Hace más de dos décadas Mea culpa llevó a la televisión la alicaída crónica roja. Aquel género que en otra época causaba furor y vendía cientos de miles de ejemplares de tabloides, hacía su retirada de la prensa popular y era reemplazada por el gancho farandulero.

La apuesta de TVN en esa época fue una serie de relatos unitarios basados en hechos reales y relatados en off en clave policial; el resultado fue un éxito de audiencia —acabó con el imperio de Martes 13— y estableció un hito en la cultura popular. Carlos Pinto, su creador, hizo de su nombre una especie de contraseña que con tan solo nombrarla, evocaba un estilo de narración. Irreversible, el nuevo programa de Canal 13 es una versión adecuada a los tiempos del clásico Mea culpa.

Se trata de un retorno que le debe mucho a la crisis de las teleseries nacionales en televisión abierta. En ese contexto Irreversible cumple el rol de salvavidas: es ficción de factura nacional, pero barata; explota un morbo disciplinado con un reparto que combina actores desconocidos, figuras que creíamos retiradas y muchos principiantes que no tendrían cabida en los elencos de las teleseries. La representación de los delitos, asimismo, evita ciertos detalles naturalistas de la marginalidad, habituales en Mea culpa.

Es la versión de un producto probado, para un público más escrupuloso. Quizás el riesgo más serio de Irreversible sea el de no parecer añejo ni demasiado paupérrimo. Logra superarlo, sobre todo, gracias a la calidad de la imagen y a las licencias que se toma en la recreación de los casos. No hay referencia a los involucrados reales ni entrevistas con los asesinos porque a diferencia de Mea culpa, se trata de versiones libres adaptadas en función del drama. El caso de la mujer trabajadora de Molina que hace unos años asesinó a su marido, lo descuartizó y luego hirvió sus restos, cambió de locación y final. Si en la realidad habitaba en una vivienda social, en la serie la acción transcurría en una casa patronal.

Mientras la mujer de Molina sólo puso el cuerpo en un fogón, en la versión de Canal 13, cocinó una cazuela que luego dio de comer a sus hijos. Un crimen feroz, en este caso, cobra un giro inesperado con una fantasía caníbal. La principal falla de Irreversible surge cuando el guión aparece atrapado en casos sin más móviles que la marginalidad y la pobreza. En esos capítulos la falta de ritmo suele estar parchada por una excesiva presencia de las reflexiones en off de Carlos Pinto, relatos que pasan del guiño kitsch a la monserga moralizante con excesiva facilidad. Irreversible es un salvavidas frágil que sólo flota gracias al oficio de su creador; es el síntoma de una industria desorientada por la crisis, la falta de ideas y la desesperación.