“Esto no puede pasar nunca más en Chile”, dijo apuntando con el dedo, muy al estilo Ricardo Lagos durante la campaña del NO, cuando terminó de entrevistar a dos mujeres torturadas en Tejas Verdes. El Twitter estalló y la sintonía dejó a Mentiras Verdaderas, el estelar de conversación de La Red, como uno de los programas más vistos en la televisión nocturna chilena con un rating que ha llegado a los 10.9 puntos en horario prime.

Jean-Philippe Cretton (28), que llegó por su hermana a la televisión luego que ella enviara su currículum a la productora 4K, la misma de CQC, dice que por fin tiene un formato que se adapta a su personalidad. “Me gusta decir lo que pienso. Eso de la imparcialidad de los periodistas es una gran mentira”, sostiene mientras comparte una cerveza fría en las terrazas del Radisson Petra en La Dehesa.

Cuando estaba en la universidad alguna vez condujo un noticiero para un taller de televisión. “Lo hice pésimo, nunca me hubiera imaginado que mi carrera tomaría esta dirección”. Más bien se veía reporteando conciertos de rock, mezclando su gusto musical con su pasión por la escritura, la poesía y el arte en general. Cero peleador, en sus tiempos de CQC veía que sus pautas periodísticas asignadas tenían que ver con temas más livianos y, después, sintió que al llegar a Calle 7 de TVN, estaba obligado a adaptarse a un estilo de televisión que siempre criticó. “La juventud es mucho más que gente bailando frente a la cámara”.

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De abuelos suizos, nació en Victoria, vivió sus primeros años en Temuco y después sus padres se establecieron en Ñuñoa: “el lugar que más me gusta de Santiago y donde todavía vivo, ahora con mi pareja”. Su departamento en esa comuna fue su chiche de soltero y es ahí donde sigue manteniendo sus guitarras y partituras, además de los afiches con la imagen de Kurt Cobain en las paredes, el mismo ídolo que también tiene como fondo de pantalla en su teléfono. “Al principio quería estudiar música, pero finalmente no me atreví. Fui bien cobarde en realidad”, dice mirándose las manos a modo de confesión.

—¿Tu familia no te apoyó?
—No me lo negaron, pero tampoco estaban felices… Me levantaron las cejas. Al final elegí periodismo porque era la carrera tradicional que, según yo, me permitiría llegar a la música. Siempre imaginé que podía escribir sobre bandas, recorrer Chile reporteando los recitales, pero finalmente la vida me llevó para otro lado.

—¿Desilusión de la carrera?
—Partí muy poco convencido. Pero en los tres primeros años tuve muchos ramos de historia y filosofía, lo que me gusta mucho. Eso me motivó, porque tenía que ver con pensar. Después llegó la televisión: CQC y Calle 7. Fueron dos extremos, la verdad.

—Comparado con lo que haces en Mentiras Verdaderas ahora te ves más cauto como conductor. ¿Te costó ese cambio?
—No tanto. En CQC me gustaba el absurdo, notas más relajadas que duras. Más dramático fue irme a Calle 7. Me acuerdo que a mis jefes les dije que me sentía como quebrándome los huesos para poder entrar a una caja. Me costó, porque pasé a tomar un rol en que importaba más estar arriba de la pelota que tener un discurso.

—¿Cómo sobreviviste?
—Como pasa siempre en todo orden de cosas. Siento que hubo una dualidad. Ahora agradezco la posibilidad de haber estado cuatro años animando un programa en vivo de dos horas, una intensidad que pocos imaginan. Fui ‘cuero ’e chancho’, como dicen en el sur. Afortunadamente, trato de ser un tipo mesurado. Yo sabía que ese programa no era de mi perfil, pero lo tomé como un período de construcción para llegar a lo que yo quería. Fue como hacer el servicio militar. Ahora estar en Mentiras Verdaderas, a los 28 años, es algo que agradezco.

—¿Quisiste marcar diferencias con lo que hacía Eduardo Fuentes o más bien trataste de mantener el estilo?
—Cuando llegué al programa muchos colegas me insistían con esa pregunta, de cómo podía diferenciarme de Eduardo. Y yo sabía que esa comparación era inevitable, pero no me esforcé por desmarcarme. Todos tenemos una forma diferente de conversar.

—¿En la pauta actual hay más contingencia que antes?
—Es que además hubo cambio de equipo. La plana ejecutiva se modificó completamente. Ahora estamos matizando con entrevistados más relajados y chacoteros, pero también con temas fuertes como los 40 años del Golpe.
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—El cierre de la entrevista a Olga Letelier y Ana Becerra, dos ex integrantes del MIR que fueron torturadas en Tejas Verdes, explotó en las redes sociales.
—Nunca pensé que eso sucedería. En ese capítulo yo estaba escuchando dos relatos súper duros sobre dos personas que habían sido torturadas, y ese mismo día Manuel Contreras salía diciendo que en Chile no hubo tortura. Sentía que como comunicador tenía una responsabilidad, el conductor con opinión es necesario porque ya pasamos esa etapa del periodista sin voz. La gente debe saber dónde se para uno.

