La química que demuestran en pantalla los viernes, como los conductores de Primer Plano, no es mentira ni show para la ‘tele’. Hace rato que Francisca García-Huidobro (40) y Julio César Rodríguez (44) mantienen una relación de cariño y respeto profundo, y que muy pocos lo habrían imaginado hace unos años cuando estalló el escándalo de su ruptura, que tuvo ribetes cinematográficos —con rumores de infidelidad, seguimientos de la prensa y escapadas fuera de Chile—, y que por mucho tiempo alimentaron los programas de farándula y la prensa rosa.

El 2003 eran la pareja del momento. La niña bonita de la TV, entonces actriz y panelista de SQP había dejado atrás una serie de reconocidos galanes para emparejarse con un periodista oriundo de Hualpén que, tras su paso como editor de La Nación domingo —y que con sus denuncias hizo caer a varios peces gordos—, comenzaba a abrirse camino en televisión. La relación se veía sólida, se fueron a vivir juntos, y al poco andar decidieron tener a su hijo Joaquín (8)… Todo parecía marchar sobre ruedas, hasta que en agosto del 2006,  una portada de Las últimas noticias con Julio César junto a la ex Miss Chile Claudia Arnello (con quien más tarde se casó, se separó, y tuvo a su hija Julieta, 4) paseando por Buenos Aires, prendió las alarmas del quiebre y desató el escándalo. Y mientras se tejían las más diversas historias, y el periodista era sindicado como el malo e infiel de la película, Francisca partía con su hijo a Argentina para escapar del acoso periodístico… De eso ya han pasado diez años, y por más que diversos medios han intentado reconstruir la verdadera historia, ambos habían optado por el silencio, al menos parcial… hasta ahora, que la pareja decidió contar qué fue lo que finalmente gatilló la bullada ruptura.

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La entrevista es en el departamento de la actriz, con sushis y champaña. El ánimo es distendido, las bromas van y vienen, al igual que Joaquín que entra y sale del living para darle las buenas noches a sus padres, aunque —en momentos— el ambiente se inunda de emoción por los recuerdos, por abrir una puerta que al parecer Julito y Fran —como se llaman respectivamente— se habían negado a tocar. Y es Julio quien abre los fuegos, y se remonta a la noche en que se conocieron. “Fue en el restorán Punto G… Me llevé la impresión de una mujer vulnerable, de ojos tristes, temerosa; sin embargo, casi dos años después, cuando nos separamos era otra, ¡conmigo se convirtió en la mujer de hierro!”, comenta Rodríguez, a lo que la conductora replica al segundo. “Si es por eso,  yo te conocí con 110 kilos, guata y papada, y te dejé estupendo; cada uno hizo su trabajo”, dice ella muerta de la risa, y continúa: “Ese día era mi cumpleaños. Estaba haciendo la obra Crímenes delicados en el teatro Alcalá, y después nos fuimos con unos amigos al bar. A él lo había visto en la tele, en esa época él era jurado de Rojo”. El continúa: “Yo en cambio la ubicaba re poco,  porque en el tiempo que ella hacía teleseries, yo estudiaba medicina; casi no veía tele”.

—Francisca (F): Ayyy Julito no salgai con esa ahora, ¿estás tratando de decir que cuando yo hacía teleseries, tú estudiabas?, ¿qué de chico me veías en la TV?, jajaja ¡¿Cómo nos arreglamos para llegar a esta situación en que tú eres menor que yo?!

—Julio César (JC): No, no soy menor, lo que quiero decir es que nunca supe de tu pasado amoroso ni televisivo. La primera vez que la vi fue caminando por los pasillos de Chilevisión, ¡y me encantó! Yo era editor de La última tentación… Guapa, buen poto; ¡pregunté altiro quién era! Después, por esas cosas del destino, nos encontramos en el bar. Me acerqué y conversamos toda la noche. Luego nos fuimos con unos amigos a un after en calle Dominica, y en los cinco minutos que me dediqué a conocer el lugar, ella se fue…

—F: Nunca había ido a un after, a los 10 minutos me aburrí, agarré mi bolsón y partí a buscar mi auto que lo tenía como a ocho cuadras. Y cuando llegué, estaba Julio ahí, ¡esperándome!

