Aparenta tener el control o al menos lo intenta. Mira fijo, sonríe lo justo, nada escapa a su dominio. A la hora de las fotos se concentra, juega a ser sexy y obedece las instrucciones del fotógrafo. A ratos esboza alguna sonrisa.

Tan distinta a Stella, más conocida como la Reineta, el personaje con el que robó aplausos y miradas en la teleserie de Mega, Pituca sin Lucas, y que no sólo le ha permitido posicionarse como una de las mejores actrices del país sino que también le ha ayudado en una etapa difícil de la vida. 

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“Ha sido un año duro, potente”, confesará luego mirando fijo con sus ojos verdes, de “loba”, como dice ella: “Siempre he tenido esa imagen. Protejo a mi manada, sobre todo a mi hija. No se metan conmigo”, declara.

El 2014 Ingrid Cruz dejó TVN y fue fichada en la nueva área dramática de Mega por María Eugenia Rencoret, la todopoderosa ex directora de teleseries del canal y quien estuvo detrás de varias de sus producciones más exitosas. Tres años trabajando juntas bastaron para que la ejecutiva llegara a convencerse de que Ingrid era una carta fundamental para su nuevo proyecto, para el cual también convocó a Paola Volpato y Alvaro Rudolphy. No se equivocó: la última encuesta GFK Adimark —publicada el 26 de diciembre del 2014 en Wikén— la posicionó como la actriz más valorada además de ser el principal rostro femenino de la televisión, superando a figuras como Soledad Onetto, Paola Volpato y Tonka Tomicic

Para preparar a Stella, Ingrid fue al Terminal Pesquero, conversó con trabajadoras que le enseñaron desde cómo vestirse, qué maquillaje usar y pasó días enteros buscando videos en YouTube. “Mi interpretación no es una maqueta. Soy súper estudiosa; cada personaje lo desgloso antes de comenzar. Soy obsesiva. Puede sonar soberbio pero no me cuesta interpretar a una cuica o una flaite, encuentro que para eso me apoyo en un buen trabajo previo.Busco la verdad, que el personaje sea verosímil. He hecho grandes roles en drama y en comedia”.

En la calle la gente la reconoce, los hombres le tiran piropos, las mujeres la tratan con cariño y los niños corren a pedirle autógrafos. Sin embargo, Ingrid también vive días duros: se separó hace tres meses de su pareja durante nueve años y el padre de su hija (Emilia, 7), el productor de cine Leonardo Scheinffelt. Con él  mantiene una relación amistosa y sin rencores. Hace poco se los vio llegar juntos al estreno de Héroes, la película en la que el ex modelo argentino figura como productor, oportunidad en la que declaró que la ruptura se debió “al desgaste de la relación”. Ingrid prefiere no ahondar en las razones y reconoce que por ahora no hay ni tiempo ni ganas de embarcarse en otra relación. Sólo tiene energías para su hija y su trabajo, que han sido los principales puntales en los últimos meses.  

“La Reinetita fue mi salvación. Este personaje ha sido como una anestesia. Entro en escena y mis problemas desaparecen, sólo existe ella. Puedo llegar derrotada a grabar, pero Stella me obliga a reír, a pasarlo bien. Interpretarla ha sido sanador”.

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—Aunque algunos piensan que el dolor con humor se pasa…

—Puede ser… Me ha ayudado mucho hacer comedia. Agradezco poder hacer una teleserie con humor.

—Ha sido un año intenso, de mucho trabajo sumado a una fuerte carga emocional. ¿Ha tenido tiempo para escucharse, vivir sus procesos?   

—Sí, tengo un gran grupo de amigos, ellos son mi sustento, mi apoyo, mi red. Me han ayudado a tener cierta cordura, la tranquilidad de mirar desde otro lado. Y con el equipo del área dramática —de técnicos, actores, varios que estábamos en TVN— somos una cofradía; tenemos una relación muy intensa. El hecho de apostar por este proyecto y cambiarnos juntos de canal ha forjado entre nosotros una unión potente. 

Y reflexiona:

—He tenido mucha suerte este año: corrí un riesgo, me fue bien, y aunque he pasado momentos difíciles cuento con gente que me apaña. Además, tengo una hija sana, ¿qué más puedo pedir?

Ingrid sabe de lo que habla. A sus 39 años conoce de cerca el dolor. Sus padres se separaron cuando era muy niña y no tiene recuerdos de haberlos visto vivir juntos. El, un rico empresario de Antofagasta, le pagaba el mejor colegio del lugar, y ella tomaba la micro desde un barrio de clase media baja, donde vivía junto a una madre, hasta un mundo donde la realidad era muy diferente. Su padre se volvió a casar y fue vista como una extraña por sus medio-hermanos, incluso cuando él murió no pudo asistir a su funeral.

