Está en la cima; como nunca quizás imaginó verse a sus 52 años. Menos después de vivir en carne propia el machismo y el ninguneo que existen en televisión hacia las mujeres mayores, como cuando en 2010 fue sacada del Buenos días a todos —y reemplazada por Carola de Moras— con el objetivo de “refrescar la pantalla”, para luego quedar “congelada” y sin proyectos, a pesar de que mantenía contrato vigente con TVN.

En el 2013 Mega apostó por ella para la mañana, y hoy Kathy Salosny no sólo lidera el rating con el matinal Mucho Gusto; en enero figuraba junto a su compañero de programa Lucho Jara, como la conductora mejor evaluada —desplazando del primer lugar a Tonka Tomicic— y en el 2014 como la mujer con la que más se identifican las chilenas; ambas mediciones según la encuesta Gft Adimark. Un capital que —si se decide— podría servirle en caso de estar dispuesta a ocupar a futuro algún cargo político. “Sería una manera de devolver la mano a la vida y a la gente”.

“Este lugar me lo he ganado”, reflexiona mientras toma una copa de espumante en un restorán de Vitacura. Lo dice sin soberbia, pero con la seguridad y confianza de quien ha hecho el camino largo para llegar al sitial que hoy ostenta. Un camino que no sólo abarca lo profesional con 33 años de trayectoria, un título de actriz y un buen número de programas y teleseries. También ha sido un proceso personal profundo de sanar heridas, cerrar ciclos, comprender su historia y los vacíos que le generó pertenecer a una familia donde el abandono, el desarraigo y el abuso, por parte de su padre, marcaron su niñez… y su vida entera.

Tras 18 años de terapias y sicoanálisis, el día que Kathy dejó de sentir culpa por todo —“hasta de ser exitosa, porque creía que no me lo merecía”—, se liberó. Botó esa pesada mochila que por años cargó llena de expectativas y proyecciones ajenas, postergando las propias, para al fin vivir a su manera y sin dar explicaciones.

Hizo el camino más difícil para salir adelante, el de enfrentar y no evadir; el de no traicionarse y ser consecuente con un estilo de vida particular pese a las críticas, y que, sin duda, la llevaron lejos, sintiendo ahora la satisfacción de haber hecho bien las cosas, ganando respeto y cariño. “Estoy contenta, haciendo la pega que me gusta. Me levanto feliz a trabajar, con un equipo donde hay humor y los afectos son reales; que no siempre se da en la tele. Además, en febrero me entregaron mi casa en Tunquén, que se ha convertido en mi refugio”.

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Para Salosny, su labor de conductora de TV tiene harto de compromiso social. Por eso aceptó la invitación de integrarse al directorio de la fundación Para la Confianza que preside José Andrés Murillo, que va en ayuda de los niños abusados. “Lo admiro a él, a James Hamilton y a Juan Carlos Cruz, ya que a partir de ellos con el tema Karadima hay un antes y un después respecto a los abusos de menores. Ahora estamos enfocados en cambiar la ley a una capaz de proteger, que nos haga tomar conciencia, que los niños no terminen como victimarios y no queden en impunidad los abusadores”.

—¿No le reabre heridas trabajar tan de cerca con el tema?

—No, al contrario, ayudar desde la experiencia me sana y hace bien; es una manera de devolver la mano, ya que para mí son temas que trabajé y están resueltos, aunque las heridas siempre estarán… Hay muchos tabúes todavía de los que hay que hablar para erradicarlos.

—¿A cuáles se refiere?

—A las culpas, al miedo de las familias a que se estigmatice el niño o el apellido, por eso muchas veces prefieren callar, cuando lo importante es no dejar solas a las víctimas. Una vez que se enfrenta el tema, claro que hay pérdidas, rupturas, todo dependerá de si la familia se une o no para ayudar.

—¿Cuál ha sido su fórmula personal para sanarse?

—Además del sicoanálisis que es concreto, no me fui por la evasión, sino por enfrentar y hacer el proceso. Seguí mi intuición, y si bien hay renuncias y pérdidas, la vida me ha ido compensando. Hoy estoy en el lugar y espacio que me he ganado a punta de trabajo interno y externo, porque he sido coherente conmigo, me hice caso en lo que creía que tenía que trabajar, no traicioné mis objetivos y viví la vida que quería, aunque no fuera convencional. También, me he preocupado de ser profesional. Tengo la convicción de que trabajar en televisión requiere un compromiso social, estar en sintonía con los problemas de la gente, que va en línea con lo que hago en el matinal.