—JC: Parece que yo te quise más, porque me acuerdo de más detalles. Cuando me dijeron que se había ido sola, me preocupé; eran como las 6 AM. Ella me había dicho que tenía el auto en tal parte, y salí a buscarla. Me metí por todas las calles, no la encontraba, hasta que la veo aparecer con su bolsón de suela café… La abracé y le pregunté: ¡¿por qué te fuiste?! Andabas con una botas cortitas, ¿te acuerdas?

—Ah pero enganchadísimo, ¿y usted igual Francisca?

—Llevaba tres años soltera, era como raro que alguien se preocupara de mí… pero rico. Ahí intercambiamos teléfonos, y las primeras veces que salimos, siempre yo metía a amigos, primas… Me daba nervios; me gustaba, pero era una situación rara; él era muy distinto a mí. Yo soy súper urbana, de colegio particular y universidad privada; con un entorno súper cerrado. Julio era un desconocido; me abrió un mundo al que no tenía acceso, que era atractivo pero me asustaba. Ahora, mirando atrás, quizás era mi manera de protegerme, de no perder la cabeza de un día para otro.

—¿Y cuándo la perdió?

—Salimos un par de meses, después partimos a un rally al norte, y de regreso nos fuimos a vivir juntos… Soy dispersa, de aburrirme fácil, y con él me entretenía mucho. Por lo general he estado con hombres exitosos en lo laboral y como seres humanos; lo admiraba, no sé dónde estuvo la diferencia, pero con él quise tener un hijo. Julio tiene una mezcla de inteligencia y sensibilidad, un respeto, cuidado y capacidad de escuchar difícil de encontrar, ¡por eso todas se enamoran de él!

—Y usted Julio, ¿qué lo enamoró?

—Lo que más me gustó fue sentirla tan vulnerable. Esa noche en el bar creo que me enamoré altiro, de su fragilidad, manera de ser y ojos tristes… Pertenecíamos a mundos distintos, la incorporé al mío, la llevé a restoranes que nunca había ido, a barrios que jamás visitó.

—F: Vengo de una familia y de un entorno en que estuvimos muy protegidos, muy ignorantes por decirlo de alguna manera. Cuando entré a teatro hubo un vuelco, y —como te decía—, la atracción pasó por nuestras diferencias. Yo también le mostré mi mundo, él tenía prejuicio con la comodidad, el lujo, y comprobamos que eran compatibles. Y así como él me llevaba a Buenos Aires a conocer el bar perdido donde tocaba Sabina o a la librería de textos usados, para él fue importante ser parte de mi núcleo con seis hermanos, almorzar donde mi papá los domingos, hacer familia…

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—Da la sensación de que él llegó a protegerla en una etapa difícil.

—Sí, qué complicada esta entrevista porque resucitas cosas olvidadas…(se queda en silencio unos minutos) Julio es muy parecido a mi papá, en su nobleza, rectitud y en lo buen padre. El me cuidaba como tal desde su rol de pareja. Su intuición fue acertada, me conoció cuando venía de un proceso difícil, de haber enfrentado a los 30 una crisis de pánico que no sabía manejar. Y encontrarte con alguien que te empodera, que te dice que no es tan grave, que tus cosas pueden mejorar… Estaba partiendo como opinóloga, y dormía a mi lado el mejor editor periodístico, hubiese sido una pelotuda no convertirme en una panelista importante de SQP. En lo laboral y emocional, Julio fue súper importante, era mi amor para toda la vida, con quien decidí relacionarme hasta que me muera.

—¿Cuándo vino la decisión de un hijo?

—F: El día que me tiró los anticonceptivos por la ventana del auto. ‘Deja de tomar esas hueas y tengamos un hijo’, me dijo. Le contesté ‘ok, pero no puede ser todo tan cinematográfico, ¡deja ir al doctor primero!’.

—¿Cómo fueron esos casi dos años juntos?

—JC: Cuando partimos le solía pedir que me acompañara a los conciertos, pero se negaba porque le venía el pánico: le transpiraban las manos, no durábamos ni cinco minutos y nos íbamos. De a poco empezó a superarlo, a estar cada vez mejor, mejor… Y la persona que había conocido, se convirtió en otra: sus ojos más alegres, más segura. Insisto, conmigo se transformó en la mujer de hierro, y con dos añitos nomás eh…

—F: Gracias San Julito por favor concedido…

“Nos encontramos en momentos distintos: yo estaba lista para hacer familia, pero él no…”, reflexiona Francisca sobre las razones del quiebre. “El estaba en otro proceso, como dicen las mamás, ¡qué ganas de habernos conocido después! No hubo falta de amor ni de esfuerzos, los dos hicimos todo lo posible por seguir juntos, pero íbamos en micros distintas; daba lo mismo el empeño y lo mucho que nos quisiéramos, estábamos desencontrados. Así como yo salí fortalecida y hoy nada me bota, Julio ya está establecido, quiere armar una familia, de hecho se casó después”.

