Jorge Zabaleta tiene los pies bien puestos en la tierra. A sus 46 años dice que ya las cosas están claras, que no debe andar demostrando nada, que prefiere ir liviano por la vida, sin una imagen que aparentar. “Hasta peco de poco vanidoso; cómo será que ando en una camioneta que ya tiene sus años, con algunos rayones. Lucho Jara se rió de mí en el matinal y para molestarme se la llevó a 10 de julio… Pero me da lo mismo: la seguridad no te la da el auto que manejas o la ropa que usas. En eso ya fui y volví. Me compré ropa y autos caros. Y encontré que eso no era…, vivía preocupado, hasta que dije ‘chao’. Agarré todas las cosas y las vendí?”, dice dejando atrás esa imagen de divo que lo persiguió durante varios años, con quien, se decía, no era fácil trabajar.

Pero ahora, en los confines del Arrayán, en el Santuario de la Naturaleza, con el frío y la humedad que traspasa hasta los huesos, el actor —vestido de smoking como para una gala— se ve relajado, totalmente dueño de sí mismo, mucho más seguro. Un hombre de posiciones claras y contundentes.

En el proceso tuvo que ver su viaje a Miami en 2014, para las grabaciones de la coproducción entre TVN y Telemundo, Dueños del paraíso, que allá fue todo un hit y que le abrió las puertas de la industria televisiva en Estados Unidos. “Allá los actores son muy producidos, preocupados por la imagen, entonces se reían porque yo andaba despreocupado, con shorts y chalas. Para ellos , era como un náufrago, por eso les caí bien, porque no tenía pretensiones. Mi fortaleza y mi felicidad van por otro lado. ¿Cómo voy a comprar una chaqueta de 250 lucas? ¡Tendría que estar loco! Pero con los viajes no escatimo, veo cuánto vale el pasaje y vamos todos en familia. O salir a comer a un lugar rico, me encanta”.

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Aunque Zabaleta ya no es el carnívoro, el experto en asados de antaño. De Miami también trajo una dieta que, asegura, le cambió la vida. Nada de carnes rojas, chocolates, frituras y picotear por ansiedad. Bajó diez kilos. “Todo el día tomo jugos que yo mismo preparo en una máquina especial. Y sólo como una vez al día, en la noche, nada más que alimentos sanos, sin azúcar, grasas, carbohidratos o gluten. Quiero andar liviano por la vida”, admite el actor ahora notoriamente más delgado.

No es el único cambio. Tras 9 años en TVN acaba de firmar con Mega, donde ya está pronto a estrenar Señores Papis. Ahí, junto a Francisco Melo y Simón Pesutic representan a tres padres que, por diversas razones, deben asumir la crianza de sus hijos. Enfrentan el desafío en tiempos en que las mujeres se modernizaron, son independientes, trabajan, mientras que a ellos se les enseñó a competir, a ser buenos proveedores, pero de crianza, poco o nada.
“Estoy contento con el cambio de canal, me hizo bien; he vuelto a estar con la gente que quiero”, dice tras ser convocado por la directora del Area Dramática de Mega y su ex jefa en TVN, María Eugenia Rencoret. “Toda mi lealtad está con Quena; me abrió las puertas de Televisión Nacional y me dio su confianza cuando me fui de Canal 13 y estaba mal, triste”.

Eso, mientras que su anterior casa, TVN, ahora atraviesa por un serio revés, con pérdidas millonarias que llevaron a que el gobierno tuviera que inyectar 75 millones de dólares. “Es triste, aunque tengo la esperanza de que llegue la gente correcta a rescatar el canal. Tal vez no era el momento de meterle toda esa plata, pero coincido en que un canal público es fundamental, de hecho fue una de las razones por la que me costó dejarlo”, confiesa.

Posicionado como uno de los actores más valorados de la pantalla, con algunas interpretaciones inolvidables en Papy Ricky y Machos, entre otras, Zabaleta se ha transformado en un rostro valorado por las marcas, por su perfil cercano a la dueña de casa, donde hoy es figura de un supermercado. Antes fue el ícono de La Polar, pero renunció tras la denuncia de que la empresa cobraba intereses excesivos a sus clientes, básicamente personas de bajos ingresos. “Lo volvería a hacer, no tengo ningún problema”, declara al punto que cuando estalló el escándalo de la colusión de los supermercados —a fines de 2015—, analizó la situación con su abogado hasta que ambos se convencieron de que el grupo dueño de Unimarc no estaba involucrado en las acusaciones. “De lo contrario, renunciaba”, asegura tajante.

Así es Zabaleta, un tipo con aplomo y decisiones claras. Tiene la libertad para hacerlo desde que decidió poner sus fichas más allá de la televisión: es dueño de la cadena de radios digitales RadioZ.cl y se encuentra pronto a inaugurar un hotel en pleno corazón de San Pedro de Atacama. “Se llamará Desértica y si Dios quiere en septiembre estará funcionando. Se encuentra en un espacio maravilloso, lleno de frutales, en el lugar más lindo del centro de San Pedro. Tendrá solo diez habitaciones, todo hecho a mi estilo”, dice sobre el lugar del cual se enamoró desde que era un mochilero que recorría el país con sus bultos al hombro. Siempre fue un hombre libre, aventurero.

