Es probablemente uno de los hombres que más sabe de noticieros. Ha estado al frente de la dirección de prensa en TVN, con Consuelo Saavedra y Amaro Gómez Pablos en la conducción; y en Canal 13, con Soledad Onetto, a quien despidió en 2011 porque —como lo comentó ella entonces— “no calzaba con el perfil”. En Mega, el director de prensa y la mujer ancla se volvieron a encontrar y sin dramas, como asegura él, aunque evita dar pormenores de la “reconciliación”. “Prefiero hablar de lo que pasa hoy, lo demás es noticia vieja —declara—. Soledad es muy profesional, yo también, y nos reunimos en un momento en que era necesario tomar este proyecto, encaminarlo y poner nuestros mejores talentos al servicio de un área que necesitaba reposicionar al noticiario. Tanto ella como el resto del equipo de prensa han trabajado muy bien. Y con José Luis Repenning han logrado ser una pareja creíble, con una conexión con la audiencia de primera línea, donde Soledad destaca como la mejor evaluada de la industria, según nuestros estudios”.

Luego de años en los últimos lugares de audiencia, hoy el canal lidera en sintonía. Las teleseries turcas y el ojo infalible de Patricio Hernández, director ejecutivo de la estación, calentaron la pantalla, superando incluso los pronósticos del propio Hernández quien en su arribo a la estación (2013) reconoció que posicionar al área informativa podría tardar años: “Es aún más compleja que un área dramática —dijo entonces a CARAS— y en Mega no somos magos. Son construcciones de largo alcance”.

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La primera misión de Jorge Cabezas fue armar un equipo, “una especie de ONU del periodismo —describe— con profesionales de diversos medios que reforzaron y complementaron al equipo que ya estaba. Mega no se caracterizaba por tener relevancia en el área informativa, sin embargo logramos conjugar el oficio con distintas culturas de trabajo, una búsqueda noticiosa particular y una mirada transversal”, asegura el profesional instalado en su oficina en el primer piso de Mega, un lugar sencillo, con muy poca decoración: sólo seis pantallas sintonizadas en las señales de la competencia, un escritorio y una pequeña mesa de reuniones con una fuente con dulces en el centro, dulces como el rating que ahora los acompaña: 17.2 puntos promedio en septiembre (según su departamento de Estudios) y el primer lugar de audiencia.

Para el resto de los canales la batalla ha sido ardua. La crisis de audiencia se ha plasmado en una baja generalizada de rating, lo que llevó a que en julio pasado Canal 13 cesara de sus funciones a 26 trabajadores mientras que en TVN los despidos ya suman 125… Esto, en el contexto de una industria cada vez más cambiante y donde la forma de ver televisión —con la llegada del formato digital, Netflix y una oferta segmentada de señales, en distintas plataformas— se ha convertido en un difícil desafío.

Para Jorge Cabezas la manera de consumir noticias también cambió: “La gente llega a su casa salpicada de información: en la mañana se informan a través de la radio y de alguno de los diarios gratuitos que se entregan en la calle. En la oficina siguen con los portales de internet. Y de regreso hablan con algún amigo de lo que pasó durante el día. El chileno hoy está más informado y su necesidad de estar al día se ha intensificado”. 

A través de notas humanas, cargadas de emoción y con datos que aporten en la vida diaria de los televidentes, Cabezas y su equipo le hablan a la clase media. Ahí está puesto su foco. “Es la gran masa de personas que hoy se sienten olvidadas, muchas veces el jamón del sándwich, quienes constantemente ven que mientras el gobierno se preocupa de los pobres, y los ricos no tienen problemas para acceder a la mejor educación, vivienda y salud, ellos deben arreglárselas solos. Claro que si antes constituían una fuerza pasiva hoy salen a la calle, y sacan la voz, algo que ha comprobado especialmente el gobierno de Michelle Bachelet. De ser los votantes que respaldaron a la candidata de la Nueva Mayoría hoy se han ido distanciando paulatinamente, sobre todo el C3 y D, los mismos que hoy sintonizan Mega”, sostiene Cabezas. 

Como lo escribió en Revista Capital el columnista Martín Rodríguez, director ejecutivo de la agencia Feedback: “La crisis reformista resultó en una oferta demasiado lejana para la gente y amenazante para su cotidiano (…). Mientras que esta nueva sensibilidad de Mega, el cambio de oferta y de lenguaje que ha expresado en los últimos dos años y que se resume en su slogan Si te afecta, nos importa, ha restituido “el vínculo emocional con la ciudadanía que antes fue patrimonio de Bachelet”. 

