Tiene a la actriz más taquillera de Hollywood, Julia Roberts, como protagonista, y al frente de la historia a Sam Esmail, responsable de una de las series de mayor impacto de los últimos tiempos, Mr Robot. Pero Homecoming tiene sus propios méritos, o dicho de otro modo, reunir talentos probados no significa garantía de nada si no se produce una auténtica sinergia.

Y vaya que aquí lo consiguieron.

Esmail y el equipo de guionistas construyen un thriller inquietante, una historia de conspiración de alto octanaje, servida de una manera sospechosamente calma (al principio, claro está). Los personajes, que circulan por edificios amplios, luminosos, vidriados, son captados en tomas simétricas y límpidas, acompañados por una música que pasa de amable a sutilmente tensa.

Todo ello contribuye a una cierta sensación paranoide que va in crescendo a medida que el telón empieza a develar los bastidores, conforme van pasando los capítulos.

A su vez, Julia Roberts —la pretty woman— no teme aparecer disminuida, hasta fea (¡sí!) para construir convincentemente su personaje: Heidi Bergman, una inexperta e insegura asistente social, inexplicablemente a cargo de un gran proyecto, mandoneada y manipulada vía telefónica por su jefe y reclutador, Colin Belfast (Bobby Cannavale).

La tarea de Heidi es recibir y atender a jóvenes soldados con estrés post-traumático, que son internados en este idílico lugar de Florida para ser tratados y luego reinsertarlos a la vida civil. Uno de ellos es Walter Cruz (Stephan James), personaje relevante en la trama.

Homecoming es un programa del Gobierno creado por un proveedor externo, la empresa de Belfast.

Los hechos se desarrollan alternadamente en el presente —abril 2018— y un futuro cercano, el año 2022, desde el primer episodio, con tratamiento de cámara diferente, hasta que las líneas temporales terminan por confluir hacia el final.

Qué ha pasado para que Heidi pase de ser una ocupada ejecutiva, que vive con su novio en una cómoda casa, a ganarse la vida como camarera en un restorán de comida rápida en su ciudad natal, compartiendo morada con su madre (Sissy Spacek) es lo que mantendrá tomado del cuello al espectador.

Sobre todo luego de que en el restorán aparece un auditor del Departamento de Defensa, Thomas Carrasco (Shea Whigham) preguntándole por Homecoming y Walter Cruz y ella le asegure, con total naturalidad, desconocer de lo que está hablando.

De sus 10 episodios —de 30 minutos cada uno— los 5 primeros mantienen una inquietante tensión y desconcierto en el espectador, lo que se diluye algo en los siguientes. Pero ya estamos atrapados y adictos: queremos saber las sucias verdades ocultas y cómo saldrán parados los personajes de todo el entuerto.

Porque si bien aquello que se prodigaba tan brillantemente al comienzo —ese suspenso hitchcockiano mezclado con una atmósfera distópica— va cediendo paso a una trama policial algo más convencional, el interés no decae. Y ello se debe en gran parte al atractivo de sus personajes, incluido los secundarios (la jefa de Carrasco o las madres y esposas que circulan por ahí guardan sus sorpresas). Pero es el trío conformado por Heidi, Belfast y Carrasco el que toma un vuelo insospechado. Los dos primeros, en sus evoluciones y lo que devela su pasado, y el tercero como una suerte de oficinista torpe y sin la más mínima autoridad, pero perseverante, que por momentos recuerda a Columbo. En ellos se concentra una abierta crítica al poder, en su laxitud kafkiana —sobre todo en el caso de Carrasco— por cumplir con su deber de proteger a sus ciudadanos.

Aún con las debilidades ya descritas, Homecoming está muy por encima de varias de las producciones que ha ofrecido Netflix el último año y termina por posicionar a Amazon como un más que interesante productor de contenido; algo que ya ha demostrado ser con espléndidas series como Goliath, The Night Manager o la premiada The Marvelous Mrs Maisel, por mencionar las más recientes.

En Amazon Prime
10 episodios de 30 minutos cada uno.

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