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Nada que ver con el personaje que interpretará en la primera nocturna de Mega. “Un gallo egocéntrico, ambicioso; tiene muy claro dónde quiere llegar y no le importa cómo”. Eso hasta que, inesperadamente, le toca hacerse cargo de un hijo del que ignoraba su existencia. “Entonces la vida se le desordena completamente, se descoloca y, junto con eso, conoce por primera vez el amor en una mujer muy especial”, cuenta sobre el papel que interpretará la actriz María Gracia Omegna.

Señores Papis es el debut de Mega en las nocturnas luego de la moda de las producciones turcas que por largo tiempo se tomaron la franja. “Estamos recuperando el espacio perdido que nos quitó Onur”, dice Zabaleta en referencia al protagonista de Las mil y una noches y que hace un par de años marcó peaks de rating históricos para la estación.

—Claro que Onur representaba al macho tradicional, más a la “antigua”, en cambio ustedes, en Señores Papis, tienen más que ver con los hombres de estos tiempos.
—Los roles están cambiando, la mujer salió a trabajar y nosotros al principio nos resistimos, por una malentendida masculinidad, pero finalmente cedimos y nos empezó a gustar esto de hacer tareas dentro de la casa, y nos volvimos sensibles. Hoy hombres y mujeres debemos salir a trabajar porque o si no la casa no se sostiene. Mi personaje representa a las generaciones más jóvenes: mucho más solos, concentrados en sus metas, siendo papás cada vez más viejos, que se relacionan a través de las redes sociales o de Tinder.

Zabaleta habla desde su lado más romántico: está casado hace 22 años con la diseñadora Francisca Allende, con quien tiene tres hijos. En tanto que sus emprendimientos empresariales —el hotel y la radio— tienen que ver con una persona que valora vivir a su ritmo, siempre haciendo lo que más le gusta. Un hombre que se declara de “clase media”, con un padre músico (Antonio Zabaleta, miembro de los Bric a Brac) y una madre que era secretaria en Codelco. “Soy como hijo de la cuprífera —dice ahora—: la empresa me arregló los dientes, me pagaba los doctores, me daba el bono de escolaridad… Mi mamá era la que se ponía con las lucas porque de repente mi viejo no tenía pega, ella era la que mantenía y financiaba la casa. El también pagaba el colegio y las cuentas, pero cuando la pega estaba mala, teníamos que apretarnos el cinturón”.

—Aunque su papá era un público partidario de Pinochet y no era visto como un músico cualquiera…
Se pone serio:
—En el gobierno de Allende mi papá tuvo que irse del país porque no tenía trabajo, le cerraron las puertas. Y luego, aunque era un declarado partidario del régimen de Pinochet, nunca se aprovechó de la situación ni agarró cargos o plata. Yo respeto tanto a los Inti Illimani porque les tocó una vereda súper dura por varios años, así como a mi viejo, que también vivió lo suyo. Pero no importa a qué lado apoyes, siempre va a ser fuerte para alguien. Por eso, aunque considero que tener opiniones políticas es importante, no me gusta estar vociferando. Hay que tener ‘cuero de chancho’ para meterse ahí y yo no lo tengo. Mi papá tampoco y su error fue tremendo, pero él ya hizo su mea culpa.

Zabaleta sabe de lo que habla. Su abuelo paterno era refugiado de la Guerra Civil española. “Llegó en el Winnipeg gracias a Neruda y mira la contradicción: mientras él luchó contra la represión en España mi papá apoyó la de acá… Eso nos repercutió a todos, yo estaba en el colegio, tenía 14 ó 15 años… Es una época a la que no le tengo cariño”.

La historia entre padre y abuelo no fue fácil. “El era obrero, trabajaba en Mademsa, llegó a Chile a los 14 años huyendo de la guerra”. Cuenta que el hombre quedó traumado tras las atrocidades de esa época, a tal punto que en su casa había un búnker. “Era una pieza que estaba en la mitad de la casa, con harina, agua, conservas, por si había una nueva guerra… Cuando murió, encontramos unas cajitas llenas de piezas de oro porque ése es el único metal transable en tiempos difíciles. Era un viejo muy duro pero también de grandes afectos, bueno para las fiestas, divertido, aunque muy estricto en la crianza: a mi papá le pegaba, mucho… El lo pasó tan mal y no quiso repetir esa experiencia conmigo. Ahí la que tuvo que imponer autoridad fue mi mamá”.

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Jorge fue un joven difícil. “Me rebelaba contra la jerarquía; me cargaba que hicieran caer esa cuota tan miserable de poder sobre los niños; era como una dictadura entre cuatro paredes, una cosa feroz. Si discutías te reprimían o te castigaban. Hasta el día de hoy encuentro que el colegio es un sistema chato; si no eres ingeniero o abogado, no sirves, te conviertes en un alumno de segunda. Pasé por varios colegios, muchos. En uno de ellos una profesora me dijo: ‘Usted nunca va a ser nada en la vida, señor Zabaleta‘. Yo tenía 12 años, me dejó marcado”.

