No la va a reconocer. Creerá que se equivocó de serie.
Esa fría e impoluta sofisticación y elegancia que atraviesa todo House of Cards está en las antípodas de esa primera secuencia con que abre la cuarta temporada: ocurre en una celda de la cárcel.
Pero tranquilos: una vez conseguido el efecto de tomarnos por sorpresa, un corte rápido a lo que viene.
Francis Underwood (Kevin Spacey) ensaya su discurso -exasperado porque ¡nadie se ocupó de anotarle cómo diablos se pronunciaba el nombre de ese maldito lugar!-, entra su fiel Doug (Michael Kelly) y la máquina de intrigas políticas, policiales, personales, etc. se echa a andar.
En esta cuarta temporada el tema comienza con la campaña de Francis por la Presidencia, con el escollo de que esta vez su Lady Macbeth -Claire Underwood (Robin Wright)- ha decidido separarse de él.

Y ya sabemos, ella tiene su propia agenda y si ambos son decididos, ambiciosos e inescrupulosos, ella puede ser infinitamente más fría y controlada (hasta que no demuestre lo contrario). Eso nada más significa que Francis es capaz de tener explosiones de ira y sus escalofriantes maquinaciones solo las disimula ante los votantes.

Lo que promete este primer capítulo es retomar con fuerza lo que atrapó a los espectadores el día que se apareció por nuestras vidas: mucha maquinación, las suficientes elipsis y cortes como para que el ritmo trepidante no se detenga y ese notable talento de realizadores, directores y guionistas de salirnos siempre con varios conejos del sombrero.
Entre que comienza y termina el primer episodio muchas cosas, todas relevantes, han ocurrido.
El regreso de personajes emblemáticos -que quedaron perdidos por ahí, en modo “hold”- y la incorporación de otros tan intensos y potentes como el resto del reparto que ya conocemos aportan nuevas “aristas” (¡qué palabra!) a una serie que podría haberse quedado cómoda en lo mismo, considerando que ya tiene una numerosa secta de seguidores.

Neve Campbell (Scream), como Lou Ann, y la magnífica Ellen Burstyn (Alicia ya no vive aquí, Réquiem por un sueño) refrescan, con roles que sí que importan en la historia, una trama que por ahí, en alguna temporada, se detuvo en exceso en disquisiciones leguleyas y temas “sectoriales”.
Ojo con ese diálogo entre yerno y suegra. ¡Una delicia!
¡Qué guión!

Dónde: Ya disponible en Netflix.

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