—JC: Fue una época de muchas contradicciones en mi vida, en lo profesional, en lo ideológico. Francisca fue la mejor parte de esos años, traté de ser buena pareja, lo mejor posible, pero yo no estaba bien. Venía de pasar del diario a la TV, había una resistencia de ser lo que terminé siendo. La vida me iba transformando en un ganador, y yo sentía que era un perdedor, y destinaba mis esfuerzos en un personaje que no me resultaba. Me gustaba Sabina, las canciones de amor triste, Coldplay… En La Nación escribía una columna con el seudónimo de Oliverio Nesta; un publicista que daba botes, abandonado por su pareja y que buscaba la mujer ideal. A partir de eso construía una historia, mi vida, llevaba un pasar muy de soltero cuando conocí a la Fran, vivía en un loft, con muchos amigos y amigas…

—¿Le costó asumir el compromiso?

—JC: El compromiso y otras cosas. Al principio me resultaba muy violento llegar a la casa de sus papás en Santa María de Manquehue; no sabía siquiera dónde quedaba. Me sentí ajeno a muchos procesos; me tiraba mi barrio, mi loft, sin embargo, mi libertad y salvación era Francisca porque la quería. Esto repercutió en el compromiso; ella estaba más clara, comprometida; yo en cambio, lleno de dudas, mi espíritu puesto en lo que iba forjando profesionalmente. Era más periodista que nada. Y las grietas se fueron haciendo cada vez más grandes…

—F: Tu compromiso era ciento por ciento con tu pega. Julio estaba en Rojo y Rojo vip, para mí, el espacio más maldito de la historia. Fue un proyecto que le nació del corazón, de la guata, como su pareja lo vivimos juntos, pero en el fondo pensaba: ‘programa de mierda, me está cagando la vida’. Tenía su alma puesta ahí. La distancia se hacía cada vez más grande…

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—¿La pelearon?

—F: Harto. Las relaciones no terminan el día que la persona se va, es un proceso. Sus intereses estaban en otra parte, para qué insistir. Si estás en pareja, esperas algo; si no ocurre, te desilusionas, y en el otro generas presión. Nunca me he arrepentido de la decisión de separarnos, no estábamos funcionando ni éramos felices.

–¿No se daba cuenta de su abandono, Julio?

—Era raro, difícil de explicar porque todo se conjuga en una cosa emocional. Con Francisca cerraba una etapa que abarca La Nación domingo, una época de investigaciones y de mi abandono del periodismo como tal. Me había adoptado la TV que no era lo que más me gustaba…  Fue difícil, miro para atrás y tampoco era feliz, hacía muchas cosas, trabajaba en montones de partes, tantas veces que me quedé a dormir en el canal revisando imágenes… Hoy pienso cuántas veces me esperó, y yo no llegaba nomás…

—Y después con un hijo, la cosa no cambió…

—F: En general me lo tomé bien. Joaquín era súper chico, no podía echarme a morir, debía seguir trabajando. Fue un alivio separarnos, la relación se había convertido en un peso para ambos. Fue todo muy mediático, había una maquinaria farandulera muy violenta en torno nuestro. Tomé decisiones equivocadas (como irse fuera de Chile para evitar el acoso), y tal vez por eso los primeros meses separados nos comunicamos poco.

—Nadie sabía de su separación hasta que salió una portada con Julio y Claudia Arnello paseando por Buenos Aires, ¿cuánto le afectó?

—F: Pucha da pena, no sabes cuánto se demorará el otro en encontrar a alguien. Yo me demoré cinco años en estar de nuevo en pareja… Cada uno tiene sus procesos, tal vez si yo hubiese conocido a mi ex al mes de separarme, también me habría emparejado.

—¿Algún mea culpa por aparecer en tan poco tiempo con otra persona, Julio?

