“Tengo un botón de autodestrucción y siempre lo aprieto”.
La voz en off es del protagonista, Jack Taylor, alguna vez miembro de la Garda, como se conoce a la policía nacional irlandesa.
De allí fue expulsado en parte por caerle a combos al Primer Ministro (aunque la autoridad se lo merecía y terminara en la cárcel), en parte porque es alcohólico, de esos que se borran un fin de semana completo.

Esto es Galway, “el borde de Europa”, como lo describe Taylor, con su siempre poco complaciente mirada. “Unos echan raíces, otros desaparecen”.
El es de los primeros y por cierto el viejo dueño de su bar favorito es su mejor amigo, un tipo que de verdad se preocupa por Jack. Otro es el extravagante Sutton, un pintor que vive en su bote, que cita a Bob Dylan y que en el primer capítulo inaugura una exposición gracias a que cuenta con un mecenas, un rico empresario del poblado.
Jack Taylor: The Guards está basada en una serie de novelas negras de Ken Bruen, que se convirtieron en telefilmes de la mano de la productora y actriz Clodagh Freeman.
Las calles, las casonas alejadas, un hotel insólitamente lujoso que quedó de algún mejor momento económico y un río omnipresente dan a esta miniserie un sello singular y atractivo.

Se siente el frío, del que Jack se cobija con su chaquetón marinero que debió devolver a la Garda, y las calles están siempre mojadas. A veces la lluvia es inclemente, nada que pueda espantar a los habitantes de Galway.
Lo que sí tiene conmocionada a la comunidad es la aparición de cadáveres de jovencitas en la playa, en lo que parecen suicidios.
Jack, devenido en detective privado, es contratado por una bella mujer que ha llegado hasta allá en busca de su hija Sarah.
Meter las narices en el asunto -que parece evidentemente relacionado con los otros casos- le significa una buena paliza.
Con Sutton como ayudante, descubre una siniestra hebra que se complica más allá de lo que él mismo es capaz de adivinar.
Como buen detective de cine negro, Jack es desconfiado y cínico, lo que no lo librará de las traiciones. Es un tipo hosco y más bien solitario, pero tiene sentimientos y es el cura -que es tan fumador como Jack bebedor- quien a veces lo rescata de sus borracheras.

El suspenso, la acción y el misterio se mezclan muy bien, salpicando las escenas con una serie de agudos diálogos, citas pop y las punzantes reflexiones de Jack.
Como corresponde al género, la zona de grises entre bien y mal, buenos y malos, es bastante ancha. Y nuestro antihéroe lo sabe.
Violencia y humor conviven en estas historias, que mantienen atento y curioso al espectador, sin pausa.
Muy entretenida.

Serie: Jack Taylor
Dónde: Netflix
6 episodios de 90 minutos aprox. de duración (2 temporadas).

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