—¿Lo catalogaban de conflictivo?
—De líder negativo, y me encantaba. Tampoco estaba tan equivocado, además que siempre trabajé, me pagaba mis gastos, no era un tiro al aire.

—¿Y la relación con su papá, hoy qué tal es?
—Siempre ha sido buena. Al principio muy distante porque mi viejo no sabía ser papá, no era de tocar, de abrazarnos; expresaba su cariño preparándonos un plato rico porque cocinaba exquisito o el día domingo se levantaba y hacía almuerzo. Esa era su manera.

—Usted también se ha declarado pro-mujer. ¿Por lo que le tocó ver con su mamá?
—No concibo a una mujer que no potencie sus habilidades al máximo; que se desarrolle como persona y como profesional. Mi mujer es dueña de una tienda en Luis Pasteur, de decoración, y viaja harto. Si tienes rollos, celos, lo más probable es que termines cortándole las alas y no pueda desarrollarse. Me declaro un feminista. Cuántas mujeres no se pueden destacar porque en la empresa trabajan muchos hombres y el marido se siente inseguro, con miedo de perder a su señora…

—O hay profesionales que son muy exitosas, más que el marido.
—Eso pesa. Lo veo sobre todo con las actrices: les resulta complicado encontrar pareja porque son muy empoderadas, muy dueñas de su vida, de sus finanzas.

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Zabaleta, de opiniones claras, profundiza en el machismo de nuestra sociedad y reacciona con fuerza ante las situaciones de maltrato y los brutales casos de femicidio que con frecuencia se toman los titulares, como el de Nabila Rifo, la joven de Coyhaique ferozmente atacada por su pareja. “Hombres como ése debieran estar en la cárcel… En lo que va del año hay 15 mujeres muertas a manos de sus parejas. El castigo debiera ser ejemplar, marcar un precedente tan potente que al próximo que se le ocurra atentar de ese modo contra una mujer le quede clarísmo a lo que se expone”.
Le tocó vivir una experiencia de cerca cuando grababa la teleserie de TVN, La familia de al lado, donde interpretaba precisamente a un hombre abusivo al extremo de lo sicótico: “Ahí conocí un caso real, a una mujer que era maltratada… A través de ella supe por lo que pasan. El golpeador es alguien maquiavélico, que planea cada uno de sus actos; para él no es llegar y pegar un cachuchazo; se trata de algo aún más grave: organizan un sistema para dominar totalmente a su mujer; parten por hacerlas dependientes económicamente, luego las separan de su familia, de sus amigos, y cuando ya las tienen aisladas totalmente se desata el maltrato. En el sector más ABC1 lo compensan con bienes económicos: te pego y después te cambio el auto, así confunden los límites”.

Mirando muy serio, agrega:
—A esa mujer que conocí casi la mataron. Logró zafar gracias a una red de ayuda. Es un infierno que se desata tan gradualmente que no te das cuenta hasta que estás dentro. Parte con el insulto, luego el charchazo, hasta que llegas al golpe firme; cuando el maltrato ya pasa a los puños han transcurrido diez años. La mujer está indefensa, no tiene a quién pedir ayuda. El golpeador es un huevón siniestro.
Fue tan potente su rol en la producción de TVN (considerado uno de los mejores papeles de su carrera) que el Sernam lo convocó para protagonizar una campaña que aún se recuerda: Maricón es el que le pega a la mujer. Hoy Zabaleta reflexiona: “Yo creo que ahí se quedaron cortos: el desgraciado que maltrata a su mujer debería pagar con las penas del infierno. Ese debiera ser ahora el eslogan. ¡Ya está bueno!”.
—Sin embargo, muchos quedan libres o con penas muy menores.

—O sea, algunos hombres creen que si la mujer anda con minifalda eso les da el derecho para decirle cosas en la calle o a manosearlas… Hace poco un tribunal en Ovalle dejó con pena remitida a un hombre que por poco mató a su señora con una tijera de cortar pasto, pero le atenuaron el castigo porque ella había sido infiel… ¡qué es eso! El problema es cultural. Tendrán que pasar muchas generaciones para que esto se acabe. Y para que la mentalidad cambie, tiene que haber leyes claras y un sistema que de verdad funcione porque hoy la mujer que es agredida y que teme por su vida, va al tribunal y el agresor queda con orden de alejamiento, pero ¿quién controla eso? ¡Nadie!
Y con el ceño fruncido, visiblemente molesto, agrega:

—Este país ha crecido como una pirámide al revés, mucho hacia arriba, pero con bases muy poco sólidas; esas son las que se están socavando. Parece que nada funcionara. La gente hace cosas en cualquier ámbito y no les pasa nada. El domingo encontré al gerente de La Polar almorzando feliz en la terraza de un restorán en Papudo. ¿Cual es el mensaje que se transmite? Que puedes dejar la cagada y no pasa nada. Y eso es a todo nivel. Perdónenme, aquí somos todos ladrones, desde los políticos y los empresarios hasta los que se suben a los buses del Transantiago sin pagar. No me vengan con cosas.