—JC: No, era parte de mi proceso. Cuando me separé de la Fran fui drástico y maté al hombre que era, así dejé de sufrir y de sentirme mal por situaciones. Mira, esta historia tiene muchos cruces, hay piezas del puzzle que son muy íntimas y que no saldrán jamás porque con Francisca tenemos una responsabilidad mayor que es Joaquín. Fueron muchos los procesos, sólo puedo decir que cuando partí con Claudia (Arnello) estaba distinto: más llano, no ese hombre contradictorio, difícil, lleno de dolores… Partí como una hoja en blanco, ya no me importó que me criticaran porque no era un periodista serio o que mis amigos del Liguria me dejaran de saludar. Decidí ser otro, dejarme sorprender, alegrarme por cosas que antes no me permitía. Quizá si en esta etapa hubiese conocido a Francisca, la historia habría sido distinta.

—Sin embargo, una vez que se separó de Arnello, a los pocos días se le vio con su actual pareja Laura Prieto, ¿se engancha rápido?

—El duelo lo llevas durante la relación. Este negocio no te permite conocer gente, porque si salía a comer con Laura, ya estábamos juntos. No soy bueno para esconderme, y me gusta vivir las relaciones…

—F: Eres enamoradizo, te gusta ese estado, ¡confiésalo!

—JC: Soy bueno para salir, conquistador si quieres, pero a veces resulta, y otras, no.

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—¿Por qué se casó con Claudia Arnello?

—Sentí que era el momento… Con Francisca me pasa algo que he tratado de superar, y no he podido… Yo escribía columnas para ella, y después que nos separamos nunca más volví a escribir… (se emociona y se queda pensando largos minutos). Hace poco encontré un computador antiguo, me puse a revisarlo y me di cuenta que durante un año le escribí a ella…

—F: ‘Ojos redondos’, ¿te acuerdas?… La primera columna que me escribió se llamaba ‘Yo amo a la Fran’…

—JC: Ese período tuvo cosas buenas y malas, por eso nunca más volví a escribir, a pesar de que me lo han ofrecido mil veces, de que era lo que más me gustaba y lo que, creo, mejor hacía. Significaría conectarme con otras cosas… Si te fijas, hay muertes de procesos, y es fuerte porque son etapas de vida que tienen que ver con quién es uno, con tu historia de niño, de adolescente, de ganarle a la vida. Era la historia con mi hijo Pablito que murió, de cómo me había relacionado con mis parejas… Después de todo esto hemos logrado con Francisca una buena relación, porque entendí lo que me pasaba, y porque ambos somos hoy mejores personas.

No tienen temas pendientes. “Yo no tengo nada de qué perdonarlo —asegura ella—. Nunca peleamos, jamás lo insulté por lo que pasó, ni él me encaró por algo. Siempre he pensado que tras una separación, el que más pierde es el hombre, porque se queda sin la cotidianidad del hijo. Pensaba lo terrible que era para él no ver a Joaquín. Partimos conversando sobre él, después sobre otras cosas, y así construimos una relación distinta a la que teníamos como pareja. Hoy lo quiero más, estoy más preocupada por él, lo mando a abrigarse o a comer si no lo ha hecho”.

—JC: Nuestra separación fue menos dramática de lo que la tele le puso. Quizás el error fue no comunicarlo porque se pensaba que seguíamos juntos.

—¿Por qué no han podido consolidarse en lo afectivo?

—F: No lo hice bien, me equivoqué mucho, fue muy egoísta. Lo estoy trabajando, aún no aparece la persona.

—¿Usted Julio, es de los que se proyecta?

—Soy de piel, no soy de proyectarme, no creo en eso. No sé qué pasará conmigo en seis meses…

—F: ¿Seguirás en Primer Plano, supongo?

—JC: Capaz que no (ríe)… Soy así, me dejo sorprender, y es lo que alimenta mi vida. Estoy abierto a vivir. A mi edad me siguen moviendo mis sueños, mis pasiones. Soy inquieto, atípico en muchas cosas. Mi pega la hago bien, soy profesional, pero mi vida la mueven otras cosas. Acabo de abrir un canal en el cable (Canal Vive), estoy haciendo los pilotos…

—F: Todo el rato hablas de pega, y lo que más te emociona son tus niños…

—JC: Mi aporte está en mi trabajo, mi vida personal es mi refugio. Las energías ahora están repartidas. No soy de frases sobre la familia, quizá porque soy descreído y porque estoy convencido de que se construye día a día. Proyectarse es una huevada, te puedes desde enamorar de otra persona hasta que te pase algo. Estoy abierto a vivir…

—¿Cómo ha sido trabajar juntos?

