Juan Manuel Astorga (40) fuma mirando el suelo, mientras espera afirmado en un poste del alumbrado público. Lleva un polerón celeste con la capucha sobre la cabeza, ocultando un poco su cara porque prefiere no ser reconocido (dice que es una manera de proteger su autoestima). Es mañana de domingo, hace frío y acaba de conducir Estado Nacional de manera excepcional. También de manera excepcional nos juntamos para continuar, en un café, la conversación que comenzamos hace dos días en su departamento de Vitacura. Esa tarde de viernes hizo un alto en su rutina, que después de almuerzo incluye sagradamente varias horas de sueño y ejercicios. Su casa está dividida por temáticas: el bar y estar para los amigos, el dormitorio con muchas fotos (incluida la del novio) y unas gruesas cortinas blackout para la siesta; un escritorio donde trabaja y destacan los lápices —muchos y de todo tipo— ordenados por colores y la pieza ‘del juego’ gobernada por el teclado (está estudiando composición musical, el año pasado aprendió canto para poder hacerlo en público) y el playstation. Todo unido por cables y wifi con el celular: “soy el rey de internet, todo está conectado, aprieto una tecla y suena el parlante que quiero o se enciende la luz correcta”.Wp-Juan-Manuel-Astorga-193 La última entrevista larga que dio fue hace cinco años y en ella se reconoció gay. Una confesión que le trajo consecuencias devastadoras y de la que no se arrepiente. Pero ese es un tema que retomaremos luego. Hoy está redimido y feliz con todos los Juanma que es: trabajólico, sentimental, malo para dormir y librepensador. El trabajólico es el más público, el que todos conocen como una de las caras del periodismo chileno. Parte muy temprano en radio Duna con dos programas consecutivos (Duna en punto y Hablemos en off), más un tercero los viernes en la noche sobre música, conduce Vía Pública y El Informante en TVN, además escribe una columna en Publimetro y este semestre tuvo que dejar sus clases en la universidad por falta de horario. Para llevar este ritmo organizó su vida en dos etapas: de lunes a jueves y de viernes a domingo. En la primera se levanta a las 5:30, lee los diarios, toma desayuno calmadamente. Está al aire en la radio entre 7:00 y 9:00, luego se va al canal... y regresa a su casa a mediodía. "Recupero sueño con una siesta, en seguida hago deporte y vuelvo a enchufarme, reviso Twitter, blogs, los diarios, preparo el Vía Pública y voy al canal de nuevo, ahí me quedo como hasta la una... Me acuesto pasadas las dos de la mañana”. —¿Desde cuándo vives así? —Fue una decisión de vida que tomé hace un tiempo y hasta ahora me las he batido bien. Sé que nadie puede vivir bien con tres horas de sueño en la noche y otras tres de siesta en el día, asumo que es un riesgo que corro por la pega, pero estoy buscando un doctor que me ayude a tener mejores hábitos de sueño, porque tengo claro que este invento mío no es nada saludable. Pero el fin de semana es distinto. Los viernes y sábados salgo donde sea, si no tengo carrete me invento uno. Me desenchufo, nada de noticias, no leo ni el diario, ando más relajado. Wp-Juan-Manuel-Astorga-450 En el 2012 regresó —después de tres años fuera de pantalla— a la TV con Vía Pública. Lo llamó el director de prensa de TVN Enrique Mujica a quien conoció en radio Duna. “Dudé en volver, tenía la radio y estaba bien. Vivía perfecto en lo económico y también en cuanto a satisfacciones profesionales. Tenía recelo y se lo dije. El me dio mucha libertad, desde elegir el nombre del programa hasta el equipo, los colores, los sillones, la estructura de pauta y el enfoque periodístico, todo. Tuve la suerte y la confianza de gestar totalmente Vía Pública, un programa que se hizo de un nombre, que es muy comentado”. Desde entonces estaba la idea de realizar algo en la señal abierta. Por eso cuando surgió El Informante se lo ofrecieron a él. “Para mí fue un reconocimiento porque de todos los conductores de prensa del canal soy el nuevo”. —¿Eso generó inconvenientes con tus compañeros? —Siempre habrá cosas, pero no sé, nadie me ha dicho nada... Lo que sí puedo afirmar es que tengo buenos amigos en prensa, especialmente Amaro (Gómez Pablos) y Gonzalo Ramírez. Tenemos la oficina al lado y nos pasamos echando tallas. El 2009 se fue a negro. Literalmente apagó la tele. Después de que se acabó LivTV en marzo de ese año estuvo un par de meses más al frente de Mirada empresarial en CNN hasta que también salió de ahí. “Me fui triste, ni siquiera supe qué fue lo que pasó...”. —Un golpe a tu ego. —No, te juro que no. Mi ego no pasa por la pega o lo profesional. Jamás voy a pelear con alguien que me haga una crítica negativa. Yo vengo del infierno, sé qué cosas de verdad me importan. Ese infierno del que habla había comenzado varios meses antes con una depresión que se fue profundizando. “Casi no trabajé, sólo mantuve las clases en Vitacura y un programa de economía en 13 Cable por un tiempo. No hacía casi nada y nadie me llamaba, sentía que la vida se me había acabado”.