Pero su quiebre más potente fue en 2010, cuando perdió un embarazo a los seis meses. El golpe la remeció y la arrastró a una tristeza profunda que ella se niega a llamar depresión. Durante tres meses se desconectó del mundo, engordó casi veinte kilos, se encerró en su pena y decidió dejar la televisión luego de trece años ininterrumpidos en el canal católico. “Necesitaba parar. Estaba súper perdida, muy abierta emocionalmente… Sentí la locura muy cerca. Perdí completamente el control”, confiesa la mujer que en esta entrevista se declara obsesionada por el orden y tener el dominio de su entorno (“Ese es mi talón de Aquiles, necesito ayudar a mi cabeza a que esté tranquila”). Pero la crisis fue tan potente que la remeció por completo.

—¿A qué se refiere con que ‘perdió el control’? ¿Se dejó llevar por alguna adicción (drogas, carrete)?

—No, al contrario. Mi dolor era demasiado intenso. No sé si era una depresión, pero era una pena muy difícil de sobrellevar. Mi cuerpo pasó por un terremoto. Subí dieciocho kilos. Sufrí mucho. Castigué a la vida, a mí, a todos los que me rodeaban, a Dios… Entré en una discusión valórica con el de arriba. Pero soy un ser de fe, necesito creer en algo, me gusta la fe. Eso me salvó.

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—¿En qué minuto se dio cuenta de que era necesario retomar su vida, de que ya había tocado fondo?

—Puede sonar light, pero hice click un día que me subí a la balanza: ¡había engordado casi 20 kilos! Ahí dije Dios, en qué minuto me hice esto… Porque me abandoné, abandoné todo.

Su hija tenía tres años e Ingrid había dejado de lado su carrera y hasta a su pareja. Ese mismo día decidió lo que ella llama su “reconstrucción”. “El dolor me llevó a replantearme, a tomar nuevas opciones de vida. Ya no quería estar cómoda, que la vida se me pasara por el lado sin siquiera darme cuenta. Empecé a pararme de otra forma. Dejé de lado la niñez; cualquier atisbo de la niña que fui, murió con mi hijo. Crecí y empecé a tomar decisiones”.

—Se atrevió a tomar riesgos.

—Quería sentirme viva y decir “vamos, démosle, yo puedo”. Y una de mis primeras decisiones fue cambiarme de canal. Fue doloroso, muy crudo, me costó, pero tenía que hacerlo.

—¿Por qué?

—Si seguía como estaba, calientita, cómoda, no iba a registrar grandes saltos en mi vida. Hoy me agrada correr riesgos, me encanta tener la posibilidad de jugar, sentir que uno puede hacer cosas. Amo sentirme viva.

Un año y medio estuvo fuera de la televisión hasta que la llamó Quena Rencoret, quien la integró primero a las filas de TVN, donde se mantuvo por tres años. Ahí la cadena de supermercados Tottus la fichó como su rostro de marca y a inicios de 2014 fue reclutada en Mega tras la mediática salida de la directora del área dramática. “¿Te das cuenta? Cuando tomas decisiones, la vida te premia”. 

Por eso hoy, ante el dolor de su separación, Ingrid se ha concentrado en una de las cosas que más ha aprendido a lo largo de su historia: sobrevivir. “Estoy en otra parada, preocupada de trabajar, de cumplir, y aprender a pararme en este nuevo espacio, desde otra manera, ya no es de a dos ni apañando con otro. Estoy empoderándome”.

—¿Se sentía preparada, pensó que se la iba a poder con la separación?

—No pensé mucho, no he tenido tanto tiempo, sólo he debido actuar, aperrar… Es una vorágine demasiado intensa, trabajando no sólo en la teleserie sino también como rostro de Tottus; tengo que hacer hartos comerciales, fotografías, entrevistas, y compatibilizar los minutos que tengo con mi hija.

—Pero si es una mujer que le gusta tener todo en orden y bajo control, ¿antes de la separación no pensó en todo lo que se le venía, la responsabilidad que significa?

—No, es que yo no me preparé para una separación. Me he visto obligada a reaccionar. Aquí no tuve mucho tiempo para pensar. Hay que hacer. No me preocupo, sólo me ocupo.