—F: Para mí un descanso. Primer Plano es un programa súper expuesto, en que estás siempre arriba de la pelota. Y aunque antes éramos tres, sentía que el peso de los triunfos y fracasos me los llevaba yo. Que seamos una dupla, equilibra los roles, la responsabilidad. Irme en enero y volver en marzo con gente nueva, se me hacía muy cuesta arriba, y Cristián Sánchez es un amor, pero se mandó la declaración del año diciendo que no quería trabajar en PP.

—¿Eso le costó su salida?

—F: No creo que haya pasado por ahí, al final se ordenaron las piezas de tal manera que quedamos todos más contentos. Julio le da un toque al programa, tiene olfato periodístico y sentido de la noticia que no tengo. Yo en cambio, tengo más sentido del espectáculo.

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—Julio, una vez dijo que nunca animaría un estelar, ¿qué terminó convenciéndolo?

—JC: Hablaba de estelares como Talento chileno, más de concurso y animación; creo que aún no lo haría, a menos que sea una orden que haga un programa de competencias. Primer Plano es un talk show, con entrevistas, invitados, conversación…

—¿No lo desperfila estar a cargo del buque insigne de una farándula cada vez más decadente?

—JC: No, me siento un tipo súper completo y versátil en lo profesional. Hasta el año pasado hacía SQP, el late (Síganme los buenos) y la radio todos los días. Hoy entrevisté una hora a Camila Vallejo, seguí con el testimonio de una niñita que le operaron las caderas en el hospital Exequiel González y el doctor la dejó botada, antes en SQP hablé de la Luli, el viernes del mago Yin y después con Pato Bañados. Ese es mi día, soy mucho más que un programa, no me siento en deuda.

—¿Y su lado vanidoso, tiene que ver con ese Julio que se negaba a aceptar?

—F: Yo lo obligué…

—JC: Para estar bien en la tele tienes que ser más flaco de lo que eres. Tengo muchas cosas resueltas… Y me di cuenta de que las oportunidades se van allanando cuando perteneces y aceptas el sistema que rige.

—Ha reconocido el chaqueteo en la TV, encaró al propio Mauricio Correa por hacerle zancadillas. ¿Es su revancha su buen momento profesional?

—JC: Me trae paz. Me costó, ni te digo los procesos que viví; hoy estoy tranquilo, aunque sigo haciendo cosas. Me da miedo ponerme viejo o achanchado. Podría vivir sólo con Chilevisión, pero me iría a la mierda. Necesito hacer la radio a diario, el cable, formar equipos… Me gusta a mi edad ilusionarme con algo. Hace ocho meses intento convencer a un grupo de personas para hacer mi programa de radio en un teatro con público. Y puedo esperar dos horas para que un ejecutivo de       un que salga humillado a los 44, sigo ahí; ¡eso me mueve!

—F: Su pega es ser un convencedor, ¡por eso le va tan bien con las mujeres!

—Me imagino que habrán visto la película Enamorándome de mi ex…

—JC: Sí…

—F: Ay no, menos mal que no la vi…

—¿Irán a volver algún día?

—F: Que la gente lo piense y lo aclame es gracioso, y tiene que ver con un final feliz. Sí, vamos a volver… cuando tengamos 70 años, y nos sentemos los dos en un sofá o en el banquito de la plaza a cagarnos de risa de todo lo que nos ha pasado. ¡Y Julito está haciendo hora para cumplir 70!… La verdad, así como él es súper intenso y disperso, yo soy cada vez más distinta, más de mi casa. No soy tan trabajadora como él …

—¿Un tema cerrado entonces, Julio?

—No lo hemos pensado ni es tema. Además yo estoy en pareja, y bien. Lo único que he aprendido en la vida y para ser consistente con lo que te he dicho, es que no puedes adelantarte, sino vivir el día a día. Nadie sabe lo que pasará más adelante, los tiempos son tan complejos, nos ha tocado vivir momentos tan duros como humanidad, que nadie puede andar rotulando, poniendo límites, etiquetándose o diciendo yo llego hasta aquí o esto no lo hago. Estoy bien en pareja, y creo que Francisca vive muy bien sola. Le va a costar estar con alguien o conmigo, la veo súper cómoda con ella…

—F: ¡Eres muy care palo! Dices que no hay que rotular, sin embargo, afirmas que me conociste con crisis de pánico y me dejaste como la mujer de hierro, ¡linda la cuestión!

—JC: Era un chiste, aunque Francisca, no lo puedes negar…