—Ha dicho que está en una etapa de alivianar la mochila, ¿con qué carga aún?

—Ya no cargo con nada, cuando cumplí los 50 la solté, por eso lo celebré en grande. Me liberé cuando dejé de llorar por lo que no valía la pena, cuando abandoné los miedos injustificados, en el momento en que logré ver la real dimensión de la culpa y despojarme de ella. Ese fue un momento clave.

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—¿Con qué culpas cargaba?

—La culpa de no ser madre, de no sentirme libre para elegir la vida que quería; vivía dando explicaciones. Cuando te liberas de la culpa, recién ahí empieza el ejercicio de la libertad, de darte permisos, de sentirte orgullosa de ti, de tus momentos de valentía que fueron necesarios.

—¿Le queda alguna batalla pendiente?

—No, y no es que viva en la panacea, pero me gusta la vida que tengo, que elegí y la manera en que la vivo.

—¿Tampoco aspira a consolidarse con una pareja?

—No, en lo absoluto. Tengo cero rollos con quedarme sola, no es algo que ande buscando. Ahora no tengo a nadie. Si el amor llega bien, y si no, ¡también!

—¿No será una coraza por miedo a fallar?

—No, es un aprendizaje. A veces me han dicho que soy un poco fría, que me pongo una coraza como dices, incluso mis compañeros de programa me molestan con que no dejo entrar a nadie que no quiera, ¡y por supuesto que lo hago!; los seres humanos actuamos así. Hoy no me aferro a nada ni a nadie. Insisto, me gusta la vida que llevo, y en eso el cariño de la gente ha sido súper potente, me importa. Quizás una manera de retribuirle sería a través de la política, poniendo un restorán…

—¿En serio se presentaría a un cargo de elección popular?

—Me encanta la política, podría ser, hay harto de político en lo que uno hace en TV y trato de estar informada de todo. Me han dicho que debería presentarme a alcaldesa o diputada, incluso en el programa me molestan con que tengo vocación… Y ahora que lo pienso, ¡¿por qué no?! He estado en tantos escenarios, he hecho tantas cosas. Me gustaría, hay que ver qué va pasando…

—Sería una carta segura con su credibilidad y con el descrédito de los políticos actuales.

—Me da pena que esté todo tan oxidado. Es necesario el recambio, creo en ellos, no solo de tipo generacional, sino en la forma de ver y de ejercer la política. No digo que tenga la fórmula, pero estamos con tal nivel de desconfianza… Para que los cambios ocurran, se requiere la voluntad de ceder espacios y de estar conectados con lo que la gente de verdad necesita. La ciudadanía está empoderada y hay que escucharla.

—¿Entre sus batallas nunca estuvo recuperar un lugar en la TV?

—No era una ambición. Quizá pude pensarlo, pero no me quedo pegada; tal vez por eso se me han dado las oportunidades. En un momento incluso me vi fuera de la tele, estaba resignada y pensando en hacer otras cosas.

—¿Por qué pensaron en usted?

—Hay valoración por quien soy, por mi trayectoria. Fue apostar por alguien que estaba vigente, que hace bien la pega, que está muy bien evaluada y con estudios que lo avalan.

—¿Por qué TVN no lo estimó así? La gran crítica a las elites y a quienes toman las decisiones es que están disociados con respecto a lo que quiere la gente.

—Puede ser… Primero tiene que haber voluntad de sintonizar con el gusto y necesidades de las personas. En mi caso, hubo una apuesta y el resultado fue inmediato; ¡tenemos una gran sintonía! La sociedad ha ido cambiando, vienen las nuevas generaciones, me siento cada vez más cómoda, menos cuestionada. Me gusta el lugar donde estoy instalada, ser respetada y aceptada.

—¿Cuál es su relación con el éxito?

—Piola, no me consume las energías, ¡a diferencia de Lucho (Jara), por supuesto!… Tengo conciencia de estar en un programa exitoso, sin embargo, me lo tomo con humildad. Mi relación con el éxito es buena, de hecho no me costó nada renunciar a la TV para estudiar teatro. Nunca me creí el cuento, me sentía culpable de que me fuera bien; había cosas que no merecía. Fue bueno para domar el ego.