—¿No es algo que tal vez tenga que ver con cierta madurez profesional?
—Tengo claro que ahora llego a otro público y estoy en otro horario. Pero no siento que haya tenido un cambio personal profundo, pero sí que estoy viviendo una etapa distinta. Además. he podido cumplir mi sueño: trabajar en un programa muy a mi pinta en Rock&Pop.

Admite que le encantan los asados, irse de viaje a Magallanes para juntarse con los amigos. No se priva de los momentos familiares, las largas sobremesas, los placeres de la buena comida chilena.
—¿Haces dieta?
—No, Porque nunca las puedo seguir. Me encanta comer y hacerlo con tiempo. A veces me cuido y como carnes con verduras, pero me dura apenas un mes. El peso es un karma para mí, me carga, si bien soy de contextura delgada me tiende a salir guata, por la comida y el copetito. Yo no tengo el discurso de que ir al gimnasio es súper rico, que te da adrenalina. Eso no me resulta. No disfruto ir al gym, sólo lo hago por pega porque trabajo en la tele. Me carga restringirme en las comidas y, cuando salgo a trotar, no lo hago contando los minutos. Prefiero pensar que voy a correr diez o doce canciones de mi ipod. Sólo me pongo a dieta cuando me doy cuenta de que los kilos se me notan mucho.

Fue durante tres años y medio un soltero profesional. “Considero que después de irte de la casa de tus viejos es recomendable pasar un tiempo solo. Haces lo que quieres sin rendir cuentas a nadie, es un proceso para autoconocerte y que luego te permite poder encontrar una pareja de mejor forma. Antes buscaba una polola porque tenía que pololear nomás, ahora busco una pareja para construir una vida”.

—¿Vas a ser papá?
—Sí, a fines de marzo o principios de abril. Ella es diseñadora de interiores, pero no quiero decir su nombre. Ella no es una persona pública y no tiene por qué bancarse mi grado de exposición. Será un hijo o una hija muy esperado. Será la primera guagüita de ambas familias.

—¿Estás enamorado?
—Sí. Cuando nos elegimos fue por algo. No me preguntes por qué, pero cuando la vi, sabía que con ella quería un proyecto largo, hacer familia. Pese a que llevamos menos de un año, esta guagüita llega como a iluminar todo este proceso.

—¿Por qué no se han casado entonces?
—Para nosotros no es tema de conversación. Lo digo sin perjuicio de que algún día lo hagamos.

—¿Casarse por la Iglesia?
—Para mí no tiene sentido, no creo en Dios. Pero si para mi pareja resulta especial, estoy dispuesto a hacerlo.

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—¿Por qué no eres creyente?
—Tengo claro que la religión no es el camino, creo más en la energía. A los 14 años decidí no confirmarme, venía de un colegio evangélico en Temuco y luego llegué a la religión católica que es mucho más oscura que la evangélica. Creo que existió un Jesucristo histórico, pero lo veo como un líder espiritual, como Gandhi. No como el hijo de Dios concebido por la Virgen María.

—¿Decidieron el nombre para la guagua?
—Llegamos a un acuerdo de que si es niña mi polola lo decide y si es niño yo me hago cargo de los nombres. Adelanto que no quiero ni Matías ni Benjamín.

—¿Piensas entrar al parto?
—Sí, claro. Una vez conversé esto con Sergio Lagos y él me dijo que es importante que el papá esté en las primeras etapas: hacer dormir, cambiar pañales, jugar. Los niños siempre están muy vinculados con la mamá desde el embarazo. Y como padre uno tiene que equiparar de alguna forma esa unión con el hijo.

—Ser papá y trabajar en un programa nocturno en vivo no será fácil.
—Será complicado salir a la 1 de la mañana, pero sí tendré las mañanas para él.

—Te han mencionado como el mejor animador del año. ¿Qué piensas?
—No creo que sea así. Pero si la gente lo piensa, genial.

—¿Cuáles son sus fortalezas como comunicador?
—Tengo inteligencia emocional, lo que me permite lograr buenas conversaciones. Soy mateo, me gusta estudiar mucho a mis entrevistados. He leído bastante, sé de historia y de política, son herramientas necesarias para un programa de conversación y siento que fueron descuidadas por mucho tiempo.

—¿Te han llamado para participar de alguna campaña política?
—Fíjate que no, por suerte. Si me llamaran tendría que ver desde qué sector viene la invitación. Porque como dice Fito Páez yo no pertenezco a ningún ‘ismo’, no me siento parte de nada, y me cargan los fanatismos, incluso en el fútbol. Te ciegan. No soy socialista, menos de la UDI, no soy de ningún partido y por lo mismo no me gustaría apoyar ninguna campaña. Sí me gusta apoyar causas sociales, movimientos, creo más en las pequeñas transformaciones locales. Me interesa más lo que sucede en una municipalidad que en un gobierno.

—¿Por quién votarás?
—No votaré por Matthei ni por Bachelet, Hasta ahora nadie me representa ni convence. No quiero dar un voto así nomás… Mi voto será sesudo, convencido a tope.