“Mi nuevo rol de mujer separada ha sido súper agotador, cansador y sobre todo muy doloroso. No es agradable separarse. Como me dice una amiga, a veces me encantaría esconder la cabeza bajo la tierra y no hablarle a nadie, no tener que contar lo que me pasa, aunque lamentablemente trabajo en un medio expuesto. Pero tengo una hija sana, una relación limpia con su padre, un trabajo estable, que me apaña. Así que dentro de todo me he sentido afortunada. La separación ha tenido costos muy fuertes, pero me la puedo, y tengo una relación maravillosa con el padre de mi hija que espero que nunca cambie”. 

—Sin embargo, usted es de las que se guarda las cosas. ¿Se da espacio también para soltar?

—Sí, con mis amigos de toda la vida; me cuidan, me apañan y se preocupan. Me conocen, saben que trato de cumplir con todo y que me postergo. Me refugio en ellos aunque me cuesta; no tiene que ver con la confianza sino con entregarse y soltar. Me cuesta decirle a alguien ‘sabes qué, necesito llorar, quiero un abrazo’. Busco apañar sola, pero gracias a Dios tengo una gran amiga que ha sido de mucha ayuda, la Fran García-Huidobro, nos conocemos desde el ’99, cuando hicimos Cerro Alegre.

—¿Ha aprendido a pedir ayuda?

—Sí, qué lata de repente molestar, me cuesta…

—¿Prefiere andar de fuerte por la vida?

—No me gusta ser un cacho. Me carga andar dando lástima o contaminar mi espacio de trabajo con esa energía. Ahí apelo al humor, a pasarlo bien y entregarme.

—Ahora entró en el mercado de la soltería. ¿Cómo ha sido la experiencia?

—Estoy en otro proceso, full trabajo y con una hija de siete años, ¿en qué minuto? Más bien voy un paso antes, observando el producto: he vuelto a mirarme en el espejo y analizar mi cuerpo, mi cabeza  y decir “diablos, de veintinueve años (cuando me emparejé) a treinta y nueve años (en que me separé) hay una diferencia”. Es fuerte pero en eso he estado: analizando mis cambios, mi crecimiento.

—¿Qué diferencias encontró?

—Antes estaba mucho más preocupada de mi cuerpo, no me gustaba, era muy exigente pese a que tenía 20 kilos menos ¡y las calugas marcadas! Hoy soy mucho más feliz. Tengo arrugas, pero son parte de mi vida, de mi historia. Me paro desde otro lado. Esto es lo que hay y me gusta.

—¿No ha pensado en volver a enamorarse, conocer a otro hombre?

—Al revés, digo ‘¡uf, qué pasará cuando me vuelva a emparejar!’ No estoy preparada, en ningún aspecto. Lo veo difícil por ahora. Estoy en otra parada, empoderándome nuevamente. ¡Por favor no me den más conflictos! Vamos saltando las vallas de a una. Para estar bien tienes que respetar mucho los procesos.

—¿Todavía está con la sensación de que el castillo que construyó se derrumbó y hay que reconstruirse?

—Pero yo no siento que he perdido, al contrario, tuve la suerte de tener una gran relación y es parte de mi historia y gracias a eso soy lo que soy ahora. Además, tengo una hija que no puede más.

—Y se llevan bien. Se les vio juntos para el lanzamiento de Héroes donde su ex pareja fue el productor.

—Sí, lo veo todos los días, tenemos una comunicación permanente porque tengo la fortuna de haber escogido un muy buen papá para Emilia. Hay un diálogo, no es que uno se separe y diga ‘ya, no te quiero ver más’. El va a estar presente todos los días de mi vida porque es el padre de la persona que más me importa: mi hija. 

—Pero nunca ha sido un asunto fácil la relación con los ex.

—Siempre son difíciles las separaciones, en mi caso trato de ser respetuosa, no pasarlo a llevar, no salir en las entrevistas invadiendo su espacio. Tratamos de hacer todo lo que se pudo y tuvimos una relación maravillosa, de ahí parto.

—Lleva recién tres meses separada. Quizá se vuelven a encontrar. A muchas parejas les ha pasado.

—Sí, por eso trato de no encasillar, de no ponerle un titular en este minuto a mi vida. Estoy viviendo y tratando de actuar de manera correcta, respetando mis tiempos, mis dolores y escuchándome.

—¿Es de las que piensan que las segundas partes a veces resultan?

—Sí. Hay gente que ha estado separada, vuelven y son felices. Y para otros las segundas partes ya no consiste en estar juntos de nuevo sino en ser grandes amigos. Eso es lo reconfortante.