El nuevo lema no es una fantasía, según Cabezas. Tampoco un golpe de marketing, sino el fruto de un trabajo colectivo entre el director ejecutivo, la gerencia del área y el departamento de prensa. “Define muy bien nuestra línea editorial: estamos detrás de aquellas noticias que la gente quiere y necesita saber”. Como el decreto para matener fijo el horario de verano —y que en Mega motivó la campaña #MeLevantoaoscuras—, o la decisión del Ministerio de Justicia de terminar con el subsidio a los pasaportes, lo que duplicó su valor y que, según este periodista, fue considerado —sobre todo por la clase media emergente— como un castigo para los que estaban empezando a viajar más lejos. Ejemplos que para este director de prensa grafican lo evidente: “Este gobierno dejó de hablarle a aquellos que lo eligieron”.

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—Pero de ahí a quitarle respaldo a las reformas que ellos mismos votaron…

—La igualdad es un deseo transversal, ¿quién no quiere una mejor educación? Pero fueron desprolijos en la forma de plantearlo, hubo muy poca información. La gente nunca entendió por qué le estaban imponiendo una educación gratuita versus la que estaban pagando y que los tenían satisfechos y orgullosos.

Así, hoy la tarea de Mega es, como lo define el mandamás del área noticiosa, “ser un puente entre los acontecimientos y el público; informar, pero también reflejar su indignación frente a los hospitales recién inaugurados pero que se llueven, cuando son víctimas de un “portonazo” o se sienten abusados. “Hoy con sus celulares la gente lo graba todo, la queja es en vivo, y  luego nuestros equipos van por las respuestas, a encarar a los involucrados. La gente quiere que alguien tome sus causas”. 

—Michelle Bachelet siempre fue muy cercana a la clase media, a la mujer trabajadora. ¿En qué minuto cree se produjo esta desconexión?

—Hay un antes y un después del Caso Caval, especialmente por cómo se manejó la crisis. José Miguel Insulza dijo en una entrevista que si hubiese sido ministro del Interior habría tomado un helicóptero y viajado de inmediato a decirle a la Presidenta que se trataba de un asunto grave. Nadie está poniendo en duda la honorabilidad o la honestidad de Bachelet, pero aquí hubo una crisis muy mal manejada. Nunca la política había tenido tanto rating como en este verano. Algunos juzgaron a la prensa por exacerbar la rabia ciudadana pero la indignación fue real y se manifestó en la audiencia. El Caso Penta sumado a Caval fueron una hecatombe. 

La mirada crítica de las audiencias hoy no perdona. No se salvan ni las grandes figuras de la TV, como el caso de la periodista Consuelo Saavedra que prácticamente desapareció de la pantalla luego de que trascendiera que su marido, Andrés Velasco, prestó servicios a Penta con fines de campaña. “Consuelo es una gran profesional, una excelente periodista. Me gustaría que estuviera en el primer plano, que es el lugar que le corresponde. Habla de una gran lealtad con su marido. Pero es injusto porque ella tiene la capacidad de separar una cosa de la otra: ser la esposa de Andrés Velasco y Consuelo Saavedra, la periodista. La pregunta es si la audiencia entiende y acepta ese ejercicio. Qué quieres que te diga, lo encuentro difícil”. 

—Hoy el público exige mucho más de las figuras televisivas.

—Lo que más quieren es coherencia, que ojalá el rol que están cumpliendo sea exactamente el que proyectan.

—¿Cree que lo mismo pasó con el relevo de Amaro Gómez Pablos del noticiero central? ¿Pudo influir su bullada separación?

—Más que su vida personal la exigencia está focalizada en su actuación como periodista; la gente estaba acostumbrada a verlo permanentemente en la primera línea noticiosa, siempre presente en el día a día, pero ahora no ha estado en los grandes conflictos internacionales. Hoy el gran riesgo que tienen los conductores es perder vigencia. Y, en segundo término, que la crisis de audiencia no termine dañando su imagen. Creo que es un gran desafío. Veremos qué pasa después que se acaba este terremoto que hoy remece a la industria televisiva, quiénes quedarán incólumes y quiénes no.