su estilo de vida fuera de cámara: desde que nunca cocinaba en la casa hasta el abandono en que tenía a sus dos hijos, además de la obsesión por estar al tope de la fama.
Nigella no quería ponerse en el estrado como testigo en contra de sus asistentes, pero presionada por su acaudalado ex tuvo que ir a la corte a refutar las declaraciones de sus empleadas, que aseguraron que la chef era una adicta a la cocaína, entre otras drogas.
De acuerdo con un correo electrónico del propio Saatchi, dado a conocer en el juicio, las mujeres tenían el consentimiento de su jefa para los gastos en retribución a su silencio ante sus secretas adicciones.

En la corte, la estrella de la cocina inglesa refutó tales acusaciones. Así pasó de ser demandante a acusada frente al jurado, los medios y el público. En el tribunal confesó que sólo había consumido cocaína seis veces en su vida, cuando su primer marido vivía; nunca después. Y que sólo fumó marihuana en contadas ocasiones para alivianar el estrés a la que la tenía sometida su pareja galerista.

Recalcó que detrás de todo este ataque estaba su ex moviendo los hilos para desprestigiarla y destruir su imagen, cumpliendo así las amenazas que recibió al final del matrimonio.

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Pocos días antes de la Navidad salió el veredicto: las hermanas Grillo fueron declaradas inocentes de fraude. Nigella dio una fuerte declaración en que dijo sentirse defraudada del sistema, no sólo por el veredicto sino por la exposición a la que fueron llevadas ella y sus hijos (obligados a declarar sin asistencia legal). Enfatizó que si algo había que sacar en positivo era que su caso fuera tomado como ejemplo, para que otros anónimos no pasaran por lo mismo: ensuciar la imagen con mentiras sin consecuencias.

Herida, pero no vencida, la reina de la cocina británica empieza a dar vuelta la página. Contrató al famoso coach personal John Whittington para que la ayude a levantarse de nuevo y tiene su mirada puesta en Estados Unidos, donde grabó con Anthony Bourdain The Taste. Incluso quiere que su hija vaya a la universidad en ese país. Con un libro nuevo por lanzar, Nigella tiene recetas para rato.