—¿Y hoy se lo merece?

—¡Me merezco todo lo que tengo! Estoy feliz, y más encima me dieron la oportunidad de tener un espacio en TV a los 52, eso es abrir puertas a un cambio. Antes para las mujeres era mucho más difícil, hoy existe conciencia de que es necesario que estén en pantalla, de que así tiene que ser. Debieran existir varias Kathy Salosny y muchas otras por venir.

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—¿Cómo se maneja con la guerra de vanidades en TV? Tendrá claro que su puesto es codiciado.

—No tengo rollos con el tema, en algún momento tendrán que venir los cambios, lo enfrentaré con tranquilidad y me reinventaré.

—¿No se ha vuelto más calculadora con el tiempo para mantenerse en TV?

—No, al contrario, hay que soltar y disfrutar lo que tienes. No soy estratega, me carga el lobby, mi única fórmula es mi trabajo diario, es ser súper profesional. No me exijo mantenerme por una cantidad de años, aunque tengo ganas de hacer TV por harto tiempo.

—Sin embargo, admitió que aprendió a dar combos de vuelta.

—Tengo los límites claros. Antes me costaba; ese fue el aprendizaje más duro que tal vez tuve en la vida. Permitía que me pasaran a llevar, en no ser como yo quería, cargaba con las proyecciones no resueltas de los demás y les daba la razón, postergándome, sin ser la mujer que quería ser ni tomaba el camino por donde quería ir.

—Y ahora, ¿cuándo da el manotazo?

—Cuando me hacen sentir vulnerable, no querida ni apreciada; me insegurizo y pierdo la confianza. Pero ya no pego; no estoy para eso. Tengo mi lado agresivo, aguerrido, que durante un tiempo me jugó en contra porque me defendía demasiado, tenía miedos. Hoy me salgo del ring, me retiro antes, no dejo que nadie me toque. No ve como una revancha personal ganarle en rating a las más jóvenes, aun cuando el 2010 fue reemplazada del BDAT por una de ellas, con el fin de “refrescar la pantalla”. “No me enfoco en que esté ganando, sino que haya un espacio donde coexistan jóvenes, otros no tanto y una mujer de 52, ¡porque es lo que corresponde! No porque cumplamos años, debemos restarnos. Me alegra el alma; era un cambio necesario y siento que hago un aporte concreto. Las mujeres tenemos que lograr esa equidad, es un camino eterno. Mientras más estemos ahí por trayectoria, historia, porque lo hacemos bien, ¡fantástico! La inclusión y los derechos femeninos es otro de los temas que me importan, porque también los he vivido en carne propia”.

—¿Cuál diría es su aporte?

—El humor, la sensibilidad con las cosas que ocurren, ser empática con el otro. Eso es importante para quien ejerce un rol social como el nuestro. En eso hay que creerse el cuento.

—¿Cuál es su visión de la crisis del BDAT y de la salida de Karen Doggenweiler, el último bastión que quedaba del programa?

—Es fuerte lo que ha pasado ahí, tal vez el proceso de cambio era necesario dadas las circunstancias. Allí se vivió una situación muy dolorosa y dramática (tras la muerte de varios integrantes, entre ellos Felipe Camiroaga) que, sumado a una serie de cosas, los llevaron a los resultados actuales. Y claro, como bien dices, Karen era el último bastión, parte del ADN del matinal… Tendrán que hacer los ajustes necesarios para volver a encontrar el riel o una nueva identidad; me imagino que estarán en eso. TVN hace rato que está en crisis. La pérdida de Felipe fue mucho más allá del programa, lo fue para el canal y el país. Era un tremendo comunicador. Le tengo un cariño entrañable a TVN, sólo les queda salir adelante.

—¿Cree que a Karen le costó la salida la tapada de boca a una mujer chilota que se expresó en contra de la Presidenta?

—Fue un acto involuntario, las redes sociales son súper crueles: Karen es una mujer de oficio, inteligente, con un carrete de aquellos, se le fue de las manos, no creo que haya querido censurar a alguien.

—A usted podría ocurrirle lo mismo.

—Aquí es cuando el oficio sirve, puedes dar vuelta la situación, aprovechar el momento o dar el espacio. Fue ingrato para Karen, creo que la sobrecastigaron.