Hay algo deliciosamente amable y hogareño en Grantchester, la entretenida serie que debutó el martes 12 de abril en TNT Series (tuvo un preestreno en la plataforma TNTGo) y que transcurre en los años 50, en un apacible pueblo de las afueras de Cambridge.

Su protagonista es Sidney Chambers (James Norton, Happy Valley), un pastor anglicano, joven y guapo, que circula en bicicleta por las primorosas calles del lugar, va al mismo pub que todos (él prefiere el whisky y la cerveza), soporta que la sra. Maguire, su agria ama de llaves, pase la aspiradora en su escritorio mientras él intenta escribir su sermón y sale de picnic con su amor platónico (¡la gracia de ser cura anglicano!) en las espaciosas praderas con pequeños lagos que rodean al pueblo.

En el capítulo debut, tras hacer el responso por un hombre que se ha suicidado, aparece ante él una mujer que dice ser la amante del difunto para confidenciarle que ella sabe que el sujeto ha sido asesinado.

Allí mismo el pastor Chambers -agudo e intuitivo- se convierte en detective, para pesadilla del Inspector Keating, quien termina resignándose a aceptar que siempre tendrá, quiéralo o no, un ayudante en sus labores. Grantchester es esa clase de series elegantemente discretas -en el mejor sentido de la palabra-, agradables a morir, de relatos diáfanos y soluciones ingeniosas pero sencillas, que uno veía antes, con gran placer.

Antes de que empezáramos a (¿mal?) acostumbrarnos a que todos nuestros sentidos fueran bombardeados por las más sorprendentes y ambiciosas producciones hechas para la pantalla chica; a series cuyos talentosos guionistas harían palidecer de envidia al mismo Shakespeare, y a personajes y situaciones que nos tienen tan embobados como lo estuvieron en 1895 aquellos parisinos que hicieron fila, en el Grand Café del Boulevard des Capucines, para ver unas fotografías en movimiento, un invento, el cinematógrafo, de unos tal hermanos Lumiere.

Breaking Bad, House of cards, Downton Abbey, Homeland, Narcos, Daredevil, The Americans, Vinyl, Show me a hero, la misma Happy Valley, The Fall (¡agregue la suya!) han inaugurado una nueva era para las artes en movimiento. Y es abrumador. Un vicio atenazante, una amante exigente (seguro que ha escuchado aquello de: “¡¿Cómo?! ¡todavía no ves..?”).

Pero antes de ello, antes de que cineastas de la talla de Steven Soderbergh, Martin Scorsese y hasta Woody Allen se tentaran por esta nueva forma de hacer cine (que eso son: largometrajes por capítulo), existieron series encantadoras, que amamos y seguíamos con devoción: la sueca Wallander, la británica Rosemary & Thyme (para no mencionar a míticas como Los Vengadores o Los Intocables), Prime Suspect (ahí conocimos a Helen Mirren), El Padre Brown o la muy popular La reportera del crimen que le diera fama a Angela Lansbury. A ellas se asimila Grantchester.

Y eran tan seductoras como las genialidades con que nos tienen anonadados, en esta era del streaming, en que las series se transformaron en el cine del siglo XXI.

En TNT Series.

Desde el martes 12 de abril, a las 22 horas.

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