Su casa en Tunquén es sagrada, un lugar cálido e iluminado, levantado completamente en madera y con una amplia terraza que mira al océano. Aquí la animadora recarga energías y ve a las personas que quiere.

“Me encanta venir sola; no tengo tele ni mucha conexión a internet. A veces hago parrilladas e invito a mis amigos”, dice abriendo por primera vez las puertas de su refugio y enclave fundamental en este ajetreado 2018, que para ella se inició con su salida del matinal Mucho Gusto de Mega —tras cinco años en la estación— y continuó con un inesperado fichaje en TVN y que remeció la industria.

Se habló del ‘factor Salosny’, o el evidente efecto que esta comunicadora genera en el rating cada vez que está en pantalla o la deja. Ocurrió cuando en TVN decidieron relevarla como coanimadora del Buenos días a todos (donde formaba dupla con Felipe Camiroaga) para “refrescar la pantalla” (como fue literalmente el argumento). La sintonía cayó de manera dramática… El efecto se repitió cuando se sumó a Mucho Gusto (Mega) y los números nuevamente la favorecieron, ubicando al espacio como líder de la mañana. La regla se confirmó cuando tras su salida —en febrero de este año— la estación perdió el primer lugar ante CHV, canal con el que empató en marzo, para recuperar su sitial en abril y mayo, de acuerdo a datos de Kantar Ibope.

“La gente empatiza conmigo, conoce mi historia. Y cuando ejerces un rol social, conectas con las mujeres, el abuso, los niños, que a mí me importan mucho, eso se percibe. Tengo un público que me sigue, muy comprometido en las redes sociales, leal, fiel, que va conmigo como marchando. Son una energía poderosa”.

La noticia de su salida impactó en las redes y se tomó las portadas de los medios. Sin embargo, Katty demostró que está plenamente vigente, con sus 54 años muy bien puestos y como flamante conductora del late No culpes a la noche (TVN). Una figura opinante, que se indigna cuando habla de las injusticias que sufren las mujeres en todos los ámbitos, que ha vivido en su propia historia el abuso (un tema que la complica, que le duele) y que, como cuenta por primera vez, sólo ha podido con terapia y ayudando a tantos que, como ella en su adolescencia, se sienten en un túnel sin escapatoria. Por ello, ingresó al directorio de la Fundación para la Confianza, creado por José Andrés Murillo, James Hamilton y Juan Carlos Cruz, los denunciantes del Caso Karadima, y que lograron poner en jaque a la jerarquía de la Iglesia Católica chilena. “Ellos son mis héroes; existe un antes y un después en los abusos en Chile desde que ellos entregaron su testimonio”. No lo dice, pero en su admiración también se encierra su propio relato como sobreviviente.

¡REVISA LA ENTREVISTA COMPLETA EN NUESTRA REVISTA, DESDE ESTE VIERNES 15 DE JUNIO, EN TODOS LOS KIOSCOS DEL PAÍS!