Me sentí solo...La sociedad tiene que pensar como trata a los gays... como si fueran una casta distinta a los heterosexuales…
—¿Tuvo algo que ver con contar públicamente que eres gay? —La entrevista cumplió su objetivo. Pero tuvo costos impensados. Pensaba que esa confesión me iba a abollar en lo profesional, que muchos no querrían trabajar conmigo porque era gay. Pero eso nunca ha sido un tema, jamás mi jefe me ha dicho algo, ni en Vía Pública ni en El Informante, tampoco en la radio o el diario. Pero sí viví una hecatombe que no calculaba, al siguiente día de publicada la revista y durante varios meses hubo un bombardeo de personas que me querían contar su experiencia, padres que no entendían cómo abordar a su hijo gay, hijos que no sabían cómo reconocerse frente a sus padres, por correo, Facebook, en la calle, en el metro... Al principio les contestaba a cada uno, después la situación terminó abrumándome. En Facebook tenía unos 80 mensajes diarios, todos por el mismo tema y muy fuertes. Otros tipos me invitaban a salir, algunos casados o que estaban pololeando. Eso me aplastó. Ahí terminé por derrumbarme, me di cuenta de muchas cosas, de lo confuso que estaba en varios aspectos de mi vida, de que estaba haciendo hartas huevás, y no me refiero a lo sexual. —Un tremendo remezón. —Claro, me replanteé qué pretendía con mi vida a partir de esa entrevista. Mi familia y mis amigos sabían que era gay, pero que todo Chile lo supiera fue otra cosa. Después me di cuenta de que había personas que no querían estar en público conmigo, por ejemplo compartiendo una mesa en un pub. Varios sin avisarme desaparecieron. Eso terminó por producirme un daño y una herida que acrecentó ese derrumbe. Pero sí hubo amigos que me acompañaron en mi peor momento, esos que se sentaban conmigo cuando yo estaba en la cama, mientras lloraba y lloraba. Wp-Juan-Manuel-Astorga-193-4 —¿Hubo algún hecho que lo hizo sentir el fondo del pozo? —Fue una noche en que choqué curado. Estaba en mi casa, había tomado mucho, salí a entrar el auto y me fui contra la reja, como el plan cuadrante estaba al frente, llegaron los carabineros altiro, me hicieron la alcoholemia y me quitaron la licencia... Ahí me di cuenta de que estaba mal, empecé mi proceso de introspección. Lloré todo lo que tenía que llorar. Me fui a vivir con mi hermano. El tenía a un pobre llorón en la pieza del fondo, que no se levantaba en tres días porque no tenía nada que hacer. Dormía, veía tele o miraba Twitter, iba al sicólogo, él me decía que había tocado fondo y que debía definir qué camino iba a seguir. Ahora lo cuento sin ningún pudor, porque la depresión es una enfermedad muy frecuente entre los chilenos, pero nadie lo toca ni la asume. Lee esta entrevista completa en la edición del 31 de mayo.